De la punta a Sancti Petri en piragua

  • Cada semana, si el viento y las mareas lo permiten, la ruta por las marismas brinda la oportunidad de conocer la historia y naturaleza de La Isla, al tiempo que se disfruta de un paseo por sus aguas

El reloj marca aproximadamente las once de la mañana cuando iniciamos la ruta en la última pista de la playa de Camposoto. El calor, aún no demasiado sofocante, se deja notar mientras caminamos por la senda hacia la Punta del Boquerón, en su mayoría de arena blanda -que provoca el cansancio en las piernas de más de uno- y pequeños tramos de pequeños puentes de madera. Al final del sendero nos esperan varias piraguas bajo la atenta mirada del monitor que nos conducirá al Castillo de Sancti-Petri. Además, otros excursionistas -que han tomado el camino desde el mismo Sancti-Petri- aguardan impacientes nuestra llegada para cruzar el caño.

Tras cerca de veinte minutos de senderismo por el camino de arena, llegamos finalmente a la orilla desde la que se puede contemplar el puerto deportivo de Sancti-Petri. En este lugar nos espera Eduardo, uno de los monitores de Sancti-Petri Kayak. Después de una breve explicación sobre el funcionamiento de las palas de la piragua, una decena de canoas se abrió paso por las aguas del litoral isleño para navegar hacia el castillo. Delante, los dos monitores dirigen al grupo de embarcaciones por la ruta acuática. Y detrás, un zodiac a motor vigila a los navegantes por si vuelcan y caen al agua.

El paseo por el caño transcurre con normalidad. Cerca de un kilómetro y medio remando suavemente y con unas condiciones climáticas favorables que hacen que la embarcación no se tambalee demasiado, aunque en ocasiones era necesaria una pizca de habilidad para no golpear a las demás piraguas que navegan junto a nosotros, además de tablas de surf o pequeños barcos fondeados en el agua. La suave brisa acompaña a las embarcaciones, mientras que los excursionistas pueden contemplar el paisaje del Parque Natural de la Bahía de Cádiz más cerca que nunca. Con demasiado viento en contra, otro gallo hubiese cantado. Después de navegar sin complicaciones, aunque en ocasiones se puede ver a algunos piragüistas encallados en la arena por la baja marea del mar, llegamos a orillas del islote donde se encuentra situada la fortificación.

Una vez en el interior del Castillo de Sancti-Petri, Eduardo explica brevemente a los excursionistas la historia del mismo, su procedencia fenicia, sus arreglos romanos y el refugio de españoles e ingleses durante la guerra contra el ejército napoleónico francés. Incluso también menciona las interminables disputas de San Fernando y Chiclana por la pertenencia de la fortificación.

Tras la visita al baluarte, sólo queda recoger las piraguas y volver hacia el punto de partida. Las fuerzas comienzan a aminorar, pero todos los excursionistas llegan sin ninguna complicación. Eso sí, mojados y un poco cansados tras cerca de tres horas de visita histórica, deporte, senderismo y naturaleza, aunado todo en una ruta náutica por el Parque Natural de la Bahía de Cádiz.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios