DÍA MUNDIAL DEL MEDIO AMBIENTE

Ahorro para llegar a Kioto

  • Expertos y ecologistas piden subir la tarifa eléctrica para bajar el consumo de energía. La Junta promueve cursos de conducción ecológica en las carreteras y ultima certificados de viviendas eficientes

En realidad, el dióxido de carbono, o C02, ocupa una pequeñísima parte de la atmósfera. La última medición, realizada en el observatorio hawaiano de Loa Manua este mes de mayo, señalaba que de este gas hay sólo 387 partes en el aire por millón de partículas. Esta ínfima proporción, sin embargo, no debe de llevar a engaño. Desde un punto de vista cualitativo la mayor o menor presencia de C02 en las capas que rodean la Tierra tiene serios efectos. Es fácil de entender: el sol emite calor y el planeta lo refleja en forma de radiaciones. Éstas tienen como destino el espacio exterior, a no ser que el dióxido de carbono, entre otros gases, haga de tapón. Esto es lo que se llama efecto invernadero. En esto consiste el cambio climático.

El registro de Loa Manua es el de mayor  concentración de CO2 de los últimos 650.000 años, y hay que tener en cuenta que este gas es el principal responsable del aumento de temperatura. Las emisiones han aumentado un 60% desde la revolución industrial, en buena parte por el factor humano y, principalmente, por la combustión de material fósil para lograr energía. El protocolo de Kioto, firmado en 1997, impuso a los países industrializados el compromiso de reducir las emisiones en 2012 en un 5% respecto a las que había en 1990, año de referencia. Para España, las condiciones eran más generosas: podía asumir hasta un 15% más en relación a la fecha propuesta.

El informe Evolución de las emisiones de gases de efecto invernadero en España 1990-2007, elaborado por CCOO y la revista World Watch, no es nada optimista. Si en 2006 los niveles de CO2 bajaron un 2,61%, en 2007 volvieron a subir, un 1,8%, lo que supone un 52,3% de aumento respecto a 1990. Muy lejos de los objetivos de Kioto, y también lejos del 37% previsto por el Gobierno para 2012.

De ello la industria no es la única responsable. También lo es la sociedad civil y, en concreto, las familias. Y no es casualidad, por eso, que este año el Día Mundial del Medio Ambiente, el próximo jueves, tenga como lema la reducción de los gases de efecto invernadero. El consumo de energía primaria, el principal factor que incide en la emisión de CO2, ha crecido en un 60,3 por ciento desde 1990 y Andalucía no ha ido a la zaga: si se toma como fecha de referencia el año 2000, hoy se consume un 27,5% más. A ello se le suma el transporte, al que se le atribuye en España un 28% de las emisiones. Es el principal factor de salida de CO2 a la atmósfera del llamado sector difuso, es decir, el que no es industrial. Los expertos consultados por RdA reflexionan sobre las razones de fondo que hacen que, a pesar de la estabilización de emisiones desde 2005, España siga siendo el líder de los países industrializados en esta cuestión.

Carlos Granado es catedrático de Ecología e incide en una cuestión de partida: “Es un problema de estructura productiva. No es tan fácil querer reducir el consumo y cambiar los modos de producción y, al mismo tiempo, querer también ser competitivos. Para eso tendríamos que cambiar nuestros modos de vida y redirigir toda la política industrial”. El catedrático de Termodinámica Valeriano Ruiz va más a lo concreto: “Hay un factor que creo que es esencial. Aquí la energía es muy barata y eso hace que haya más consumo y más gases de efecto invernadero.  No hay ninguna razón económica para disminuir el consumo, pero ¿cómo se le dices a la gente que va a subir la tarifa? Hay una dialéctica contradictoria. De esto no tienen la culpa sólo los políticos o el ministro de Energía, sino el conjunto de la sociedad”. En la misma línea se manifiesta Raquel  Montón, responsable de la campaña de cambio climático de Greenpeace: “Es necesario que paguen más los que más consumen y que la tarifa refleje el coste real de la electricidad”. En la actualidad, el Gobierno establece una tarifa y compensa al distribuidor por el déficit generado por la subida de costes. “Es una deuda que pagamos millones de españoles, a través de impuestos”, dice.

El Plan Andaluz de Acción contra el Clima 2007-2012 recoge un conjunto de acciones para atenuar el factor humano en el efecto invernadero. Buena parte de ellas, ya en marcha, tienen que ver con el incentivo a las energías renovables, sin duda la apuesta más decidida de la Junta de Andalucía en el sector energético. Ahora representan el 15% de la potencia instalada y se espera que en 2013 estén en el 30%. Dos ejemplos recientes: la  instalación en Aznalcóllar (Sevilla) por parte de Schott de la única planta española de fabricación de tubos solares; y el proyecto en marcha, en Vejer de la Frontera (Cádiz), de una planta fotovoltaica que producirá un consumo equivalente al de seis mil viviendas. Su apertura, en octubre.

