El piloto 'Yuyuki dekai' bombardeó al público de ingenio y gracia

  • El chirigotero José Guerrero, 'El Yuyu' abrió el Carnaval de Medina haciendo un recorrido por la historia de la localidad asidonense a base de versos

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Surrealismo puro oigan a la altura de los más grande genios de Carnaval. Más de una hora de incesantes risas, carcajadas y aplausos. Como cabía esperar el piloto kamikaze 'Yuyuki Dekai' (José Guerrero 'El Yuyu') enviado especial del emperador Hiro Hito procedente del lejano Nipón, ofreció con sus continuos golpes de humor, uno de los mejores pregones que han abierto en los últimos años el Carnaval asidonense. No podía ser de otra manera, como nos tiene acostumbrados el chirigotero de Cádiz con raíces asidonenses. Estuvo ocurrente, simpático, imaginativo, irónico, sarcástico, irreverente, dio un pregón kilométrico, pero eso si ameno y muy divertido, aderezados con continuas pamplinas, propiciando y logrando la complicidad del público que llenó la carpa instalada en El Caminillo.

Todo el pregón lo recitó en verso, pues el piloto nipón se encargó de aclarar "no ha sido en verso, porque me gusta más la berza que el verso". Para empezar la primera bomba, Yuyuki aseguró que se había alistado en el ejército japonés porque en su casa eran 29 hermanos "y pasábamos muchas hambre. Fíjate si había hambre en mi casa que cuando salía en la tele Aquí hay tomate mis hermanos y yo cogíamos una telera y mojábamos el pan en la pantalla".

Aseguró que su madre Mikara Nomemola era una geisha muy fea "como sería de fea que un día se miró en el espejo y se quiso matar en defensa propia". Para su padre también tuvo un recuerdo. Dijo que era portero de fútbol "pero lo echaron porque hacía una parada y tardaba medina hora en sacar el balón. Se llamaba Osaka Oké". Tras el espectacular inicio que provocó las primeras carcajadas del publico, el pregonero japonés dijo que había recibido la orden del emperador nipón para pregonar el carnaval de Medina para contrarrestar la traición del general Yokasi Kagoawa que había nacido con diarrea y debido a su mala leche estableció un plan para cargarse el Carnaval en todo el mundo.

Con las mismas pamplinas, el pregonero continuó con otras historia acordándose de las cloacas romanas, de la afición cadista de Medina y su peña Manuel Irigoyen, al belén viviente "con más gente que en el casting de los 10 Mandamientos", del castillo o del Ducado.

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