Lluvia de caramelos en la noche mágica

  • Con algo de retraso salió la cabalgata de los Reyes Magos de Sánchez de la Campa para llegar a la plaza del Rey a la hora fijada. Para ello, hubo de recortarse una pequeña parte del recorrido

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No llovió no. Menos mal. No cayó ni una sola gota del cielo.Pero sí llovieron caramelos. Y regalos. Y sonrisas. Llovió ilusión a toneladas, que también se recogió en paraguas, eso sí, puestos del revés. Bonita forma de saludar a sus majestades los Reyes de Oriente. Bonita manera de despedirlos en su último y más importante cometido, el de procurar la felicidad de miles de niños que, de seguro, no conciliaron el sueño en la noche de ayer, esperando que su otro sueño, el de los regalos, se hiciera realidad.

La Gran Cabalgata de la Ilusión arrancó, algo más tarde de lo habitual, de la plaza Sánchez de la Campa, donde ya cientos de isleños se congregaban a su alrededor. Abriendo la misma, la Estrella de Oriente, en una carroza fulgurante con pompas de jabón y caramelos saliendo de la misma al compás. Luces, música y alegría daban paso a la carroza del Heraldo Real, que ya salió el día anterior, pero que no por ello perdió un ápice de su energía.

La cabalgata continuó por su itinerario hacia las calles Mariana Pineda, Manuel Roldán, Maestro Portela, Profesor Antonio Ramos hacia Reyes Católicos y tras la Estrella, siguieron pasando una a una las carrozas, intercaladas en estos primeros tramos por el pasacalles Futurmetal, unos gigantescos muñecos hinchables con forma de monstruos que, debido a su majestuosidad, llegaron en ocasiones a asustar a los más pequeños. Eso sí, música y humo no les faltaron para completar el espectáculo de sonidos y color de todo el desfile.

Mayores, jóvenes y niños se fueron sumando con mayor intensidad para acompañar al cortejo, que entró en el parque Almirante Laulhé rodeado de una multitud  y con la carroza de Baltasar algo rezagada. Por delante, el resto de las carrozas, la de Pandereta, la de Roscón de Reyes y a continuación, por fin, la del Rey Melchor. De sus manos, además de cientos de caramelos, también salieron regalos, como peluches, y bollería empaquetada. Tras Melchor, una de las carrozas más esperadas, la de Bob Esponja, seguida de la de la asociación de comerciantes (Acosafe) y Blancanieves. Tras ellas, el trono del Rey Gaspar, decorada en tonos rojizos, que también hizo las delicias de todos los asistentes.

Avanzaba la tarde y avanzaba también todo el séquito, que entraba, tras acortar por Faustino Ruiz, en una calle Real –en uno de sus tramos peatonalizados– completamente abarrotada poco antes de las ocho de la tarde. Como anécdota en este punto cabe destacar que tuvieron que levantar algunos cables que cruzan de lado a lado la vía para permitir el paso de la cabalgata. Ni un alfiler cupo en la hora que tardó toda la cabalgata en llegar hasta la plaza del Rey. La alegría se desbordó en este eje central de la localidad, al paso también del resto de las carrozas que quedaban, aunque a estas alturas algo escasas de caramelos. Así, una muy conseguida carroza de la película Up con todos sus personajes incluidos daba paso a la de Peter Pan para continuar con más personajes de Disney en la de la Dama y el Vagabundo. Llegó el turno tras ella de un torero Rey Baltasar, que se desvivió en todo el recorrido por repartir cuantos caramelos llegaban a sus manos. Como gotas de lluvia cayeron del cielo al suelo en todo el trayecto que éste realizó, y que cerraba un cortejo que, cumpliendo con el horario, llegó a su punto final a la hora marcada, en torno a las nueve de la noche, momento en el que adoraron al Niño Dios en el pesebre ubicado junto al Ayuntamiento. Tras ellos, un halo de alegría, nervios e ilusión. Sólo faltaban unas horas para la noche más mágica.

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