Más lento es el camino recorrido en cuanto a ahorro y eficiencia energética, el nuevo caballo de batalla de las Administraciones. El catedrático Valeriano Ruiz se lamenta de que, por ejemplo, los planes de movilidad urbana apenas si se estén desarrollando: “He propuesto varias medidas y no acaban de hacerme caso, como fomentar la moto frente al coche o incentivar la compra de vehículos eléctricos. Los transportes públicos, además, no están aún a la altura de las circunstancias”. La Consejería de Obras Públicas planea, entre otras cosas, crear carriles bus en carretera y establecer mayores limitaciones a la velocidad de los vehículos. Actualmente se está en la fase de evaluar la cantidad de CO2 que se podría ahorrar con estas medidas.

Ya están en marcha, por otro lado, los cursos de conducción eficiente. Los gestiona la Agencia Andaluza de la Energía, con fondos europeos y bajo gestión del Instituto para el Ahorro y la Diversificación Energética (Idae). Torcal Autoescuelas, que opera principalmente en Granada, es una de las empresas adjudicatarias de este proyecto. “Hasta ahora estamos impartiendo las clases al personal de instituciones y empresas públicas, además de a alumnos de universidades como Cádiz o Sevilla”. La demanda, de organismos públicos fundamentalmente, refleja lo incipiente de la idea y el camino que queda por recorrer. Ninguna empresa de transportes, hasta ahora, se ha ofrecido a participar, a pesar de que los cursos son totalmente gratuitos. Lo que sí hay es un programa para profesores de autoescuela en relación a vehículos profesionales.

Los trucos de conducción ecológica permiten ahorrar, como mínimo, un veinte por ciento de combustible. El usuario aprenderá, por ejemplo, a cambiar de marcha en el momento justo o comprobará que es mejor no pisar el acelerador cuesta abajo cuando las revoluciones son más de 1.500 o que es más efectivo para ahorrar combustible conducir con el aire acondicionado y las ventanas cerradas que simplemente dejarlas abiertas. “Para gastar menos lo aconsejable es un coche de ochenta o noventa caballos, aunque lo suyo sería comprar un híbrido, que mezcla electricidad y gasolina pero con un coste muy alto, al menos por ahora”, afirma el profesor Manuel Rodríguez.

La ecoficha, que certifica la eficiencia energética del vehículo y que incluye un impuesto adicional en caso de alto consumo, ya está implantada en los electrodomésticos. Y está llegando a las viviendas. El Código Técnico de Edificación ya impone el uso de energía solar, térmica o fotovoltaica  en las nuevas construcciones, y ahora llega el certificado de eficiencia energética. Es lo que intenta conseguir en Jun (Granada) Iberdrola Inmobiliaria, con una promoción de 26 viviendas que se inscriben dentro de lo que se llama arquitectura bioclimática. Entre sus innovaciones están, por ejemplo, el diseño de dos tuberías, una para las aguas fecales y otra para las pluviales. Ésta última conducirá a un decantador que purificará el líquido elemento para reutilizarlo en el riego de jardines. El objetivo es conseguir ser la primera urbanización en Andalucía que tiene el distintivo energético de clase A, que sólo lo pueden conseguir aquellas viviendas que obtienen una reducción  mínima de un 60% de sus emisiones.

“Se vuelve a lo de siempre, a lo tradicional con nuevos materiales, y no a inventos que son excesivamente complicados,”, señala el arquitecto Luis Machuca, autor del nuevo edificio de la Diputación de Granada, considerado ejemplo de arquitectura bioclimática. En los   nuevos edificios públicos, señala, ya es habitual que lo primero que tenga en cuenta el arquitecto sea el control de la luz y el clima. Menos energía, ante todo.

El problema es la vivienda privada. Los ejemplos en Andalucía son escasos, y el sobrecoste del precio final, de entre un cinco y un diez por ciento, es todavía un freno para el comprador. Machuca defiende la nueva tendencia: “Es algo que tiene que ir calando.Es verdad que aumenta el precio, pero los edificios son más durables, porque los que se usan son los mejores materiales”.

Un ejemplo de edicicio autosuficiente energéticamente es el de la fábrica de Isofotón, la empresa malagueña de células fotovoltaicas. Situada en el Parque Tecnológico de Málaga, los paneles solares que recubren el edificio hacen en verano de parasol y en invierno absorben la radiación. En el interior, ya se experimenta con una nueva solución que en  un medio plazo puede ser revolucionaria. Se están probando tubos de absorción del calor solar capaces de generar frío. De momento, estos peculiares aparatos de aire acondicionado son muy grandes, y sólo podrán usarse en grandes edificios. Pero en el futuro será posible su uso en las viviendas. Su instalación, especialmente en Andalucía, será un símbolo de la nueva revolución que se avecina: la de la energía.

