OPINIÓN. EN LA CALLE

Hay que relanzar la agricultura andaluza

El director general de la FAO, Jacques Diouf,  un senegalés de 70 años que estudió ingeniero agrónomo en Francia y se doctoró en Ciencias Sociales del mundo rural en La Sorbona, ha dado la voz de alarma: “Ha llegado el momento de relanzar la agriculturamundial y la comunidad internacional no debería perder la oportunidad”.  Añado de mi cosecha, que sería el momento para relanzar la agricultura europea y, de camino, la andaluza, que es una primera potencia continental.

Diouf sostiene que no se ha hecho nada para ayudar a los campesinos de los países pobres a hacer frente a la duplicación del precio de abonos y semillas. El índice de la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) que mide los precios de los mercados de cereales, lácteos, carne, azúcar y aceites ha sido en marzo el 57 por ciento mayor que hace un año. En ese periodo el trigo ha subido un 130 por ciento; la soja un 87; el arroz  un 74, y el maíz un 53.

El comisionado de la ONU para el Derecho a la Alimentación  Jean Ziegler, achaca la situación a la transformación de los cultivos en biocombustibles, a la especulación financiera y a la aberrante política del Fondo Monetario Internacional, que obliga a los países pobres a tener una agricultura de exportación, a costa de una economía de subsistencia.

Ziegler, suizo de 74 años, no es un técnico, sino jurista, economista y sociólogo. Un filósofo, vamos. Y su pronunciamiento no es coyuntural, ya estaba enunciado en su libro Los nuevos amos del mundo y aquellos que se les resisten, editado en España por Destino en 2003. Ahí destacaba que el planeta tierra rebosa de riquezas, pero en él viven más de ochocientos millones de víctimas del hambre, sujetas a una malnutrición crónica y grave. Cada año, 36 millones de personas mueren por causa del hambre. El profesor Ziegler propugna nuevos modelos de desarrollo, para que las desigualdades no sigan aumentando.

Los responsables de 27 agencias internacionales, incluidas las de Naciones Unidas y el Banco Mundial, se reunieron en Berna, Suiza, esta semana en busca de respuesta a la carestía de alimentos. Un asunto que no sólo atañe al tercer mundo, como queda en evidencia en el reportaje que abre este número de la RdA.

Y, entretanto, nada se dice de redefinir los criterios de contención de la producción en el primer mundo, a base de subvencionar a los agricultores para que no produzcan. Si hay escasez de producción de los países menos desarrollados y ni siquiera tienen dinero para comprar semillas, ¿se podría producir un desabastecimiento mundial?

La Unión Europea dedica a gasto agrario y desarrollo rural poco más del 40 por ciento  de su presupuesto anual, de 129.000 millones de euros. La cifra supone un porcentaje inferior a la mitad que hace 30 años. Unos 41.000 millones como ayudas a la producción, real o histórica, y unos 13.000 millones a las nuevas políticas medioambientales y de desarrollo en el medio rural. Andalucía recibe al año unos 1.500 millones de euros como gasto agrario, la mitad para el aceite de oliva, que representa sólo el 20 por ciento de la producción final agraria. Sin embargo, las frutas y hortalizas, que suponen algo más de la mitad de la facturación total de los agricultores andaluces, reciben poco más de un 5 por ciento de las ayudas. Este desnivel no es paliado con obligaciones suplementarias para los olivareros, como embotellar, hacer marcas y comercializar. El sector sigue vendiendo masivamente a industriales extranjeros su producción a granel. La política de subvenciones comunitarias no sólo se ha quedado vieja en el reparto continental, también tiene serios desajustes regionales: habría que ayudar en prioridad a la agricultura más rentable.

Otro problema es la escasa dotación de agua. Los regantes siguen pagando un precio simbólico y nunca por el uso real que hagan de los suministros, sino un tanto alzado por hectárea y cultivo. Casi la mitad del millón de hectáreas, mal contado, que ocupan los regadíos andaluces tienen conducciones obsoletas, cuando no viejas de un siglo.

En fin, con los mismos argumentos esgrimidos por Diouf  y alguno más, urge relanzar, reordenar, la agricultura andaluza.  

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