EL PERSONAJE

"A un río no le sobra agua, como a un bosque no le sobran árboles"

  • LEANDRO DEL MORAL. PRESIDENTE DE LA FUNDACIÓN NUEVA CULTURA DEL AGUA

PRESIDE la Fundación Nueva Cultura del Agua, integrada por medio millar de investigadores españoles y portugueses que, desde diferentes disciplinas, intentan hacer pedagogía social a favor de un cambio de orientación en las políticas hidráulicas. Afirma que trasladar el debate sobre sostenibilidad al terreno del agua no resulta nada fácil.

¿Su primer mandamiento?

Los ríos son sistemas naturales que hay que restaurar y conservar. Hay que tratar de preservar lo que nos queda de los ecosistemas acuáticos.

¿Tan mal están nuestros ríos?

Están profundamente alterados tras más de un siglo de una potente política hidráulica, que fue meritoria y emblemática, pero que ha transformado nuestro sistema hidrológico.

¿A peor?

Ha hecho que ríos como el Guadalquivir tengan invertido el régimen, con caudales muy bajos en invierno y más altos en periodos de estiaje.

¿Por los embalses?

El agua de invierno se almacena en un sistema de embalses en el que cabe todo el río: seis mil millones de metros cúbicos, por término medio, a lo largo del año.

¿Y eso perjudica al río?

Todo el Guadalquivir ha sido diagnosticado como una masa de agua muy modificada. Ya no se puede obtener el buen estado ecológico: hay que renunciar a él.

Vaya por Dios.

El Genil está especialmente alterado, desde su cabecera hasta su desembocadura. En Iznájar está el mayor embalse de Andalucía, con una capacidad similar al trasvase que preveía en el Plan Hidrológico...

Al que ustedes se opusieron.

No quiero que parezca que tenemos una oposición inflexible. Hay trasvases de emergencia, que son imprescindibles: no se puede dejar una población sin agua.

En eso coincidimos todos.

La fundación se opuso al sistema de trasvases planteado en el Plan Hidrológico Nacional porque era un sistema a enorme escala: mil millones de metros cúbicos.

Equivalentes a...

Mil campos del Bernabeu llenos de agua por año. Y ello sin contar los tres trasvases que se derivaban del Pacto del Agua en Aragón, que implicaban sacarle al Ebro otros tres mil millones de metros cúbicos.

Pero si al Ebro le sobra agua...

A un río no le sobra el agua, como a un bosque no le sobran árboles. El Ebro necesita restauración, no más extracciones.

¿No tirar agua al mar?

Vivimos en esa idea tradicional. Pero cualquier extracción afecta a los ecosistemas. El agua lleva arenas, arcillas y nutrientes fundamentales para las pesquerías y las dinámicas costeras. 

Entiendo.

Además, para que el agua no llegue al mar hay que frenarla con presas, que tienen un coste y un enorme impacto ecológico.

¿Y cuál es la alternativa?

La gestión de la demanda. La buena utilización de lo que se tiene en el conjunto de las actividades: hacer lo mismo con menos cantidad.

Como si fuera tan fácil.

Hace falta un cambio de estrategia para consumir mejor, con eficiencia técnica y buenas prácticas.

¿Cuánto gastamos ahora?

Si juntamos todo el agua que gasta Andalucía y la prorrateamos, llegamos a 2.500 litros por habitante y día.

¿Con regadíos incluidos?

Si exceptuamos los regadíos, que suponen el 80% del consumo, el gasto por persona y día estaría en torno a los trescientos litros.

¿Eso es mucho?

Nos bastaría con la mitad. Piense que la cantidad mínima de agua para vivir, lo que denominamos el agua vida, es de cuatro litros diarios.  

¿Y cómo ahorrar más?

Disminuyendo las pérdidas en transporte y distribución. Instalando dispositivos ahorradores en la fontanería doméstica y responsabilizando de los costes a los usuarios.

Que paguen los que consumen.

La nueva cultura del agua es muy crítica respecto la irresponsabilidad con los costes. El Plan Hidrológico negaba los costes ambientales y eludía los costes económicos.

Pero las desaladoras son caras.

Desalinizar un metro cúbico de agua exige unos cuatro kilovatios por hora de energía. Ése es su principal problema, al margen de los costes de construcción.

Y contaminan.

El impacto de las salmueras se ha exagerado. Lo que se vierte al mar es agua de mar concentrada, de forma que con una buena difusión es suficiente.

¿Las prefiere a los trasvases?

Mil litros de agua desalinizada cuestan cincuenta céntimos, un gasto que bien puede afrontar un turista. No se trata de sustituir los embalses por desalinizadoras con agua gratis. Hay que romper la inercia de la subvención. Cuando una población costera, de Almería o Málaga, solicita una desaladora, sabe que va a tener que hacer frente a los costes. 

¿Pero no es el agua un recurso solidario?

El concepto de solidaridad aplicado al tema del agua es un mito y una fuente de confusión.

¿Por qué?

El 90% del agua que gastamos es un input económico. El agua que necesitan en Murcia, Almería, Valencia o Málaga es para actividades turísticas, residenciales o agrícolas.

¿Qué quiere decir?

Quieren explotar sus recursos: para un negocio no se pide solidaridad.

¿Cree que se entenderá su discurso?

Este discurso es difícil de entender, porque procedemos de una larga tradición de política hidráulica, sin la que, por otra parte, no se podría entender la sociedad española.

¿Entonces?

Se trata de decidir si hay que continuar o rectificar. Lo que hacemos es trasladar al campo del agua el debate sobre la sostenibilidad. Y no es fácil.

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