PASEO LITERARIO: CÓRDOBA

Nostalgia de una ciudad

  • Ruta por los lugares que inspiraron a los poetas Luis de Góngora y Ricardo Molina

Oh excelso muro, oh torres coronadas / de honor, de majestad, de gallardía! / ¡Oh gran río, gran rey de Andalucía, / de arenas nobles, ya que no doradas! / ¡Oh fértil llano, oh sierras levantadas, / que privilegia el cielo y dora el día! / ¡Oh siempre gloriosa patria mía”. Son muchos los poetas que alaban los encantos de Córdoba, pero pocos dejaron tanta huella como Luis de Góngora quien, a través de este soneto, recuerda con nostalgia su ciudad natal.

El río Guadalquivir, el Paseo de Ribera, los Jardines del Alcázar y los patios cordobeses son los protagonistas de los poemas de Góngora, Lorca y Ricardo Molina. Estas alusiones a los rincones de Córdoba permiten a los turistas recorrer los pasos de los escritores por la ciudad y ver con sus ojos los lugares que inspiraron a los poetas.

La Torre de La Calahorra es la primera parada en esta ruta literaria. El Puente Romano que se levanta a sus pies representa la entrada a la vieja Córdoba. Luis de Góngora escribió Soneto a Córdoba justo antes de volver a su patria desde Granada. Su corazón estaba dividido entre estas dos ciudades andaluzas y así lo expresa con versos como “las arenas nobles” del Guadalquivir pero “no doradas” como la del río Darro que baña Granada y que, según, historias populares, llevaba oro en sus arenas. Góngora no podía regresar a Córdoba sin un elogio para ella. De hecho, se dice que el soneto llegó a oídos de los cordobeses antes que el propio poeta para que los paisanos más dolidos por su marcha no le saludaran con un reproche.

Tras cruzar el Puente Romano y andar por el Paseo de Isasa, se llega al Paseo deRibera donde hay un pequeño monumento en honor a Góngora y a su soneto.

Los poetas de la Generación del 27 admiraron la obra de este poeta del siglo XVII. Por eso, existen vínculos entre el libro de poemas Canciones de Federico García Lorca con el soneto de Góngora: ambos tienen el mismo itinerario, de Granada a Córdoba, y se sitúan en la entrada de la ciudad. Volviendo sobre los pasos dados hasta el Arco del Triunfo de San Rafael, la ruta invita a leer el poema del santo que Lorca incluye en Romancero gitano. Desde el Arco se aprecia dos Córdobas distintas separadas por el Puente Romano: la romano-cristiana y la árabe-mahometana. En la ciudad existe una gran devoción por San Rafael y así lo expresa Lorca en su poema, al igual que las características arquitectónicas del monumento.

No hay duda que la antigua Mezquita, tercera parada en el paseo literario, es una suma de estilos artísticos que chocan con la fuente mayor barroca que corona el Patio de los Naranjos, al pie de la torre catedralicia. Su privilegiada situación y belleza han convertido la Fuente de Santa María en protagonista de leyendas, incluso a uno de sus cuatro caños, el Caño del Olivo, la tradición popular le ha atribuido poderes amorosos. “Yo me estoy quemando vivo / en el fuego de tu cara:  / junto al caño del Olivo / deja que beba tu agua clara” recita un pasodoble muy popular en Córdoba en los años cuarenta.

Junto al caño se inclina, vencido y sumiso, el centenario olivo que le da nombre. Se acabó pedirle a San Antonio un novio, sólo basta con beber agua de este caño para conseguir un marido.

El camino continúa hasta la plaza del Potro, donde se ubica uno de los poemas del libro Elegías de Sandua de Ricardo Molina. En la Córdoba del Siglo de Oro, todos los caminos conducían al Potro, por lo que no es extraño que el recorrido literario pase por aquí, al igual que el poeta durante su paseo meditativo. El Potro fue durante varios siglos el centro de la vida comercial y de las comunicaciones interurbanas de Córdoba con el resto de España. Ya Miguel de Cervantes cita esta plaza en El Quijote y en Rinconete y Cortadillo. Era como el Finisterre de la picaresca de España y los oriundos de este barrio tenían fama de bravos, astutos, graciosos y vivos, de ahí la expresión popular “con eso a otro, que yo soy nacido en el Potro”.

Cerca de aquí, en la calle Lineros, en la modesta casa número 26 vivió el poeta Ricardo Molina, tal como recuerda una sencilla placa de azulejo donde se puede leer “en esta casa creó su más importante obra literaria y flamenca el eximio poeta Ricardo Molina”.

Sería un crimen pasar por alto los jardines del Alcázar de los Reyes Cristianos en este paseo literario. Este lugar inspiró a Molina cuando escribió Carta a Vicente Aleixandre que incluye dentro del libro A la luz de cada día. Las almenas, el agua de la alberca, sus flores y árboles forman un paraíso terrenal que cautiva al visitante.

Caminando hacia la Judería, última parada del recorrido, se halla la calle Tomás Conde, cerca de los Baños Califales, donde en una de sus casas nació el poeta Luis de Góngora. Fue la casa paterna el centro de frecuentes reuniones con sus amigos y donde poseía una gran biblioteca. Más al norte está la plaza de la Trinidad donde se alza una estatua-homenaje al poeta, ya que fue en una de estas casas donde murió. Concretamente en la casa que hoy es el Centro Zalima, esquina con la calle de Las Campanas.

El amor secreto en los patios cordobeses es la clave de la sexta y última parada. El barrio de la Judería es el escenario principal de la Elegía IX de Ricardo Molina, dentro de Elegías de Sandua. El poeta recuerda en su poema los diálogos que mantuvo en un patio típicamente andaluz con su amada. Un amor secreto que vivió en todos los rincones del patio. Un amor oculto, idílico pero efímero y nostálgico. Un amor tan puro como el que sentían todos estos poetas por Córdoba, y tan importante como la tristeza que sentían cuando se encontraban lejos.

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