MARIANO PEÑA. ACTOR

"En Punta Umbría están mi gente y mi playa, no voy a otro sitio"

Su infancia transcurrió entre las calles de casas encaladas de su Manzanilla natal y los aires marineros de los veranos en Punta Umbría. “Recuerdo que antes estábamos en la calle todo el día porque no teníamos la sensación de peligro que existe ahora; me pasaba las horas jugando a las canicas y a la lima”, comenta desde la heladería La Española, una suerte de quiosco con terraza que se ubica en pleno paseo marítimo puntaumbrieño.

Cada estío, los Peña alquilaban un coche y partían “de madrugada, aquello era alucinante”. Montaban los baúles en la baca y ponían rumbo a la capital onubense en una nueva aventura vacacional. En los ojos del actor hace acto de presencia el brillo mágico de la nostalgia cuando continúa el relato: “En Huelva tomábamos la maravillosa canoa de Punta Umbría. Me encantaba cuando estaba la marea baja y dejábamos los baúles directamente en el techo”. Una vez en Punta Umbría, los porteadores cargaban el equipaje en los burros “por aquellas calles de arena” y el cuadro arribaba con ilusión a una casa “maravillosa, pequeñita y rodeada de eucaliptos que ya no existe”. De nuevo la morriña asoma en Mariano Peña. “Me dio mucha pena que cayeran esa casa, pero la familia empezó a crecer y nos juntábamos allí todos los primos, los abuelos… no se cabía. Le decíamos Villa Chicle, porque se estiraba como ninguna”. Ahora se levanta sobre el solar en el que correteaba de niño un bloque de pisos en el que tiene su residencia veraniega. La misma suerte corrieron el cine San Fernando y “los cines de verano, adonde me gustaba ir para ver esas películas con 24 cortes y mis tres cartuchos de pipas”.

Desde entonces, no hay quien consiga arrancarlo de Punta Umbría. “Mis amigos me invitan a muchos lugares distintos, como Ibiza, pero yo aquí están mi gente y mi playa, y para irme a otra playa... no voy a otro sitio”. Y es que para el actor onubense no hay nada como contemplar el ocaso desde el Muelle de las Canoas, “tomando un cafelito, viendo a la gente bañarse o pasear arregladita, donde corre un fresquito agradable y tienes la orilla del mar a dos pasos”. Cuando pasa largas temporadas en Madrid, echa de menos el olor del mar, los paseos por la Canaleta y el aroma de los eucaliptales.

La tranquilidad es la nota predominante en su día a día puntaumbrieño. Baja a desayunar a la cafetería de Celia, compra unos churros y procede a “preparar un par de bocatas para irme a la playa”. Allí permanece bajo el sol casi hasta que cae la noche. Tras una ducha, adora “echar” el resto de la jornada en compañía de sus amigos, bien dando una vuelta por la calle Ancha, bien “tomando unos camarones, pero no soy muy noctámbulo”.

Hasta el mes de noviembre no retomará el rodaje de la serie Aída, en la que encarna al simpático tirano Mauricio Colmenero del que “no tengo nada más que el hecho de que soy su creador”. En contra de lo que piensan algunos, son muchas las personas que lo reconocen por la calle sin su afamado bigote. Para muestra, un botón: “Un día iba en un coche, por una autopista, con unas gafas de sol enorme y con la ventanilla cerrada. De pronto oí unas voces. Cuando miré, teníamos a un camión en paralelo y el camionero me gritaba con un megáfono y medio cuerpo fuera: “¡Eres el mejor, eres muy grande!”, indicó con mucha guasa. Este verano alterna su tiempo de ocio con la intervención en la película Fuga de cerebros, con un elenco “de chispas maduras, en el que estamos Loles León, José Luis Gil, Antonio Resines, Chikilicuatre y yo”, una cinta que llegará a los cines el año que viene. 

Lejos de los focos, Peña se autodefine como “tímido, buena persona y amigo de mis amigos”. Además de leer mucho, está pensando en retomar su afición por la pintura. Es licenciado en Bellas Artes. Para finales de mes espera la visita de Óscar Reyes (Machupichu en la serie Aída), “que es mi gran amigo, en contra de lo que pueda parecer”, una estampa que no pasará desapercibida para los turistas de Punta Umbría.

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