La 'zona cero' del temporal más feroz

  • Tras poco más de una semana del brusco despertar de Nochebuena que se llevó por delante más de 300 árboles, los efectos de la tormenta siguen aún muy presentes

Árboles caídos, coches aplastados, tejados sin tejas e incluso un vaquero buscando su vaca perdida. Un vehículo de Protección Civil recorre las zonas afectadas por el temporal de viento, lluvia y granizo que levantó a muchos portuenses de sus camas a eso de las siete de la mañana del pasado día 24. Al volante un agente de Protección Civil comenta con su copiloto, el concejal de Policía Local y Protección Civil, Carlos Montero, la destrucción aún visible que sembró la fuerte tormenta y señala continuamente nuevos puntos de la tragedia material y medioambiental que milagrosamente no fue humana porque a los vientos les dio por desatarse a una hora tan intempestiva como las siete de la mañana.

A esa hora una amiga vecina de Fuente Bermeja llamaba al concejal para avisarle de lo ocurrido, poco después le telefoneaban también de Protección Civil y un policía local. Daban las ocho menos veinte cuando Carlos Montero llegó al lugar de los hechos y se encontraba con un panorama desolador. Lo primero era coordinar todos los medios a su alcance. Bomberos, Policía Local y Nacional, Protección Civil, la empresa concesionaria del mantenimiento de jardines públicos y todas las áreas municipales fueron avisadas. Las primeras imágenes dejadas por el paso del temporal eran impactantes. "Los medios de comunicación no se hicieron una idea completa porque cuando llegaron la labor de los distintos cuerpos había normalizado todo un poco. Cuando llegué media hora después de haber ocurrido el panorama era dantesco, la gente salía a la calle sin saber que hacer, angustiados y desorientados porque aún era de noche y no sabían que había pasado".

En esos primeros momentos las primeras actuaciones fueron encaminadas a despejar las calles para que pasaran los bomberos y a talar los árboles que estaban desprendidos y habían caído sobre viviendas o había riesgo de que lo hicieran.

Pasamos El Ancla y Las Redes y muchos de los árboles siguen tendidos o inclinados al igual que las vallas, cuesta imaginarse la fuerza a la que debía circular el viento para crear semejante destrucción. El agente de Protección Civil pide permiso para entrar en la casa de ejercicios la Inmaculada de El Ancla, donde una monja cuenta el susto que se llevaron. "Pasamos mucho miedo y el viento llegó a romper los cristales", apunta. Junto a ellos cayeron unos 150 árboles, en su mayoría pinos. Fue el precio de estar en el punto por el que la masa de aire penetró en la ciudad.

"El huracán se puede avisar con 48 horas de antelación, sin embargo este fenómeno es totalmente imprevisible", comenta Carlos Montero. Desde la ventanilla del coche el número de pinos, cipreses, eucaliptos y hasta olivos que se aprecian sobre el suelo es incesante. Incluso se baraja que se haya incrementado notablemente los 200 árboles que en un principio se pensaba que habían sido arrancados, tal y como reconoce Montero.

Placas solares, un kiosco de la ONCE, chimeneas, una torreta de electricidad... la lista va ampliándose mientras el vehículo avanza por el Pinar del Obispo, Camino Viejo de Rota, Montes de Oca, Winthuyssen o Las Manoteras. "Un vaquero llegó a decirme el día del temporal que estaba buscando a una de sus vacas", cuenta como curiosidad el concejal.

La limpieza de canales ha impedido que a los problemas citados se una el de las inundaciones, por lo que el trabajo de prevención ha resultado efectivo. También ha sido eficaz la respuesta que se dio el mismo día del suceso, cuando los bomberos que acababan turno a las siete de la mañana siguieron en sus puestos prestos a ayudar a los que venían a sustituirles y otros que tenían descanso acudieron sin ser llamados. "Todos se volcaron en ayudar a los afectados, incluso algunos ciudadanos participaron en algunos momentos. Llegó incluso a ser emotiva tamaña muestra de colaboración y desprendimiento".

Junto a las inundaciones del verano de 2007, cuando acababa de asumir el cargo, el temporal del otro día ha sido su momento más complicado para Montero al mando de la Concejalía. "A la cena de Nochebuena llegué destrozado y estaba ya medio enfermo. En 36 horas tomé tres tés y una loncha de jamón".

El vehículo de Protección Civil vuelve a su sede dejando atrás las huellas del paso de la fuerte tormenta, aún imborrables. Más aún tardará en borrarse la Nochebuena de 2009 para aquellos que vivieron en la 'zona cero' el trance en primera persona.

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