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La feria de los (280) caracteres

  • La presencia en redes sociales se ha convertido en obligatoria de facto entre portavoces políticos

  • Teresa Rodríguez, la política andaluza con más seguidores en Twitter, no cree que su uso sea ya distintivo entre "vieja y nueva política"

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La feria de los (280)caracteres

"Tanto Twitter y tanta opinión", ¿lo recuerdan? Teófila Martínez pronunciaba esta frase, adobada con un desconocimiento palmario de las nuevas tecnologías, hace cinco años. Hoy día, que un candidato se muestre como un ignorante digital es una invitación directa al exilio. Ya entonces era de farolillo rojo: Twitter eclosionó como herramienta de posibilidades para la clase política cuando Obama hizo de ella su plataforma en sus dos carreras a la presidencia. La red social también le sirvió mucho, y muy bien, al Tea Party, por ejemplo. Ah, y bueno. Tenemos a Trump, que ha provocado, él solito, que uno de los fundadores de Twitter se disculpe por "haber contribuido" a su llegada a la presidencia.

En la actualidad, un político sin presencia en las redes sociales es un candidato vacío. En España, si hay una formación que, por generación y naturaleza, ha sabido moverse desde el primer momento en ese medio, esa es Podemos: Pablo Iglesias es uno de los líderes europeos que reúne mayor número de seguidores y Teresa Rodríguez, la figura política más seguida en Twitter en Andalucía. La diputada por Podemos en el Parlamento andaluz asegura que su perfil en redes nunca ha estado desligado del activismo, porque al fin y al cabo, su vida tampoco lo ha estado. "Pero lo que publico no siempre está ligado a la actualidad: a veces escribo sobre poesía, carnaval, sobre la vida cotidiana..." Para Rodríguez, Twitter es el lugar donde le dejan "decirle a los demás lo qué pienso y hago sin interferencias, sin filtros y sin vetos. No tenemos amigos poderosos en las grandes empresas de comunicación, así que las redes son nuestra única voz y ya empiezan a ser más importantes que lo publicado en los medios. Por eso están reprimiendo en las redes sociales, para seguir diciéndonos lo que debemos saber, lo que debemos pensar, lo que debemos comprar y lo que debemos votar. Pero cuando el totalitarismo impera, siempre habrá nuevos refugios para la resistencia, siempre".

No cree, sin embargo, que el uso de redes sea ya distintivo entre vieja y nueva política: "La vieja política ya ha visto que tiene que estar en la comunicación que ocurre en los telefonitos de la gente y ya están ahí a tope con sus equipos de chavales y chavalas con flequillito y gafas de pasta. La nueva política para mí es la desprofesionalizada, la que se ejerce como un sacrificio personal con la comunidad y por el bien común, la 'política profana' que decía Bensaid. ¡Eso sí que es novedoso!".

"La democracia -continúa- es necesariamente conflictiva y maravillosa, como las redes. A mí, me trolean más en prensa normal (risas). Ahora en serio, toda interacción sin mediación de los intereses del mercado es interacción productiva". Y hay ataques, desde luego, que son medallas: "Si no me atacaran aquellos a los que animo a salir del conservadurismo y de la cultura de la opresión, es que no me estoy ganando el sueldo".

¿Y la tentación de borrar las cuentas? "Sí -contesta-, y de dejar el Parlamento, irme a mi precioso instituto de Bornos a enseñar poesía, sembrar un huertecito, dedicarme a la crianza, al hedonismo y a la filantropía. Claro que sí, pero todavía no".

En el polo opuesto está María José García Pelayo, diputada del PP por Cádiz. No tiene ni Twitter, ni Facebook, ni nada. "Me regañan en el partido, pero es que pienso que eso no es política, a mí me gusta la política del cara a cara, del contacto. Lo siento, pero no puedo. Ni lo tengo ni lo voy a tener".

