"Queríamos que llorara para saber que respiraba"

  • Javier Montesinos y Damián Galvéz, los dos agentes de la Policía Local que salvaron a un bebé de dos meses, cuentan en primera persona como fue la intervención más difícil de su carrera 

  • "Nunca nos hemos visto en una situación tan extrema con alguien tan pequeño", admiten 

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Que los agentes de la Policía Local de San Fernando Javier Montesinos y Damián Gálvez pasaran con el coche patrulla por la calle Tomás del Valle a las seis de la tarde del pasado lunes fue totalmente fortuito, "puro azar", reconocen. "Si por casualidad no hubiésemos pasado por allí...". No había ningún aviso que atender y el turno no podía ser más tranquilo. Pero la providencia quiso que se cruzaran con la pequeña Carmen del Rocío, a la que salvaron de morir asfixiada. Todo en cuestión de segundos. La historia no llega a los cinco minutos, aunque a ambos funcionarios les ha dejado una huella imborrable para siempre.

Desde luego, no todos los días se salva la vida de un bebé de tan solo dos meses. En diez años de servicio, ambos agentes -el primero de La Isla y el segundo de un pueblo de Huelva- han visto ya un poco de todo y en más de una ocasión han tenido que sortear alguna actuación apurada, "pero nunca una situación tan extrema con alguien tan tan pequeño". La tensión, admiten, fue enorme, con la adrenalina a tope y las pulsaciones disparadas. "Pero este trabajo es así, pasas de un extremo a otro en cuestión de segundos", señala Javier. 

Ambos, al circular por la calle Tomás del Valle, se encontraron con la madre de la pequeña Carmen del Rocío, que gritaba desesperada pidiendo auxilio. Había bajado de su casa corriendo en busca de ayuda y, previsiblemente, en dirección al servicio de urgencias ambulatorias que está en esta misma calle pero que, a esas horas, estaba todavía cerrada. No se lo pensaron. Montaron a la madre y a la niña en el patrulla, pusieron la sirena en marcha y se encaminaron a toda velocidad hacia el hospital de San Carlos para que la pequeña recibiera atención médica. 

A los pocos metros, sin embargo, tuvieron que parar. "La pequeña no respiraba. La madre estaba desesperada, bloqueada", explica Damián. Así que el patrulla dio un frenazo a la altura de la avenida San Juan Bosco y el agente Damián Gálvez se pasó atrás, como la madre y el bebé. "Fueron diez o quince segundos y reanudamos enseguida la marcha", apunta. Al ver que la pequeña no reaccionaba y tenía los ojos cerrados, Damián decidió hacerle una maniobra: la puso de costado y le dio un golpecito en la barriga, en la boca del estómago. Así consiguió que echara leche y mucosidades. "Queríamos que llorara", dice al recordar esos momentos decisivos. Así sabrían que respiraba. "Y no lloró, pero abrió los ojos, empezó a mover las manos y ya tanto la madre como nosotros nos calmamos", cuenta Damián. En el Hospital de San Carlos fue atendida de inmediato. "Los médicos se volcaron, actuaron muy bien, también la madre", apuntan los agentes. 

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