Los hermanos de Vera Cruz no pierden la esperanza en su lucha por salir a flote

  • La entidad permanece a la espera de que se esclarezcan las responsabilidades Su capilla ya ha empezado a manifestar los primeros síntomas de humedad en esta interminable racha

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La hermandad de la Vera Cruz continúa luchando por salir del problema que le abordó el pasado año, cuando, al no recibir el último 25% de la subvención concedida por la Junta, se vio incapaz de hacer frente a los pagos de los integrantes de la escuela-taller Cristo Viejo, encargada hasta ese momento del proceso de rehabilitación de su histórica sede.

La problemática parte de una falta de consenso entre las partes implicadas. La resolución de la Consejería de Empleo establece el compromiso de la Junta a abonar este último porcentaje una vez justificada la ejecución del 50% del proyecto (pero la entidad también estaba obligada a disponer del dinero necesario para cubrir los costes en cualquier caso). Ya antes le había entregado el otro 75%. Pero cuando la hermandad completó de manera adecuada el proceso administrativo de la auditoría, la Administración andaluza no disponía del dinero para desembolsarlo. Esto deparó en un problema para la corporación a la hora de hacer frente a los pagos restantes, problema que posteriormente se complicaría ante el cumplimiento de plazos límite y consecuente denuncia por parte de los trabajadores de la escuela-taller, pendientes aún de recibir sus nóminas.

A principios de año se hizo público un encuentro entre el ecónomo diocesano y Fernando López Gil, delegado del Gobierno andaluz, para tratar los posibles usos del Oratorio de San Felipe Neri. El ecónomo se interesó entonces por la petición de reunión que el arcipreste de San Fernando había cursado a la Junta para solucionar el problema, momento que aprovechó López Gil para realizar una propuesta de posible solución al Obispado. Pese al acuerdo de un futuro encuentro enfocado a tratar el tema en profundidad, lo cierto es que a día de hoy poco se ha avanzado al respecto.

La señera entidad se encuentra, actualmente, a la espera de que el comisario encargado del caso establezca quien debe asumir las responsabilidades.

Mientras tanto, la vida de hermandad sigue su curso y los miembros no cesan en su empeño por sacar a flote a una entidad bicentenaria, que ya durante la última Semana Santa estuvo a punto de suspender su salida procesional por considerar esta decisión "poco ética" frente a una deuda acumulada de casi 170.000 euros. La presión popular consiguió entonces que la junta diera marcha atrás a condición de que el desfile procesional no acarreara ningún gasto. Todo para que la lluvia impidiera, finalmente, que los titulares cumpliesen con su recorrido anual por las calles de La Isla.

Las obras de la capilla permanecen paralizadas, aunque los hermanos se han preocupado de limpiar y recoger las infraestructuras empleadas por la escuela-taller hasta su último día de trabajo.

Los retablos están prácticamente terminados y su policromía luce como recién salida de la paleta del autor. Según Mariano Domínguez, hermano mayor de la corporación, "quedan pendientes los remates en las esquinas para proceder a su ensamblaje". Los 17 bancos recientemente donados para completar el espacio sacro permanecen allí apilados, aguardando el momento en que servirán de apoyo a la feligresía de un barrio que espera con ansia la reapertura de su sede espiritual. La hermandad sólo ha conservado dos de los primitivos, "los que se encontraban en mejor estado", indica Domínguez que, no obstante, aclara que "no son los originales que albergó la capilla en su origen sino aquéllos que nos han acompañado durante los últimos cincuenta años".

Desgraciadamente, el templo ya se encuentra sufriendo los primeros achaques del tiempo y la humedad. Un problema que se extiende a las propias imágenes, hechas a la atmósfera de su bicentenaria sede y ahora ubicadas entre los muros de hormigón de la parroquia del Cristo nuevo, donde las temperaturas llegan a ser muy superiores. De hecho, se tomó la decisión de que los titulares abandonasen el altar mayor del templo -donde fueron colocados en un primer momento- para pasar a ocupar la zona del sagrario y así evitar, en la medida de lo posible, este lento pero inevitable deterioro de sus volúmenes.

Sea como fuere, es un hecho sabido por todos el mal estado de conservación del que adolece este referente cristífero en la ciudad. La hermandad llegó, incluso, a pedir asesoramiento a expertos en el área de la restauración, como Pedro Manzano -quien recientemente ha devuelto el esplendor a importantes iconos religiosos de La Isla como la Expiración o el Carmen- pero esta más que necesaria intervención profesional se vio frenada, una vez más, ante la complicada situación económica que asuela a la antigua corporación.

Es precisamente esa devoción por su titular la que alienta cada día a los hermanos en su lucha por volver a la normalidad, a unos cultos reconocidos por todos por su respeto y sobriedad, al entusiasmo manifestado al tratar de recuperar una irremplazable pieza del patrimonio local: unas piedras con historia que esperan pacientes su puesta a punto. "Aún conservamos la ilusión de que todo se solucione, pero nos está costando avanzar", reconoce Domínguez, a la par que agradece el apoyo recibido por muchos hermanos, que no han dudado a la hora de colaborar no sólo en lo económico sino también con mobiliario para adecentar la casa de hermandad después de una mano de pintura costeada por la propia junta de gobierno. "Todo a coste cero", especifica. Y aún están a la espera de recibir una mesa para la sala de juntas, que ya presenta las recién donadas lámparas que iluminarán a estos hermanos durante las sesiones enfocadas a la búsqueda de soluciones.

Lo cierto es que a todas estas dificultades -capilla, casa de hermandad e imagen titular- se ha sumado una cuarta: el almacén, cuyo precario estado de conservación no ofrecía otra alternativa que el recién apuntalamiento del techo, así como el traslado de todos sus enseres al reducido espacio que ocupa la sacristía en la trasera del altar mayor. Aquí se amontonan ahora las túnicas de los hermanos y, por supuesto, las imágenes secundarias que cada año procesionan en Semana Santa: las María Magdalena, Salomé y de Cleofás, todas ellas obras del valenciano Vicente Tena en el siglo XIX, según investigaciones del historiador local Fernando Mósig.

Es sólo una parte del patrimonio escultórico de esta cofradía con solera, que se completa con el calvario principal y las imágenes de los cuatro retablos laterales del templo: San Antonio de Padua, San José, Nuestra Señora del Carmen y Ánimas y María Santísima de Gracia, todas ellas protegidas con plásticos a la espera de poder lucir como antes en sus recién restaurados retablos. Todas ellas, deseosas de amparar a los feligreses del Cristo en esta complicada etapa que hoy se cierne sobre el barrio.

La capilla de la Vera Cruz es un icono para la ciudad. Sus orígenes se remontan a finales del siglo XVIII, cuando el marqués de Casa Alta donó parte de sus tierras para construir una iglesia en lo que hoy es la plaza del Cristo. El proyecto nunca concluyó, pero sí una capilla provisional que se convirtió en el referente espiritual de varias generaciones de isleños. Isleños a los que seguirá susurrando a través de sus piedras por más que otras se interpongan en el camino.

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