POLÉMICA EN GIBRALTAR

Monos pero vándalos

  • El Gobierno de Gibraltar anunció el sacrificio de 25 monos para controlar los destrozos que estos ocasionan en la zona oeste del Peñón. Grupos ecologistas piden que se opte por el traslado a los montes de Marruecos

A un lado y otro de Main Street hay decenas de monos colgados. No son de carne y hueso. Son peluches. Lo que el osito Teddy de los almacenes Harrods es para Londres lo es el mono en Gibraltar, con el permiso del tabaco y el whisky libres de impuestos. Si desaparecen los monos del Peñón se acaba uno de los atractivos turísticos más famosos de La Roca. Y con él, el negocio de souvenirs con la cara del primate estampado por doquier. “Es como si Disney matara a Mickey”, resume con gracia Dominique Searle, director del periódico Gibraltar Chronicle.

Los problemas de convivencia entre gibraltareños y macacos –el nombre de la especie es macaca sylvanus y significa mono sin rabo– no es nueva. Pero es ahora cuando han ocupado titulares lejos de la Roca. Desde hace años, los residentes en la zona oeste y alta de Gibraltar han denunciado las molestias que ocasionaban: tiran contenedores de basura a la calle rebuscando comida y entran en viviendas de la zona. Incluso se han registrado casos de agresiones a humanos. Imagínese atacado en su propio salón por un mono, el mismo simio que la francesa Carla Maglier ve como un “simpático animal”. Maglier, junto con su familia, visitaba el pasado lunes  la zona alta de la Roca, por donde pasan cada año miles de turistas y en la que se encuentran los famosos Túneles del Gran Asedio donde los monos son la gran atracción previo pago de casi 10 libras.  En la entrada, se avisa a los turistas de que tengan cuidado con sus pertenencias, ya que estos animales son “propensos a robar bolsos y comida”. Un pequeño monito mete la mano en la mochila de la turista mientras ésta posa para la foto. Maglier rectifica: “Son muy traviesos”.

Franco Ostuni, director general del hotel Caleta los ve de otra forma. Su establecimiento es uno de los más afectados por el ataque de los macacos. Suena a película de ciencia ficción pero ocurre en la colonia británica. “Se enganchan a los cables de la fachada y, a diario, recibimos quejas de clientes que tienen estropeada la televisión”, cuenta Ostuni. Lo de la tele es lo de menos. “Si los huéspedes dejan abierta la ventana de la habitación, los monos se cuelan dentro y destrozan todo. Aparte del enorme susto que el cliente se lleva, hay que reubicarlo en otra habitación y, además, desinfectar y reparar la estancia en la que ha entrado el mono, porque son animales salvajes y tienen enfermedades. Además, casi todos los días tenemos incidentes de monos que se cuelan en la furgoneta que trae el reparto de la fruta o monos que cogen los restos de comida que quedan en las bandejas del desayuno. Incluso, han atacado a clientes que llegan al hotel con un helado o una bolsa de patatas en la mano... A los turistas les pilla desprevenidos. Nadie está preparado para ser atacado por un mono cuando entra en un hotel”, opina Ostuni, que asegura que debido a los destrozos ocasionados por los monos tendrán que realizar reformas en la fachada.

Para hacer frente a estas denuncias, a mediados del mes pasado, el Parlamento de Gibraltar anunció que se iba a realizar una matanza selectiva de monos en la colonia para “controlar la población existente”. En concreto, se trataba de sentenciar a muerte a 25 de ellos, aparentemente el grupo que se había desligado de la manada de 200 que actualmente viven en libertad en el Peñón. Una lluvia de protestas cayó sobre el gobierno de Peter Caruana. Incluso la Liga Internacional para la Protección de los Primates en Reino Unido amenazó con convocar un boicot turístico en Gibraltar si el anuncio se llevaba a cabo. “No somos expertos, pero supongo que habrá otras alternativas menos drásticas. Nadie quiere que se maten animales. Es una decisión muy impopular. Los macacos son un símbolo de la colonia y la solución que se tome debe ser una medida a largo plazo”, considera Ostuni, que no ve en el sacrificio la solución a un problema que ya ha llegado al Parlamento Europeo a través de las preguntas de David Hammerstein, eurodiputado de Los Verdes.

De hecho, los macacos están en la lista roja de especies vulnerables, ya que sus hábitats naturales suelen estar amenazados por las actividades humanas y, aparte de Gibraltar, sobreviven menos de dos mil ejemplares en los montes Atlas de Marruecos.

Problema y solución

Los monos estuvieron bajo control durante décadas cuando unidades del Ejército británico salían regularmente a hacer maniobras al monte. “Entonces, la población estaba estudiada genéticamente y cada mono tenía su nombre, y se recibía una ayuda económica por parte de la Corona británica para mantenerlos”, recuerda John Cortés, secretario general de la Sociedad Ornitológica y de Historia Natural de Gibraltar (Gohns).

Cuando la presencia militar se redujo en la zona, el control de los animales pasó a manos civiles. Estos primates, promiscuos por naturaleza, se reprodujeron en masa en los 90 porque no se aplicaron medidas anticonceptivas. A ello se le sumó que los turistas, cada vez más numerosos desde 1985, cometían la imprudencia de alimentarlos con golosinas para obtener la simpática foto de viaje. Ahí está el problema: los macacos se multiplicaron y se malacostumbraron.

Para frenar esto, se aplicó una normativa local con multas para quien alimentara a los monos de la zona alta. De hecho, a raíz de la reciente polémica, la Gohns ha instado al Gobierno local a endurecer la legislación. Cortés advierte de que si los monos son alimentados constantemente por residentes y turistas, “ven a los humanos como una fuente de comida a la que recurrir habitualmente”. Es decir, los monos van a lado oeste porque allí saben que encuentran comida. Pero según Cortés, “están perfectamente alimentados y diariamente se les reparte fruta y verdura”. Sin embargo, un grupo de unos 25 primates está creando la alarma social y si el problema no se ataja podrían llegar a pasar a la zona céntrica de la Roca. El problema se haría extensivo al resto de la población.

Por ello, hace un mes, se anunció que dos de los macacos habían recibido una inyección letal. Sin embargo, Cortés asegura que su sacrificio no responde al plan de control de la población de macacos sino que eran “animales enfermos”. Sea como fuere, una vez hecho público esto, tanto el Gobierno gibraltareño como la Gohns han recibido ofertas para que los monos sean trasladados con objeto de evitar su muerte. “Desde que fuimos conscientes de que el cuidado de los monos se había ido de las manos, hemos estado en contacto con Marruecos, Argelia y Túnez para el traslado de varios grupos”, dice Cortés.

Estos países tienen medios naturales donde podrían vivir en libertad y repoblar así las zonas en las que el número ha descendido considerablemente. “Es un proceso burocrático lento porque hay que solicitar muchos permisos”, advierte. Pero, no hay mal que por bien no venga, Cortés asegura que “dada la publicidad que ha tomado el tema hemos recibido numerosas ofertas de países y parques naturales interesados en recibir varios ejemplares”. Y añade que “a día de hoy el plan de sacrificio de los monos está paralizado”.

Capturar a 25 primates acostumbrados a vivir en libertad es complicado pero es la solución ideal. Desaparecería el grupo de monos insurgentes, aumentaría la población de primates protegidos en el Norte de África y descendería el número de macacos de la Roca. Y continuaría la leyenda: mientras existan monos en la colonia, la Roca pertenecerá a la Corona británica.

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