La llama prende en el polvorín de la carga

  • La Semana Santa recién acabada reabre la tensa polémica acerca de las influencias sevillanas en la carga

  • Los andares del Perdón han sido el detonante

Un detalla del monumento al cargador de La Isla que se emplaza en la calle Rosario. Un detalla del monumento al cargador de La Isla que se emplaza en la calle Rosario.

Un detalla del monumento al cargador de La Isla que se emplaza en la calle Rosario. / román ríos

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La madera arde con facilidad. Sobre todo si de Semana Santa se trata. Y especialmente en los días posteriores al Domingo de Pascua, en los que toca hacer balance y hablar de lo que se ha visto recientemente en la calle. Ha bastado un soplo para que prendiera con fuerza la llama de un polvorín que ha estado latente -y más o menos silente- durante las últimas dos décadas: el de la carga, el del estilo tradicional de La Isla frente a las influencias sevillanas en la manera de andar y de mandar en los pasos.

Aunque el tema, ya se sabe, no es nuevo, ha habido un detonante en esta Semana Santa recién acabada: la nueva cuadrilla de la hermandad del Perdón que ha venido a sustituir por decisión de la junta de gobierno de la cofradía a la asociación Jóvenes Cargadores Cofrades (JCC) bajo los palos del crucificado de La Casería. Sus andares no pasaron desapercibidos en la tarde del Jueves Santo al mostrar una imagen insólita hasta ahora en una cuadrilla de La Isla con el llamado doble paso, que utilizó no solo para ganar terreno en su largo camino de ida y vuelta de La Isla sino también en pleno centro y hasta en la Carrera Oficial.

Ha sido algo que inevitablemente ha llamado la atención y ha devuelto el debate a la eterna polémica de la carga y su influencia sevillana frente al reconocimiento, protección y conservación de lo que se considera el estilo tradicional de La Isla, que por otro lado se demanda. Los comentarios inundan desde hace días las redes sociales. Y buena parte de ellos muestra su indignación e incomprensión ante la incorporación de esas maneras foráneas que nunca se han visto en San Fernando. Al menos, en Semana Santa. Por supuesto, hay quienes se aferran también a la soberanía de las juntas de gobierno para decidir cómo tienen que llevar sus pasos sin tener que rendir cuentas a nadie salvo a los hermanos de la propia cofradía.

La polémica, en todo caso, está servida. El debate de la carga se impone a una Semana Santa que ha sido gloriosa en muchos sentidos. Y el ambiente está más caldeado que nunca. No se ha olvidado todavía el penoso incidente que se vivió el pasado mes de septiembre durante la salida de la procesión de la Virgen de la Merced, donde un cargador cedió a las provocaciones de un espectador que reiteradamente increpaba a la cuadrilla sus influencias sevillanas llegándose a las manos.

En los últimos días ha trascendido incluso la intención de promover desde el mundo de la carga isleña un frente común en defensa de las tradiciones. Se habla incluso de recoger firmas, de redactar un manifiesto y -sorprendentemente- de solicitar el apoyo del Ayuntamiento. Tal ha sido la dimensión que ha alcanzado el tema que la junta directiva de la asociación Jóvenes Cargadores Cofrades (JCC), que es el colectivo más representativo de los cargadores, lanzó ayer un comunicado desvinculándose como institución de dicha iniciativa. Eso sí, insistía en su propósito de reconocer la carga isleña como Bien Inmaterial y Cultural de Andalucía -una vieja aspiración de la entidad- y dejaba claro que "no comparte formas de carga distintas a las tradicionales" aunque respeta la decisión que adopte cada hermandad al respecto.

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