"Todas las redes son importantes -podría bien replicarle Julián Macías, uno de los coordinadores de redes en Podemos-, pero en España, a nivel de usuarios, Facebook es la que se lleva la parte del león. Twitter es la cuarta red social pero, por su inmediatez, la utilizan mucho periodistas y medios, con lo que no sólo sirve para estar en contacto con ellos, sino que lo que publiques ahí tiene un gran impacto. Sin olvidar cuestiones como la permeabilidad que con programas de televisión, que publican sus propias etiquetas con lo que la gente puede ir comentando. Y luego están las tendencias, que muchas veces pueden servirte para marcar la agenda política o para una denuncia en particular. Para, en definitiva, generar opinión".

"En un perfil político -continúa-, lo fundamental está en el propio discurso. Luego está la parte personal, que sirve para humanizar. Pero, en este sentido, Instagram quizá sea la red social que más sirve para dibujar el alma de las personas".

El uso de redes sociales está en el germen de lo que sería Podemos, cuenta Teresa Rodríguez, "con el 15M y antes. Muchos y muchas de nosotras venimos de ahí. No solo con redes más comerciales como Twitter, sino con multitud de herramientas digitales, muchas de ellas de software libre y desmercantilizado. No podíamos esperar a que las empresas de comunicación tradicionales fueran a hacerse eco de nuestras convocatorias. Cuando el eslogan es 'no somos mercancía en manos de políticos y banqueros', nadie te ayuda a convocar, jeje... Eso te hace construir espacios de resistencia que en este caso han sido digitales, porque las limitaciones a la libertad de expresión han mutado, las formas de resistencia contra ellas también. De ahí que les llevemos ventaja en redes ".

De idéntica opinión es Julián Macías, que coincide con Rodríguez en apuntar que las redes supusieron un espacio para dar voz a quienes no tenían los contactos o la oportunidad, y también en que, en los últimos tiempos, la utilidad de las redes sociales ha sido mimetizada desde las posiciones de poder: "Cuando veían que perdían el pulso social, han ido aprendiendo a generar tendencias y falacias soportadas, en gran parte, por diarios digitales que alimentan bulos a través de cuentas trol. En Google pones 'Podemos' y las primeras entradas que suelen salir son siempre fake news".

Ya dimos con el ruido. Las redes sociales como herramientas de comunicación política se defienden desde su cualidad de medidores, de aglutinadores sociales, de su potencial como creadores de opinión y de retroalimentación. Pero, ¿hasta qué punto el ruido, ya sea en forma de trolls, de burbuja digital o falta de filtros limita todo esto? Fernando Vallespín y Máriam M. Bascuñam destacan en Populismos (Alianza) la pérdida de peso e impacto de los guardianes de la información -de los periodístas, sí, pero no sólo: pregunten a médicos y profesores-. "El modelo que se está imponiendo -escriben- es opuesto al del foro público". Lo que T. Adorno llamaba el "narcisismo de la opinión".

Es cierto que las redes han abierto un espacio a la comunicación participativa que difícilmente podrá ignorarse. Tienen, además, la cualidad de poder humanizar a una clase política que ha estado hundida en la desafección. Si la lista de Spotify de Pedro Sánchez es más chula de lo que creíamos, su imagen ganará puntos. El aspecto tendencioso de este lado del juguete lo recreó de forma perfecta House of Cards: los republicanos Conway, tan monos, tan instagramables... ay, ¿quién podría no enamorarse, recriminarles nada?

"Si un político quiere humanizarse, lo que tiene que hacer es una política humana, pensar en sus ciudadanos -comenta Rafael Rodríguez Prieto, profesor del Área de Filosofía del Derecho y Política en la Universidad Pablo Olavide de Sevilla-. Que me enseñen qué desayunan es mera propaganda. Lo que me sirve es que sean sensibles a las situaciones de los ciudadanos, que al fin y al cabo es lo que interesa a la gente, o lo que debería interesarle".

