OPINIÓN. LA CALLE por Ignacio Martínez

La energía y la seguridad nacional

España,  la octava potencia económica del mundo, necesita urgentemente diseñar un modelo energético. Y, de camino, abrir un debate sobre la energía nuclear. Se puede ir más lejos, habría que diseñar un patrón de desarrollo, porque el que ha procurado quince años de crecimiento continuado no volverá: el modelo basado en la burbuja inmobiliaria y un consumo interno muy superior a nuestras posibilidades se ha terminado. Un amigo periodista hacía el otro día en la televisión un chascarrillo que define la mentalidad de los españoles: “Le preguntan a alguien ¿a usted cómo le gustaría vivir?, y responde: yo como vivo, pero pudiendo”.

Pero antes de arreglar el rumbo de la nación, la energía no es mal preámbulo. Empieza esta noche en Madrid una cumbre mundial sobre el petróleo que durará hasta el jueves. Es una excusa para recordar la dependencia energética de España, que consume 1.600.000 barriles de petróleo al día. Los derivados del petróleo suponen casi un 60% del consumo nacional. Y el problema no es que el barril Brent se cotice a 136 euros, sino que ya no se volverá jamás a los ridículos 20 dólares del año 2000. Ignacio Sánchez Galán, el presidente de Iberdrola, nos contaba a un grupo de periodistas la semana pasada que “al mundo le quedan 30 años de petróleo y 50 de gas”.

El jueves, en Toledo, en un Seminario Internacional de Defensa, el ex presidente del Congreso Manuel Marín se lamentó de la ausencia de un debate nacional sobre el modelo energético que necesita España y sobre su posición nacional e internacional en materia de cambio climático. Marín apuntó que la política energética forma parte de la estrategia de seguridad nacional de países como Estados Unidos o el Reino Unido. Putin y Sarkozy aplican este criterio en Rusia y Francia.

En España, sin embargo, está incrustado entre los principios absolutos. Un mosaico de dogmas que, si se pone algún ejemplo, se entiende: “España se rompe”, “nuclear no”, “trasvase sí” o “trasvase no”. Marín propone un gran acuerdo político sobre la energía. Y advierte: “si se juega a ver quién es más antinuclear, esto no funciona”. El presidente andaluz Manuel Chaves apuntó la idea de abrir el debate nuclear en una reunión de la ejecutiva federal del PSOE y Zapatero abortó la cuestión. Al presidente del Gobierno le cuesta admitir que estamos metidos en una grave crisis económica, así que parece difícil que le veamos liderar esta discusión estratégica. En el mismo seminario de Toledo, Carmen Martínez Ten, presidenta del Consejo de Seguridad Nuclear, apuntó que las centrales nucleares españolas aportan en la actualidad el 10 por ciento de la energía de consumo nacional y el 19% de la electricidad. Un porcentaje que está lejos del 75% que supone en Francia, pero “del que no será fácil prescindir”.    

En el gran consenso nacional, Manuel Marín incluye separar el alimento de la energía. Él, en concreto, es partidario de dedicar maíces, remolachas o sojas transgénicos a la producción de biocombustibles. Y otro aspecto esencial es la tarifa de la luz. España tiene el consumo energético por unidad de PIB más alto de la Unión Europea. Electricidad barata, con precio político y derroche. Este escenario empieza a cambiar el próximo martes, que entra en vigor la liberalización del precio de la electricidad para grandes consumidores y dentro de seis meses, el 1 de enero, para el consumo doméstico.

Los ciudadanos tienen que convencerse de que no pueden seguir despilfarrando electricidad. Y que, aunque nos gusten más las energías renovables, no suponen más que una pequeña parte del consumo español: menos de un 5%. Petróleo, carbón y gas suponen el 77% de consumo nacional. Con el agravante de que mientras la Unión Europea importa la mitad de la energía que consume, España tiene la mayor tasa de dependencia de los 27, con el 80%. En este campo los españoles se han comportado como nuevos ricos: en 1990 la dependencia del exterior era del 66%. Hace falta un cambio de mentalidad. La energía barata se ha acabado. Y los fundamentalismos sobre la energía nuclear deberían ser amortizados. Urge acordar un modelo energético para España e incluirlo como un concepto capital de la seguridad nacional.

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