La industria

Mientras llega esta revolución, la industria tradicional y que aún produce más del 70 por ciento de la energía, hace frente al llamado plan nacional de asignación de emisiones. En esencia, consiste en conceder a sectores, empresas e instalaciones una cantidad gratuita de gases para soltar a la atmósfera. Si se supera ese límite, la compañía deberá acudir al mercado de créditos de carbono, en el que una unidad es una tonelada, para seguir emitiendo gases a la atmósfera. O también puede recurrir a mecanismos de compensación previstos en Kioto. ¿Cómo? Invirtiendo, por ejemplo, en energías renovables en países en vías de desarrollo, que, por ahora, están liberados de cualquier compromiso de reducción. Empresas como Endesa o Abengoa obtienen créditos por todos los gases que se han dejado de emitir gracias al proyecto. Para Greenpeace, la “generosa” asignación del Gobierno ha causado que muchas empresas puedan retener créditos sobrantes para revenderlos o usarlos como moneda de cambio cuando suba el precio del C02. “Hasta tal punto llega esto que Bruselas ya se está planteando asumir en 2012 las asignaciones, y quitársela, por tanto, a los gobiernos”, señala Raquel Montón, quien añade que se está barajando la posibilidad, incluso, de iniciar un sistema de asignación de derechos por subasta. La arbitrariedad de algunos países a la hora de asignar puede propiciar esta medida, siempre para después de 2012. No es ilógica, ya que la UE pretende separar la emisión industrial del resto de sectores, para hacer así más fácil la evaluación real de las emisiones. Un ejemplo: Almería emite más C02 que Luxemburgo, el país con más renta per capita de la Unión. La causa es la fábrica de Carboneras, en cuya instalación y funcionamiento ninguna responsabilidad tienen la sociedad civil almeriense.

Las eléctricas, y en concreto Endesa, matizan, por otro lado, la generosidad gubernamental denunciada por Greenpeace. Fernando Ordóñez, responsable de Medio Ambiente en Andalucía de esta compañía, habla de un trato distinto según las empresas:  “En España, por decisión ministerial, el sector eléctrico es el único de todos afectado que soporta un claro déficit. El plan 2008-12 ha asignado a todos los sectores las mismas cantidades anuales, incluso con un ligero incremento respecto al periodo 2005-2007, excepto en el caso del sector eléctrico, al que se las ha reducido aproximadamente en un 50 por ciento”. ¿La razón? El componente social de industrias como las acerías o las cementeras, de supervivencia difícil en caso de que tuvieran que asumir un alto pago por atenuar los efectos del cambio climático.

En Andalucía hay tres instalaciones, todas centrales energéticas cuya materia prima es el carbón, con un alto nivel de emisiones: la de Puente Nuevo (Espiel, Córdoba), gestionada por Viesgo Generación, la de Carboneras (Almería) y la de Los Barrios (Cádiz), ambas gestionadas por Endesa.  Estas dos últimas han tenido déficit de emisiones. Así, Carboneras, la quinta de España que más emite y con dos unidades de generación, tenía asignados  5.653.849 toneladas en 2006 y asumió en realidad  6.326.518. En el mismo periodo, Los Barrios, que tenía 3.012.048, superó el límite y llegó a las 3.340.822. “Es cierto que estamos más lejos del cumplimiento del protocolo de Kioto, pero una central como Los Barrios,  no sigue esa senda de aumento, ya que desde el primer día, en el lejano 1985, ha emitido lo mismo”. Según Ordóñez, las mejoras tecnológicas introducidas en las centrales permiten una mejora anual en el rendimiento de un  1%.

El de la cerámica industrial es otro de los sectores que más C02 emite a la atmósfera, al menos en Andalucía, donde funcionan hasta 130 empresas este tipo. La creación de Innovaarcilla, con sede en Bailén, trata de mejorar el sector con procesos nuevos de cocción de la arcilla, que es el momento en el que, por las altas temperaturas, se produce la fuga de dióxido de carbono. Al igual que las centrales de Carboneras o Los Barrios, estas empresas también son deficitarias y, hasta ahora, han emitido más de lo asignado en sus planes por el Gobierno. 

El creciente consumo eléctrico, el uso del transporte privado y los procesos de fabricación industrial son los principales factores que contribuyen a emitir más dióxido de carbono. Aunque la unanimidad no es total, los científicos coinciden en que el hombre sí está contribuyendo a un cambio en el clima. Y eso lleva a un cambio en los hábitos de vida. Todo por exactamente 387 partes por millón de partículas presentes en el aire.

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