Rodríguez Prieto es también coautor, junto con Fernando Martínez Cabezudo, del libro Poder e Internet (Cátedra). "De forma inevitable, tendemos a mitificar la tecnología. Cuando internet y las redes sociales se desarrollan, se entiende que es una vía que hay que explorar y profundizar. Da un carácter moderno, fresco y juvenil para contactar con la gente. Al principio, se entendió así. Con el tiempo, se va decantando y viendo las aplicaciones que pueda tener, y también se va viendo el humo que tienen. En mi opinión, Twitter, por ejemplo, no responde a esas consideraciones que decían que tenía".

Algo parecido piensa Jorge Fernández, especialista en marcas y publicidad y profesor en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Sevilla: "Parece que los políticos abren perfiles en redes sociales porque no tienen más remedio, pero luego no se trabajan -comenta-. Hubo una época en que se decía que si no salías en televisión, no existías. Luego llegaron las .com, que parecía que toda empresa tenía que tener su página. Ahora pasa exactamente igual con los perfiles en redes, y creo que estamos llegando a un momento de la tiranía del perfil. La vida virtual tampoco es totalmente extrapolable al ámbito político: no se puede sustituir la cercanía real por un tuit. El mitin como pseudoacontecimiento, el ir a una presentación de un libro... las redes tienen que servir como herramientas que comuniquen unas semánticas tangibles e intangibles de tu personalidad como marca".

Lo que desde luego cambia con el uso predominante de las redes es la naturaleza del discurso: de ser unidireccional pasa a ser bidireccional. "Hoy día, pretender controlar un discurso es imposible. Es un riesgo que han de correr marcas y políticos -continúa Fernández-. Hay un nuevo espacio de libertad, es cierto, pero también se produce una democratización perversa, a veces peligrosa, de ámbitos muy serios".

La necesidad implícita, por formato, de simplificar lo que se dice "puede ser algo positivo, pero habitualmente es negativo porque lo que hace es llevar hacia el reduccionismo: en vez de mensajes más reflexivos, se vuelven más ligados a la consigna", señala Rafael Rodríguez Prieto. Un camino que lleva más fácilmente, por tanto, a la polarización de opiniones: "En un encuentro a raíz de la publicación de este libro, el abogado Javier de la Cueva me comentaba que había realizado un estudio que vinculaba proclamas en Twitter con la propaganda de Goebbels -desarrolla-. Se habla desde la simplificación y el reduccionismo. Twitter establece esferas aisladas en donde se habla entre sí y no existe diálogo ni reflexión".

"Y, por supuesto -continúa Rodríguez Prieto- es campo abonado para los temas de odio. El control de determinadas redes sociales por parte de especialistas puede conducir muy fácilmente a una riada de opinión. Twitter puede ser interesante para algunas cosas: con el 15M se conoció la capacidad de estas herramientas pero también se sobrevaloró un poco su efecto".

"El uso sistemático de la herramienta por parte de los políticos, con la que sustituyen muchas veces a las ruedas de prensa, es minusvalorar el trabajo de un periodista que ha estudiado una carrera, se ha especializado... Muestran poco respeto por la profesión periodística pero también por el conjunto de los ciudadanos. Y luego ya hay casos como el de Trump, que ha convertido la comunicación política en un chiste. No olvidemos, además -recuerda- que las redes sociales son empresas privadas con ánimo de lucro, y tus derrechos individuales pueden verse vulnerados".

"Teóricamente, cuando las marcas generan contenido, tiene que ser relevante - apunta, por otro lado, Jorge Fernández-. Si te limitas a realizar mensajes planos y oficiosos, eres irrevalente. Traducido a política, el perfil de un político no debería limitarse a desgranarme el discurso oficial de su partido, sino que debería ampliar el abanico, por ejemplo, a temas de interés. Como en marcas, el principal handicap es que hay que encontrar contenido relevante para un público heterogéneo y segmentado, y aquí tenemos poca experiencia en generar y buscar esos contenidos. El que las nuevas formaciones se muevan mejor en redes tiene, hasta lo que he podido comprobar, mucho de tópico".

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