Cristo resucitado y Descenso al Limbo

  • En el retablo se distinguen varios planos y figuras en una compleja composición

  • La escenografía resulta muy teatral, en consonancia con su estilo barroco

En este Domingo de Resurrección también Ignacio López puede aportarnos algo: su versión de Cristo Resucitado en el Descenso al limbo representado en el ático del retablo de Ánimas de la Prioral, asunto poco frecuente en escultura y excepcional en la producción de este notable imaginero.

ICONOGRAFÍA

Este retablo alberga en el interior de su ático la escenificación a modo de teatral altorrelieve del descenso de Cristo al Limbo de los Padres o Infierno de los Justos, lugar fronterizo entre el Infierno y el Paraíso donde moraban y esperaban los justos del Antiguo Testamento. Según el evangelio apócrifo de Nicodemo y la Leyenda dorada de Santiago de la Vorágine el espíritu de Cristo, después de morir y antes de resucitar, se separó de su cuerpo para liberar las almas de Adán y de todos los patriarcas. Su presencia en este retablo supone una prefiguración de la liberación de las del Purgatorio y justifica esta creencia ya que todos (los justos antes y los fallecidos en pecado venial o arrepentidos después) se benefician de la acción salvadora de Cristo.

En esta representación Ignacio López (recordemos que toda la imaginería de este retablo de Ánimas está documentada y fechada como obra de este imaginero) no ha representado el limbo propiamente dicho sino que distingue varios planos y figuras en una compleja composición: los personajes que serán salvados en la zona inferior y dispuestos en perspectiva hacia los laterales y fondo, la figura central de Jesucristo resucitado y la gloria con nubes que rodea la escena. Los seis personajes del primer término (de bulto redondo los primeros y tratados en mediorrelieve los más alejados) se muestran a modo de bustos desnudos que elevan cabezas y agitan brazos implorando liberación e intentando conectar con la presencia divina y redentora que les sobrevuela. Las tres juveniles figuras centrales pueden identificarse con Adán, primer hombre y primero en ser liberado, Eva a su derecha en actitud arrepentida cruzando sus brazos ante el pecho desnudo y tal vez Abel a su izquierda. Resulta difícil identificar al resto de patriarcas y justos por lo alejado del espectador y su más que deficiente estado de conservación. Sabemos que en otras representaciones de esta iconografía aparecen también Abraham, David, Salomón. Juan el Bautista e incluso Dimas, el Buen Ladrón.

En cuanto a Cristo, se nos muestra erguido, triunfante y ya resucitado, conservando las llagas de manos, pies y costado y enarbolando la cruz de la resurrección, principal atributo portado como símbolo de su victoria sobre la muerte, a modo de entrada apoteósica en el Limbo. Parece proyectarse hacia adelante por medio de una gran zancada que lo lanza fuera del marco arquitectónico del que destaca como figura exenta suspendida encima de las suplicantes ánimas.

Coronando el retablo, sobre la figura del Salvador, una cartela con inscripción concreta el significado de toda la representación: 'ASCENDE IN ALTUM CAPTIVAM DUXIT CAPTIVITATEM' (Tú has subido a la cumbre llevando cautivos, Salmo 68,19). La reinterpretación cristiana procede de san Pablo, cuando indica que Eso de "subió" ¿no quiere decir que también bajó a las regiones inferiores de la tierra? Y el que descendió es el mismo que ha subido a lo alto para llenarlo todo? (Ef 4, 7-11). Obviamente, está refiriéndose al fundamento de la creencia en la liberación de las almas de los difuntos garantizando la efectividad de las plegarias de los vivos, cerrando así todo el programa iconográfico del retablo y de la misma capilla de las Animas del Purgatorio de El Puerto.

ESTILO

Aunque la posición elevada de este Descenso al Limbo del ático no permita gozar plenamente de la contemplación de la escena, comprobamos que Ignacio López no ha escatimado esfuerzos a la hora de representar los distintos personajes gesticulantes del grupo escultórico en medio de toda una escenografía teatral en consonancia con el estilo barroco al que pertenecen. A la originalidad en el tratamiento del tema (supone una de las escasas excepciones encontradas en el barroco andaluz) se añaden una serie de características presentes en la composición que identificará a su autor y permitirá atribuir otras muchas esculturas al mismo por similitudes estilísticas. El efectismo de la escena, la elocuencia de gestos (cabezas alzadas, brazos elevados, manos expresivas…), los cuellos esbeltos y girados de la mayoría de los personajes o el movimiento de sus cuerpos serán constantes en su producción a partir de esta primera obra, realizada desde 1680. Si reparamos en la figura de Cristo -utilizado como imagen procesional de Resucitado en 1986 y 1987 tras una forzada pero ajustada restauración a cargo de Lucas Almeida- observamos con Moreno Arana que se trata de "una de las creaciones de dinamismo más espectacular y desenfrenado de la escuela escultórica sevillana del Barroco". El artista ha conseguido una composición muy abierta gracias a las dos diagonales entrecruzadas formadas por sus brazos desplegados (derecho elevado en ademán de bendecir e izquierdo sosteniendo la Cruz de la Resurrección) y el gran paño rojo y estofado que parte de su cintura a modo de sudario para cubrir parcialmente su espalda como una capa que se enrolla en torno al hombro izquierdo envolviendo su cuerpo semidesnudo. De los rasgos formales de su estilizado cuerpo destacamos la correcta anatomía, su cuello musculoso, alargado y rotado, la cabeza cubierta con larga cabellera gubiada con agitados mechones ondeantes que acentúan la ilusión de desplazamiento y un rostro con las típicas facciones que López repetirá en sucesivas interpretaciones de personajes masculinos (Cristo, san Juan, ángeles, etc.).

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios