EL PERSONAJE: RAFAEL COBOS. MÉDICO DEL DOLOR

"El dolor purifica a los místicos, al resto nos hace indignos"

En su consulta de la Clínica del Dolor del hospital sevillano Virgen del Rocío, Rafael Cobos ha dispensado ayuda a un abanico inmenso de personas que sufren dolores que no tienen arreglo. Muchas de ellas están aquejadas de un mal demoledor y misterioso recientemente bautizado como fibromialgia. Una enfermedad invisible, cada vez más frecuente en nuestros días y de cuya existencia muchos dudan.

¿Qué es la fibromialgia?

Un síndrome que afecta a todo el cuerpo. Una multitud de síntomas alrededor de uno principal, que es el dolor, centrado en músculos y tendones.

¿Cuáles son los otros síntomas?

Cansancio, alteraciones del sueño, alteraciones de la sensibilidad en las manos, hormigueos…Y otros problemas que pueden abarcar al aparato digestivo, como colon irritable y gastritis.

¿Sabemos qué la produce?

Ése es el problema. No conocemos la causa directa. Probablemente porque no haya una sola causa, sino múltiples.

Luego no es una enfermedad.

Le llaman la enfermedad invisible porque no hay pruebas de carácter objetivo que demuestren su existencia. Hay muchos profesionales de la medicina que siguen planteando sus dudas al respecto.

Pero usted lo ve claro.

Hay que darle tiempo al tiempo. Quienes hoy se escudan en la falta de soporte orgánico de la enfermedad para negarla tendrán que callarse cuando aparezcan los marcadores de tipo biológico.

¿Se siente incomprendido?

Me siento alejado de ciertos círculos en los que se empeñan en negar la realidad.

Hay asociaciones de fibromiálgicos.

Ésa es la prueba palpable de que la enfermedad aún no ha sido tan aceptada. Las asociaciones son una forma de reivindicar. No hay asociaciones de enfermos cardiópatas.

¿Ha tratado muchos casos?

En veintitantos años, más de veinte mil. A la Unidad del Dolor siempre nos derivan los casos rebeldes al tratamiento y el más frecuente entre ellos es el de la fibromialgia.

¿Cómo de frecuente?

Las estadísticas hablan de un cinco a un siete por ciento de la población, lo cual es una cifra enorme. En los países desarrollados cada vez hay más afectadas.

¿Por qué utiliza el término femenino?

Porque la enfermedad es, con mucho, más frecuente en la mujer que en el hombre. En España podemos hablar de un millón y medio de personas que padecen fibromialgia, en su gran mayoría mujeres.

¿Mujeres desesperadas?

Probablemente. Son pacientes rechazadas porque el médico se ve impotente para curarlas. Tienen nula autoestima y una visión catastrofista de la vida. Y en esa desesperación recurren a lo que sea.

¿Qué quiere decir?

Las que tienen suerte llegan a una unidad del dolor multidisciplinaria. Otras caen en manos de brujos, sanadores y personas que no me atrevo a calificar.

Pobres.

Es muy difícil convivir con alguien que está quejándose permanentemente de dolor.

¿Tan fuerte es?

Una fibromiálgica te dice que le duele todo, hasta el alma. Es un dolor neuropático, caracterizado por la intensidad y que genera un alto grado de invalidez.

O sea, que hay algo psicológico.

En toda enfermedad hay algo psicológico. Lo que ocurre es que esta enfermedad, por ser un síndrome, tiene un componente de carácter psicosomático muy alto.

Las tacharán de neuróticas…

Hasta los años 80 no se acuñó el término fibromialgia. Antes se le llamaba de formas variopintas, como síndrome psicógeno del aparato locomotor. Lo cual da a entender que se consideraba una enfermedad psiquiátrica.

Pura incomprensión.

Las pacientes se quejan de que nadie las entiende. Se sienten incomprendidas tanto por los médicos como por sus parejas.

Para algo así nadie está preparado.

Es que, además, el dolor hace indignas a las personas. Alguien que sufre un dolor incontrolable baja enteros en su dignidad.

Recuerde que los santos se mortificaban.

Antes se veía la autoinmolación y el dolor como algo purificador. Pero eso es para los místicos, no para el común de los mortales, que tenemos una tolerancia relativa al sufrimiento.

Nos atiborramos de analgésicos.

En la Clínica del Dolor solemos decir: Cuando no podemos darle días a la vida, hay que darle vida a los días. El dolor simula a la muerte y es contrario a esa idea.

Pero no hay recetas mágicas.

Para la fibromialgia no las hay. Intentamos abordar los aspectos físicos y psicológicos de la enfermedad con equipos multiprofesionales de médicos, psicoterapeutas, expertos en técnicas de relajación, acupuntores…

¿Y qué consiguen?

Que las pacientes adquieran un conocimiento de lo que les pasa, que acepten su situación y controlen los síntomas. Hay que darles técnicas que les ayuden a comprenderse a sí mismas.

Como si fuera tan fácil.

Yo les digo: o usted toma las riendas, o le pasa el caballo por encima.

¿Y las terapias dan fruto?

Ayer me visitó una señora a la que no veía hace quince años. Me dijo: Gracias a Dios que lo conocí. Practico artes marciales desde entonces y controlo el dolor perfectamente.

Habrá casos peores.

Desde luego. Tuve un paciente que tuvo que dejar su trabajo como autónomo por su alto grado de invalidez. Su mujer se puso a limpiar casas, pero terminaron perdiendo su vivienda.

¿Nadie les ayudó?

Ante la sociedad, los fibromiálgicos son personas que no tienen nada.

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