Así es nuestro Rey Gaspar

La recompensa de ser Rey Gaspar

  • Antonio Alba Bernal, dueño de La Gran Vía hasta su reciente jubilación, encarnará al segundo de los Reyes Magos de Oriente en la Cabalgata de la Ilusión que el viernes recorrerá La Isla

Antonio Alba Bernal, en su casa, posa para este periódico con la corona del Rey Gaspar entre las manos. Antonio Alba Bernal, en su casa, posa para este periódico con la corona del Rey Gaspar entre las manos.

Antonio Alba Bernal, en su casa, posa para este periódico con la corona del Rey Gaspar entre las manos. / román ríos

Este Rey Gaspar ha visto reunirse a una, dos, tres... y hasta casi cuatro generaciones en torno a uno de los establecimientos más señeros y característicos de La Isla: la Gran Vía. Allí desembarcó Antonio Alba Bernal en septiembre de 1977 para convertirse con los años en la seña de identidad más característica del negocio. Antes, este isleño nacido en Vejer en 1947 había sido chicuco en una tienda de ultramarinos de la capital y había trabajado en los astilleros de Matagorda, que dejó al "cogerle miedo" tras una caída de un barco en construcción que le dejó lesionado durante varios meses. Además, sabía lo que era bregar duro en una cocina y detrás de una barra tras haber pasado por varios establecimientos hosteleros de una ciudad próspera como era La Isla de entonces, la de la Bazán, la de la Fábrica San Carlos y la de los cientos de marineros y soldados de reemplazo que llegaban a hacer la mili cada pocas semanas. Torreplaza, el Bar San Diego, El Bache de la calle La Herrán o el Basuco, especialmente frecuentado por hambrientos pelones para comer platos completos por 30 pesetas, fueron algunos de los lugares en los que se fue curtiendo este trabajador nato. De este último establecimiento, precisamente, guarda un grato recuerdo gracias a la huella que le dejó su jefe, Francisco Rodríguez López. Junto a José María Díez Bedoya -el antiguo dueño de La Gran Vía- han sido dos personas muy especiales en su vida, reconoce. "Fueron dos jefes estupendos", cuenta este Rey Gaspar en cuyo salón, junto a los juguetes de su nieta, descansa ya la capa de armiño y la corona que lucirá este viernes en la Cabalgata de la Ilusión.

A Antonio Alba, que es un hombre sumamente modesto y sencillo, todavía le cuesta trabajo creerse el encargo que ha recibido de la ciudad para ejercer de Gaspar en el gran día de las vísperas. "No me esperaba esto... ¡Si yo no soy importante!", dice sin caer en la cuenta de que, tras toda una vida de trabajo tras el mostrador de La Gran Vía, es conocido y apreciado por prácticamente toda La Isla. De hecho, en estos dos meses que han transcurrido desde la designación hay mucha gente que se le ha acercado, que le ha parado por la calle para felicitarlo y decirle de corazón que se lo merece, un gesto -dice también- que le ha sorprendido gratamente.

Admite este Rey Gaspar que recorrerá San Fernando el próximo viernes repartiendo caramelos e ilusiones entre grandes y pequeños que lo más difícil será controlar y mantener a raya las emociones. "Me conozco, sé como soy y me va a costar mucho trabajo", afirma. Especialmente las visitas previstas en la agenda de la mañana: las residencias de mayores de San José y de la Cruz Roja, el hospital de San Carlos y Afanas. "Pero ante todo, lo importante son los niños y los mayores", apunta al referirse a este día tan especial.

Antonio Alba asumió las riendas de la Gran Vía en 1998, cuando el popular establecimiento cerró sus puertas en su primera ubicación -en la calle Real- para trasladarse a la plaza del Rey, donde sigue abierto hoy día. Allí estuvo hasta que hace poco se jubiló y pasó definitivamente el testigo a sus hijos. A sus 70 años lleva una vida tranquila, cuida de sus macetas y disfruta de su familia, dice. "Aunque estoy en perfectas facultades... ¡Podría seguir trabajando".

A este Rey Mago de 2018 le gusta disfrutar de las fiestas tranquilo, en casa y con los suyos, "sin bullicios". Así, con sus dos hijos y su nieta, afronta estos días de preparativos para la Cabalgata, sabiendo que son una de las Navidades más especiales de su vida. Comparte además la ilusión con su nieta, que -cuenta- estáverdaderamente maravillada de que Gaspar haya llamado a su abuelo para echarle una mano en estos días en los que el trabajo se les acumula a los de Oriente.

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