junto al pozo

¿Cristianos de 'quitaipón'?

CONFIESO que hay una experiencia en la vida que jamás he vivido y que me gustaría experimentar: salir de nazareno. He oído hablar de esta experiencia, siempre con entusiasmo, a muchos amigos. Todos dicen que es algo que hay que vivir para entenderlo. Desde fuera no se alcanza a comprender la riqueza humana y religiosa de tal experiencia.

También he tenido la oportunidad de escuchar de hermanos mayores, de cofrades convencidos y militantes, las quejas y lamentos sobre la gran cantidad de personas que aparecen vestidos de nazarenos para salir en la estación de penitencia y después "si te he visto, no me acuerdo"; y muchas personas que no sólo caen en el "si te he visto no me acuerdo", sino que además sus vidas van por otros derroteros. Y es que ponerse un hábito de nazareno es una cosa y vivir como nazareno, es decir, como discípulo de Cristo, es otra. Vestirse de nazareno puede resultar relativamente fácil. No lo es tanto cuando quiere ser testimonio de vida cristiana.

Todos tenemos el peligro de convertirnos en cristianos de quitaipón: ahora me interesa, soy cristiano; ahora no me interesa, no lo soy; como quien se pone y se quita un hábito de nazareno. Ser cristiano es ser persona a la medida del mejor modelo de persona: Jesucristo. Y esto afecta a toda la existencia humana. No hay rincón de nuestra vida que quede fuera de esta realidad: ideales, valores, pensamientos, opciones, proyectos, sentimientos, actitudes, profesión, tiempo libre, casa, amigos, religión, diversión… todo lo que soy.

A ello nos invitaba Jesús, junto al pozo, hablando con la samaritana: "que vuestro culto sea un culto en espíritu y verdad". ¡Qué buen camino el de las hermandades y cofradías para ello!

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