La distinción a una vida trajinando entre periódicos

  • La bornense Francisca Andrades ha recibido, a sus 89 años, la Medalla al Mérito en el Trabajo tras regentar durante 35 años un quiosco de prensa y chucherías

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A las seis de la mañana, a la Calvaria la despertaban con un fajo de periódicos, que caía al suelo de su casapuerta, en Bornos. El peso de lo importante venía en papel. La Calvaria lo recogía de manos del repartidor, en un acto casi mecánico que se ha reproducido durante 35 años. Los periódicos han sido parte del pan de esta mujer, de 89 años, que hace pocos días recibió la Medalla al Mérito en el Trabajo, en la categoría de Plata, por toda una trayectoria ejemplar dedicada al "esfuerzo y la superación".

La bornense Francisca Andrades, conocida popularmente como Frasquita la Calvaria, dejó de trabajar hace escasamente dos años, con 87, después de apurar hasta el último momento para traspasar lo que ha sido su vida: un quiosco de venta de prensa y chucherías. Unos pocos metros de construcción enclavado en el centro del pueblo, que ha sido toda una institución. "Por aquí ha pasado todo Bornos. La gente ha estado contenta conmigo, y yo con ella", responde cuando se le pregunta por qué le tienen tanto aprecio en este pueblo serrano. De hecho, el Ayuntamiento local fue el que presentó el expediente de petición de esta condecoración y la localidad le rindió un emotivo homenaje en 2009 cuando dejó de trabajar.

La vida de la Calvaria no ha sido fácil. Representa a esa generación de mujeres que el destino decidió presentarse cuesta arriba. En el año en que nació, en 1922, alguien probó en Canadá la primera inyección de insulina, mientras hacían papa a Pío XI y en Moscú se decidía la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Hechos que incidirían, de un modo u otro, en la España de aquel entonces, en la que crecía esta mujer, que se considera una luchadora por "sacar adelante" y con "muchas fatigas" a sus tres hijos.

No es para menos. Se quedó muy pronto sin padres y también, a los 26 años, sin marido, que falleció. "No queda en Bornos casa que yo no haya trabajado. Lo he hecho toda en mi vida. He limpiado; he cogido garbanzos y aceitunas; y hasta he remendando sacos de harina", cuenta Frasquita, que resume su trayectoria con pocas palabras: "me he buscado la vida", zanja. Atrás quedan los recuerdos en el soberao cuidando niños, sin agua corriente y caminatas al río para lavar la ropa. Era la España de color sepia. Eso sí, lo dice con la sonrisa siempre puesta, que irradia optimismo.

Durante 35 años, Frasquita se ha desayunado, día a día, las portadas de Diario de Cádiz. "Para mí es como alguien más de la familia. No he dejado de vender periódicos ni un solo día". Con cierta nostalgia, añade que cuando "pasaba algún desavío" se lo refería al cliente de turno "para alegrar un poco la ventas". Desde 1975 hasta hace bien poco, esta mujer ha visto día a día portadas y más portadas de distintas cabeceras que, en su sencillo parecer, le inspiran, ahora, con la distancia, un "cómo ha cambiado el mundo". La casi nonagenaria vendedora no es ajena a la situación de crisis económica que se vive. "Dicen que otra vez vendrá lo malo", espeta. Lo "malo" son los recortes y las estrecheces para ella, que acepta y asiente. Pero, además, con la sabiduría de los años zanja tranquila un "bueno, pues ya lo esperaremos".

A Frasquita, su medio, su quiosco, le ha traído alegrías y reconocimientos y algún que otro quebradero de cabeza. "Me han robado muchas veces", apunta con pena. Poco antes de dejar el puestecito, la timaron. Le metieron ocho billetes falsos de 50 euros. La amargura le ronda por el rostro cuando echa la vista atrás. "Fue un hombre, con buena planta, que todos los días compraba tabaco y algo más con 50 euros. Hasta que la Guardia Civil lo cogió y me dijo lo que traía entre manos".

Cabe recordar que el delegado del Gobierno en Andalucía, Luis García Garrido, entregó el pasado 12 de diciembre, en Cádiz, cuatro Medallas al Mérito en el Trabajo. Los hermanos Fernando y Francisco Hermoso Marín, propietarios del restaurante 'Casa Bigote', en Sanlúcar de Barrameda, recibieron la Medalla al Mérito en el Trabajo en su categoría de Oro. El empresario José Antonio González Morales recibió, también, la Medalla al Mérito en el Trabajo en su categoría de Oro por su trayectoria empresarial. El funcionario de carrera del Cuerpo Superior de Inspectores de Trabajo y Seguridad Social, Luis Néstor Ramírez Rodrigo consiguió, asimismo, la Medalla al Mérito en el Trabajo en su categoría de Plata al igual que Francisca Andrades.

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