Autopista 61

Mayo del 68

Mayo del 68 fue una revuelta estudiantil, una más entre docenas, pero sobre todo significó la aparición de los jóvenes como nueva clase social que iría ocupando más y más espacio público (hoy, de hecho, lo monopoliza por completo: la obsesión por la eterna juventud y la consiguiente idolatría de la cirugía rejuvenecedora es la última victoria de mayo del 68). Pero me temo que sabemos muy poco sobre lo que ocurrió. Veamos: los estudiantes pertenecían a docenas de grupúsculos, muchas veces enfrentados entre sí. Había anarquistas, trotskistas y maoístas, pero también había gente que llevaba retratos de Marx y Lenin, o del Che Guevara, aquel ángel humanitario y asmático. Y también había los exaltados y aventureros de siempre, más o menos borrachos y más o menos intoxicados por la ideología y la sed de aventura. "Olvidaos de todo lo que habéis aprendido. Empezad a soñar", decía una pintada. "En una sociedad que ha abolido todas las aventuras, la única aventura posible es la de abolir la sociedad", decía otra. Como puede verse, los poetas frustrados no faltaban entre los revolucionarios. De hecho, todas las revoluciones suelen llevarlas a cabo los artistas frustrados.

Lo que no se sabe es que la revuelta terminó cuando el presidente De Gaulle, en un consejo de ministros, decretó un aumento de un 35 por ciento en el salario mínimo de los trabajadores públicos, así como otro aumento de un doce por ciento en los demás salarios. De inmediato, los sindicatos y el Partido Comunista corrieron a sofocar la revuelta estudiantil, que se extinguió, por así decir, de muerte natural.

Yo creo que hay dos herencias del mayo del 68, una buena y otra mala, y por eso convendría distinguirlas bien. La peor herencia es la superstición de la utopía política como objetivo que debe anteponerse a cualquier otro, ya que esa obsesión por hacer que los sueños se conviertan en realidad ha ocasionado algunas de las peores pesadillas imaginables (la Camboya de los khmeres rojos, por ejemplo, o la larga trayectoria de ETA). Pero también hay una herencia moral que no me parece mala en absoluto. La libertad sexual, y el rechazo del puritanismo, y el sueño hippy de un mundo en paz, y la resistencia a la imposición y el autoritarismo como métodos de enseñanza: todo eso podría considerarse positivo. Y también nos queda la espléndida música de aquella época, desde Leonard Cohen a Janis Joplin, aunque aquella música no viniera de París, sino de mucho más lejos.

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