Emprender en el campo de lo social

  • Iniciativas emprendedoras se aventuran en un área que hasta hace poco estaba reservada a lo público La demanda -argumentan- sigue estando ahí, "hay necesidades que cubrir"

Hace apenas unos años -antes de que la crisis económica y los recortes hicieran mella entre la población- se hablaba de La Isla solidaria al referirse al nuevo yacimiento de empleo que la ciudad aspiraba a explotar con excelentes resultados: el de los recursos sociales, la atención a los mayores, a la personas con discapacidad y problemas de movilidad. La puesta en marcha de residencias y centros de día específicos se veía en aquellos momentos como una oportunidad de oro para crear puestos de trabajo. De un lado, estaba La Isla, históricamente sensible a este tipo de necesidades -ahí están el CRMF, UPACE, Afanas o Alzheimer- y, de otro, la Ley de Dependencia, que garantizaba la debida atención a los afectados por parte de la Administración pública. Y allí donde no llegaban con los recursos que ésta tenía a su disposición surgía una entidad de ayuda mutua o un colectivo dispuesto a cubrir estas carencias previo concierto de un determinado número de plazas. Eso garantizaba la viabilidad de los proyectos que, por otro lado, redundaban en la contratación de personal: auxiliares, enfermeros, administrativos...

La fórmula, es bien sabido, se complicó sobremanera con la situación económica actual y la precariedad presupuestaria de las Administraciones. Hoy, estas entidades hacen malabarismos cada mes para cobrar -normalmente con retrasos- las cantidades que la Junta les adeuda por las plazas concertadas. La paralización de los expedientes de Dependencia afecta también de lleno a residencias y centros de día.

La crisis lo ha cambiado todo. Y ya hay entidades de ayuda mutua que abogan por prescindir de los conciertos. Afede (Epilepsia), por ejemplo, se plantea abrir la unidad de estancia diurna que está construyendo en Fadricas sin ayudas públicas de ningún tipo.

Y, paralelamente, nacen iniciativas privadas que tratan de abrirse hueco en el duro mercado laboral y plantan cara a la precaria situación económica ofreciendo este tipo de recursos. Todos estos emprendedores dicen lo mismo: la necesidad -la demanda de la población- sigue estando ahí. Y eso continúa siendo una oportunidad, a pesar de la crisis.

Por las instalaciones del CADE -el Centro de Apoyo al Desarrollo Empresarial, de la fundación pública Andalucía Emprende- han pasado varias iniciativas de este tipo que aspiran en arrancar en poco tiempo o que dan ya sus primeros pasos. Se trata de emprender en el campo de lo social. Uno de estos casos es el de de Carlos Verón, un trabajador social con 15 años de experiencia en el campo de los servicios sociales que ha decidido abrir un Centro de Atención Integral a la Familia (CAIF). Su idea, básicamente, es poner en marcha unos servicios sociales paralelos a los que ofrece la administración pública, el Ayuntamiento, pero de carácter privado. El campo de acción -explica este emprendedor- es enorme: mediación y orientación familiar, desempleo e intermediación con las empresas para favorecer la inserción laboral, absentismo escolar, bulling o acoso en las aulas, intervención con menores conflictivos, atención a las víctimas de la violencia de género, desarrollos de proyectos de formación para asociaciones... "Casi da vértigo pensar todo lo que se puede abarcar", explica Carlos Verón, que además fue el primer hombre en especializarse en violencia de género hace ya unos años. "Comenzamos humildemente con pocos recursos pero con mucha ilusión. Donde la experiencia profesional previa, la constancia y la dedicación, así como el estudio previo de las necesidades de la ciudad, son el caldo de cultivo que ha motivado la creación de este centro", afirma.

Su centro -el CAIF- hace uso actualmente de las oficinas que el CADE pone a disposición de los emprendedores. "Estamos inmersos en el estudio de la viabilidad para despegar en breve", explica. Otra trabajadora social, especializada en mediación familiar, Laura Gil, le acompaña en la aventura empresarial. También cuentan con la colaboración de un psicólogo para la atención de casos específicos. Fueron -prosigue- las grandes carencias sociales, además de su experiencia profesional, la que, sumada a la crisis y a la falta de trabajo, le empujaron a meterse de lleno en esta iniciativa. "Hay muchísimas necesidades que no están cubiertas por la Administración pública, que requieren de recursos paralelos. De hecho, están realmente desbordados", insiste.

En todo Cádiz -argumenta- no existe otro centro igual, aunque sí se dan fueran de la provincia. Y funcionan estupendamente. Verón reconoce que ha contactado con el área municipal de Servicios Sociales para plantear la puesta en marcha de un posible convenio de colaboración que ayudaría a despegar a la empresa, aunque la vocación de este centro es que funcione también gracias a su carácter privado. Al hablar de la viabilidad de un negocio que se mete de lleno en un campo que hasta ahora se ha visto como un servicio público, este emprendedor recuerda que la Administración -los Servicios Sociales municipales- no llega a cubrir todas las necesidades. Y, si uno está dispuesto a recurrir a un médico privado para no esperar en una larga lista de espera, por qué no iba a acudir para solucionar un problema que tiene con un menor o para agilizar los trámites que siguen a una denuncia por malos tratos.

También por las instalaciones del CADE pasaron las emprendedoras Santos Lebrero y Teresa Romero, dos enfermeras en paro que decidieron abrir un centro de día para la atención de personas mayores. Las instalaciones, ubicadas en pleno centro, cerca de la Iglesia Mayor, están a punto de abrir sus puertas ahora en noviembre. "Solo nos falta la carta de apertura", explica Teresa.

El centro -Ángeles Teysa- echa a rodar también sin conciertos, con un carácter exclusivamente privado. Hoy, lamentablemente, sería impensable hacerlo de otra forma, por más que la demanda continúe existiendo entre la población e, incluso, cada vez sea mayor.

Una de las claves es, por tanto, rebajar todo lo posible el coste del servicio para los usuarios, de forma que sea asequible para economías medias. "Para comenzar y abrir el centro, solo nos planteamos cubrir el alquiler de las instalaciones", argumentan. Luego está su flexibilidad. En este centro de día se ofrece un servicio completo -una atención integral- a los usuarios pero también la posibilidad de recurrir a sus servicios durante varias horas o algunos días concretos. Hay talleres de estimulación cognitiva, servicio de comedor... Ambas emprendedoras quieren amoldarse a las necesidades de las familias para dar respuesta a una necesidad que saben existe entre la población.

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