Alzheimer prueba con el reiki

  • La residencia y unidad de estancia diurna Dolores Castañeda empieza a aplicar el reiki como terapia complementaria entre familiares y usuarios leves

Fue su madre, que tiene Alzheimer, la que hizo que Marisa Salcines Cavada acudiera a la residencia Dolores Castañeda, en Camposoto, para interesarse por los talleres que allí se imparten. Cuando la psicóloga la evaluó se sorprendió. Su estado era razonablemente mejor de lo que cabía esperar habida cuenta de la fase que había alcanzado la enfermedad. Y cuando a Marisa le preguntaron por el motivo les dijo: "Es el reiki".

Ese fue el comienzo de una relación que, vencidos los titubeos y recelos iniciales, arrancó a modo de prueba en el pasado mes de noviembre, "un poco a ver qué pasa", señala el director técnico del centro, Roberto Suárez Canal. De modo voluntario, Marisa se prestó de buen grado a descubrir los beneficios del reiki como terapia alternativa en el centro. Y los resultados no se hicieron esperar. "Funciona", admite tajante este neuropsicólogo. Medio centenar de personas lo han probado en estos meses a lo largo de unas 260 sesiones. Y los resultados son evidentes. Muchos han quedado verdaderamente enganchados a esta práctica: calma, reduce el estrés, ayuda a respirar, a controlar la ansiedad, mejora el estado de ánimo...

"Nuestro objetivo es siempre mejorar la calidad de vida de los enfermos con Alzheimer, de los familiares y cuidadores y siempre hemos estado abiertos a toda iniciativa que contribuya a ello", afirma Roberto Suárez. El reiki, en este sentido, lo ha demostrado. Para unos y otros, porque las sesiones que se imparten se dirigen tanto a enfermos como a cuidadores. Incluso algunos de los profesionales que trabajan en el centro las han probado.

"Equilibra el cuerpo. Eso hace que sientas mejor, estás más tranquilo... En el caso del Alzheimer, donde los familiares se enfrentan además a situaciones de gran estrés, se ha comprobado que funciona. Y rápido. Ayuda también luego a la hora de sobrellevar la carga de la enfermedad, de responder a estas situaciones que antes te desbordaban", explica la responsable de estos talleres. "Hay gente que nota mejoría, menos dolores... Pero todo es lo mismo: si estás más tranquilo, menos tenso, con otra predisposición y otro estado de ánimo, sufres menos contracturas, tu sistema inmunológico se fortalece, los fármacos responden mejor...". Quien lo dice, además, era una completa escéptica que comprobó en primera persona todo lo que cuenta.

El reiki no cura. Es algo que tanto la responsable de estas terapias alternativas como el director técnico de la residencia y de la unidad de estancia diurna de Alzheimer dejan bien claro. "No se trata de eso. Es una terapia complementaria", insisten. Ayuda a mejorar la calidad de vida, a enfrentarse a la enfermedad. Tanto es así que el centro, dados los buenos resultados, ha apostado por continuar con este voluntariado y estos talleres e, incluso, por hacer un estudio más riguroso para evaluar su seguimiento. "Hemos empezado también a hacer unos test de evaluación", apunta Roberto Suárez. De hecho, recuerda, no es el primer centro de estas características que aplica estas terapias alternativas. Hay precedentes. También en la sanidad pública. Marisa, precisamente, aprendió en el hospital de Santa Clotilde de Segovia, donde residía antes, de la mano de Loreto Alonso-Alegre. "Cada vez está más extendido. Hay un amplio voluntariado que está llevando el reiki a los hospitales. La OMS lo admite como terapia complementaria. Es completamente inocuo y no tiene contraindicaciones. Y se ha comprobado que tiene grandes beneficios, por ejemplo, en el caso de pacientes sometidos a quimioterapia, cuyos efectos son capaces de sobrellevar mejor", precisa.

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