Agua en la calle y un torrente de lágrimas en La Merced

  • La cofradía de Santa María celebra un via crucis en el interior del templo al no poder procesionar

Un manto de agua cubría el casco antiguo de Cádiz a la misma hora en que la cofradía de Nuestro Padre Jesús de la Sentencia y María Santísima del Buen Fin iniciaba, al filo de las seis de la tarde, un vía crucis en el interior de la iglesia de la Merced, en el corazón del barrio de Santa María que latía triste.

Fue el único consuelo pudo encontrar ayer una hermandad que lamentaba quedarse por primera vez en su templo a causa de la inoportuna lluvia que se cebó con el Miércoles Santo.

El agua, tan necesaria para la vida, se convirtió ayer en el peor aliado el día en que Jesús era sentenciado a morir en la cruz. Los miembros de esta cofradía de Santa María habían preparado con  tiempo e ilusión el encuentro anual de las imágenes titulares de la hermandad con las estrechas calles de un barrio que vive con fervor la procesión y que tendrá que esperar un año para poder ver en la calle los dos pasos que ayer se quedaron, estáticos, junto al altar de la iglesia mercedaria.

La suspensión del desfile llevó a la junta de gobierno de la cofradía a organizar un via crucis y el rezo de un rosario en el interior de una iglesia de la Merced en la que no cabía un alfiler. Muchas de las personas que no pudieron entrar tuvieron que refugiarse debajo de un paraguas y siguieron el acto desde la calle a las puertas del templo.

Allí se dieron cita (por la tarde), en el interior, penitentes, cargadores, mujeres ataviadas con mantillas, acólitos... Y vecinos, muchos vecinos de Santa María que no dudaron en rendir culto en el templo mercedario a Jesús de la Sentencia y la Virgen del Buen Fin.

Todos con cara de tristeza y resignación. Unos con la mirada perdida, otros con los ojos cerrados, pero todo con un sentimiento común. Las lágrimas que brotaron con fuerza en el interior del templo  compitieron con la lluvia que no paraba de caer en la calle.

Antes del comienzo del acto religioso, el hermano mayor, Miguel Ángel Peñalver, se dirigió con serenidad a los presentes para explicar la decisión a la que se vio obligada adoptar la junta de gobierno: la suspensión de la salida procesional a causa de la lluvia que caía sobre la ciudad.

“No podemos poner en peligro el patrimonio de la cofradía”, comentó el responsable de la hermandad. Lo dijo con gesto de resignación y  “con el corazón roto”, pero en situaciones como ésta “es la cabeza la que tiene que mandar sobre el corazón”.

Peñalver agradeció a hermanos y vecinos del barrio el cariño demostrado a las imágenes de la cofradía y deseó un año 2009 mucho mejor que el actual que permita la salida de la procesión.

En ambiente absolutamente silencioso, el mercedario Andrés Vidal Franco, director espiritual de la cofradía, inició el via crucis que sustituyó al desfile, y que contó la participación de hermanos de la Sentencia que fueron leyendo las estaciones de la Pasión de Cristo mientras tres acólitos se acercaban a los pequeños cuadros indicativos de cada episodio que había en la iglesia.

Fuera, a unos metros de allí, la cuesta de la Merced y la plaza de las Canastas ya echaban de menos el bullicio del barrio, los mecidos de los pasos, el sonido de las marchas procesionales y los profundos quejíos de las saetas en una de las cunas del flamenco.

La cita con los pasos de Jesús de la Sentencia y María Santísima del Buen Fin se pospone un año. Si el tiempo lo permite, las puertas del templo de la Merced se abrirán de par en par el próximo Miércoles Santo. El barrio de Santa María estará allí para celebrarlo.

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