EDUCACIÓN

El uniforme recupera su función

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Lo de ir uniformado al colegio empezó en los centros públicos como una medida para devolver la disciplina a las aulas. En el siglo XVIII, las escuelas inglesas se habían convertido en lugares anárquicos y peligrosos, lo que hizo que las familias con recursos pasaran a educar a sus hijos en sus casas hasta su entrada en la Universidad. Introducir el uniforme escolar fue una de las medidas diseñadas para sustituir el caos por el orden, junto a otras como la ampliación de los planes de estudios. Desde Inglaterra se extendió a las colonias británicas y a otros países.

Pero eso es historia. Hasta hace no mucho el uniforme era un signo de distinción reservado casi exclusivamente a colegios privados y concertados dirigidos por órdenes religiosas. Eran los tiempos en los que las monjas pedían ponerse de rodillas a las niñas para comprobar que el largo de la falda arrastraba hasta el suelo. Sin embargo, desde hace unos años, su uso se ha ido extendiendo entre los centros públicos.  El debate se ha abierto por último en la Comunidad Valenciana que, siguiendo el ejemplo de la de Madrid –en la que su uso es obligatorio en muchas colegios– pondrá en marcha el próximo curso un proyecto piloto para implantar el uniforme en sus aulas.

En Andalucía, la situación es más difusa. Por regla general, todos los colegios privados y concertados imponen de manera obligatoria el uso del uniforme reglamentario so pena de ser sancionado según las normas internas del centro.

En cuanto a la aceptación del uniforme en una escuela pública, el colegio sevillano Joaquín Turina es un ejemplo que podría servir de modelo para muchos otros. No en vano fue el primer centro público en el que se propuso el uso del uniforme escolar “pero con la condición de que no fuera obligatorio, sino algo opcional”, aclara Juan José Izquierdo, director del colegio. La asamblea de padres tomó la decisión hace diez años. “Hacía años que se venía utilizando un uniforme para Educación Física; fueron los padres los que plantearon ir más allá, y se encargaron de contactar con varias empresas para diseñar el modelo”. Éste tiene una nota musical como escudo en honor al compositor sevillano que da nombre al centro. Hoy, diez años después, Izquierdo asegura que el 100% de los alumnos de Infantil y primer ciclo de Primaria usan a diario el atuendo escolar, si bien a “los más mayores les gusta venir con sus vaqueros...”. Izquierdo no ve inconvenientes por ningún lado. “El uniforme es positivo por varias razones: unifica la vestimenta, evita conflictos con las marcas, riñas que inciden en las diferencias sociales. Y, aparte, la mayoría de padres coincide en que es más cómodo y barato, porque no tienen que pensar todos los días qué ropa le ponen a su hijo”.

Ésta fue también la idea que impulsó a la asociación granadina Arabuleila a trabajar por la uniformidad en las aulas de los cuatro colegios de Armilla desde el curso pasado. Rosa María Alonso, vicepresidenta de la Asociación de Padres y Madres del colegio público Julio Rodríguez, está encantada con esta iniciativa que planteó la anterior junta directiva al consejo escolar del centro. Las madres de la asociación sirvieron de intermediarias con el fabricante para el diseño del uniforme. “Como el colegio no tenía emblema decidimos poner el logo de la Junta de Andalucía en rojo, como el escudo de la ciudad. Y de ahí, a estar mañana y tarde durante meses y de manera voluntaria en el salón de actos para asesorar y venderles a los padres los uniformes.

Los colegios de Armilla necesitaban un uniforme propio para evitar la comparación de las marquitas entre críos y para que acudieran a clase correctamente. Pero siempre dando libre elección a los padres: que quieren comprar sólo el jersey rojo, bien, o sólo el polito blanco con el emblema, vale. O no compran nada pero visten al niño con un jersey rojo parecido al del colegio, pues también”, dice Rosa María que asegura que así se hace entender a los pequeños que “el uniforme se usa en el centro de trabajo, y por eso allí se estudia. Y en la calle, se usa la otra ropa”. El primer año de prueba ha sido todo un éxito. De 439 alumnos, la mitad lo lleva. Pese a las críticas iniciales de ciertos padres que veían en el uniforme una vuelta al pasado más rancio, la asociación Arabuleila está orgullosa de enarbolar la bandera de la igualdad en forma de jersey rojo. “Son aulas hetereogéneas, con bastante población inmigrante. Los niños son niños y no hay que darle razones para que se sientan distintos”, argumenta Rosa.

En contraposición, hay quien piensa que mediante la ropa también se expresa la personalidad, como Joaquín Martínez, secretario de la Federación Andaluza del Sindicato de Enseñanza CGT, que opina además que “la escuela pública tiene otros problemas más urgentes”. Un debate que se abordará el curso que viene. Las aulas ya se están cerradas.

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