Los jueves en el museo Conferencias del ciclo de primavera

Respetar la huella del tiempo

  • El restaurador Carlos Sánchez habla de una intervención equilibrada para recuperar elementos singulares llevada a cabo en el Castillo de San Romualdo

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El historiador Leopoldo Torres Balbás describía el Castillo de San Romualdo como una construcción de escasa monumentalidad, desprovista de ornato, con muros de argamasa, que había sufrido diversas intervenciones. Eso, sin duda, motivó que no descubriera los secretos de sus muros y estructuras. La restauración y conservación que se ha desarrollado hasta la fecha en el inmueble han variado esa imagen, devolviendo parte de ese valor histórico y estético del antiguo Logar de la Puente. El trabajo ha sido arduo, también los estudios necesarios para llevarlo a cabo.

Antonio Sánchez, responsable de la restauración de los elementos singulares, interiores y exteriores, del edificio, trató sobre ello la pasada semana en su conferencia enmarcada en el ciclo de primavera de los Jueves en el Museo. Desgranó los objetivos de estas actuaciones y los criterios que le rigen a la hora de realizarlos. Llamó la atención su advertencia de que no existen recetas generales sino medidas caso por caso, siempre basadas en la mínima intervención, porque "la manipulación de una obra de arte conlleva un riesgo". De ahí que siempre apueste por restaurarlo e impedir su deterioro hasta lo posible. "Dejar la huella que el tiempo imprime en los materiales es un valor positivo", afirmó. "La pátina del tiempo nos une al pasado", insistió.

El trabajo previo permite conseguir los conocimientos necesarios sobre la obra en la que se va a intervenir. "Un diagnóstico en firme y una propuesta de intervención estructuran el trabajo posterior", comentó Sánchez.

El restaurador recordó los espacios de San Romualdo donde había colaborado para recuperar este enclave: el patio de armas, la capilla exterior, la torre de los relojes, la torre sur o parte de la cornisa. Detallada fue la actividad para mejorar la decoración de la capilla exterior: en la que había sales, costra negra, pérdidas, pero también fragmentos de pintura que se podían mejorar, con una parte del color conservada. Eran motivos circulares, como en la cornisa, donde hicieron falta labores de limpieza controlada. "No debía ser profunda, de manera que termine viéndose la piedra original: hay que conservar la pátina", señaló. El motivo de la pintura mural también lo tenían, por lo que graban el módulo y continuaron con la integración cromática.

"Poco se conoce del origen de los relojes solares de la torre, puede que se pusieron cuando se construyó la espadaña para que realzara más", resaltó. Se trabajó primero en los dos orientados, que dan uno la hora de la mañana y otro la de la tarde, tarea que estuvo condicionada por el estado de conservación del muro de la torre, además quedaban restos de partes de las líneas de hora y el punto del anclaje del gnomo. "Confirmamos las líneas horarias y dedujimos el resto", puntualizó. En este caso el tratamiento conllevó una limpieza, una preconsolidación, el anclaje del gnomo, grabar las líneas y la reintegración cromática. Del reloj principal poco se conservaba del original: el marco y algunos trazos, a lo que había contribuido la degración del mortero de revestimiento. También la cornisa de esta torre sufre la intervención, entre otras cuestiones con una reconstruccion volumétrica en la que "se diferencia la zona tratada de la zona no tratada".

Llamó la atención su explicación acerca de la torre sur, de su línea de merlones originales, sobre los que se levantó en otra época una estructura, una cuestión que forma parte de la historia del inmueble.

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