La protección frente a los malos tratos desborda a la Guardia Civil

  • La AUGC denuncia que no hay personal para atender a las víctimas, que en áreas como Chiclana superan las 200 y en la Sierra, incluso el número de agentes

Las órdenes judiciales de protección de mujeres víctimas de malos tratos tienen desbordada a la Guardia Civil en la provincia de Cádiz, donde se contabilizan más de 600, según denunció ayer la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC), que aglutina a más de un millar de agentes en la provincia y 26.000 en toda España. No hay efectivos suficientes ni siquiera para hacer una visita diaria a cada una de ellas en zonas como la Sierra, donde las órdenes superan el número de guardias. La situación es también alarmante en Chiclana, que con más de 200 medidas de protección, acapara un tercio del total provincial.

Se trata sólo de un ejemplo que ilustra la falta de personal que se padece en las Comandancias de Cádiz y Algeciras, una de las carencias que denuncia la asociación en un completo Informe sobre seguridad ciudadana en la provincia de Cádiz que presentó ayer en Cádiz Juan Antonio Delgado, secretario nacional de Comunicación de la AUGC. Delgado compareció ante los periodistas acompañado del secretario provincial José Encina y del asesor jurídico del colectivo en territorio gaditano. Los tres incidieron en la necesidad de un estatuto especial para la provincia en materia de seguridad, sobre todo frente a la escalada del narcotráfico, con un incremento en 2007 de casi el 42 por ciento respecto a 2006 y de la estancia irregular de inmigrantes, con una subida del 166 por ciento.

"Hay más agentes que en 2004, dos fiscales antidroga y un grupo contra el crimen organizado, pero no es suficiente para dar un servicio operativo a la sociedad", dijo Delgado, quien reconoció que el Sistema Integral de Vigilancia Exterior (SIVE) es eficaz, pero no sin el número suficiente de agentes al frente.

Tanto Delgado como Encina denunciaron también las pésimas condiciones en las que algunos agentes desempeñan su labor, desde acuartelamientos en pésimas condiciones de conservación y desde puestos que difícilmente pueden ser operativos con sólo tres agentes.

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