Solemnidad tras el bullicio

  • La cofradía de la Vera-Cruz cierra una brillante jornada del Lunes Santo con un recuerdo a Gabriel Cruz en dos cirios de la candelería del paso de palio de Soledad

Tras el bullicio de la salida del Nazareno del Amor, llegó el recogimiento a San Francisco. El Lunes Santo gaditano es sinónimo de las primeras muestras de sobriedad de la Semana Santa con la imponente imagen del Cristo de Vera-Cruz. La solemnidad de todo el cortejo, que se puede ver en cada uno de los detalles de esta cofradía, se transformó en recuerdo a Gabriel Cruz Ramírez. Su pescaíto, como le llamaban cariñosamente, lucía en dos cirios de la candelería del palio de Nuestra Señora de la Soledad. Uno, que se encontraba en la primera línea, iba dirigido directamente al niño de Níjar (Almería), mientras que el segundo, situado en uno de los laterales, contenía el mensaje "junto a los ángeles" para recordar a todos los pequeños que se han marchado en trágicas circunstancias.

Con Gabriel en la mente, los hermanos de la Vera-Cruz iniciaban su estación de penitencia con la austeridad que marca esta hermandad. Una seriedad que contrastaba con el estreno de una sección de paveros que iba en el primer tramo de penitentes del palio. Con caras sonrientes y la ilusión de la primera vez, los futuros cofrades, que forman parte del grupo infantil de esta corporación desde el pasado mes de septiembre, repartían estampas al público. Dos imágenes enfrentadas, pero que son complementarias para preservar el destino de la tradición.

Con la procesión del Lignum Crucis, portada por cuatro acólitos, se iniciaba el ritual en el interior de la iglesia conventual de San Francisco antes de adentrarse la cruz de guía en una plaza con bastante público tras la salida del Nazareno del Amor y el paso del Prendimiento.

El tamaño de la puerta de San Francisco obligó a las dos cuadrillas a emplearse para conseguir sacar los pasos a la calle, aunque de distinta manera. Con el crucificado casi tumbado, el grupo dirigido por Benito Jódar supo superar con solvencia la primera maniobra para salir del templo antes de colocar la imagen del titular en su posición para iniciar el recorrido. La Capilla Musical Lignum Crucis, de San Fernando, interpretó el motete Estampas de la Vera-Cruz, de Antonio Escobar, para acompañar sus primeros pasos.

Mucho más complicada fue la salida del palio de la Soledad. A las órdenes de Antonio Ramírez, los cargadores sacaron el paso gracias a unas cuerdas para, posteriormente, completar el montaje desde el exterior.

Con un andar sobrio, Nuestra Señora de la Soledad buscó la plaza del Santísimo Cristo de la Vera-Cruz con la marcha que en su honor compusiera el maestro Escobar, interpretada por la Banda de Música Enrique Montero, de Chiclana.

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