"Esta Universidad ya no es la mía"

  • El catedrático de Constitucional Luis García se jubila con un emocionante y agridulce alegato sobre los estudios superiores en nuestros días en un homenaje académico de gran altura

Luis García Ruiz, ayer, antes de iniciar su conferencia de despedida como docente. Luis García Ruiz, ayer, antes de iniciar su conferencia de despedida como docente.

Luis García Ruiz, ayer, antes de iniciar su conferencia de despedida como docente. / vanesa lobo

Comentarios 2

Mitad socarrón mitad grave, Luis García Ruiz, una institución en la Universidad de Cádiz, catedrático de Derecho Constitucional, se despidió ayer de sus alumnos y de sus compañeros en un homenaje de jubilación de carácter académico en un edificio, el Instituto de Investigación de Ciencias Sociales, aún por inaugurar en el Campus de Jerez. Lo hizo, acompañado del grupo de prestigiosos juristas españoles que ha crecido académicamente y profesionalmente junto a él, con un alegato agridulce sobre la situación de la Universidad en una conferencia en la que hizo repaso a una trayectoria, la suya, plagada de "infidelidades", pero que se inició con un primer amor, el Derecho Constitucional (cuando él empezó, allá por el año 71, todavía se le llamaba derecho político), y con el primer amor ha regresado. Entre medias algo de periodismo, algo (mucho) de mundo empresarial y una actividad frenética en los años más convulsos del Marco de Jerez, donde ocupó la presidencia de la patronal en la reconversión y la del Consejo Regulador cuando el jerez se reinventó.

Dijo García Ruiz que cuando quiere echarse un rentoi tira de orgullo y asegura que es el profesor de la UCA que más clases ha dado. Y, pese a no haberse dedicado en exclusiva a la Universidad durante la mayor parte de su carrera, es posible (lo dicen sus compañeros) que no ande descaminado. Quizá por eso fue aquel correo "impertinente" que recibió lo que hizo que empezara a percatarse que su Universidad empezaba a no ser su Universidad.

Había recordado momentos antes sus tiempos como estudiante de Derecho en Madrid y el magisterio de leyendas de la ciencia jurídica española. Había hecho repaso de sus tiempos de profesor ayudante y de cómo, sin saber de dónde sacó el tiempo, realizó su tesis sobre el recurso de amparo en la República (luego eso le daría mucho nombre incluso entre las vacas sagradas cuando este derecho se recogió en la Constitución) mientras trabajaba en el bufete de Peces Barba que se dedicaba, principalmente, a intentar conseguir absoluciones del temible Tribunal de Orden Público. Y se detuvo en el tiempo en que llegó a Jerez para hacerse cargo de una bodega y descubrió, feliz, que había un colegio universitario, dependiente de Sevilla, y resultó ser el único doctor en Derecho con residencia en Jerez, por lo que pudo dar clases, aunque las clases había que darlas gratis. Pero vino bien porque luego la Facultad de Derecho de Jerez fue una realidad y él metió allí cabeza sin abandonar sus "infidelidades" profesionales. Y sin abandonar su carrera, donde lo ganaba bien, se empeñó en hacerse profesor titular en unas oposiciones donde había diez plazas y cien candidatos. Aquello se eternizó durante seis meses. Era Raúl Morodo el presidente del tribunal: "Me han dicho que es el gerente de González Byass, ¿qué hace usted aquí?" "No es González Byass, pero es una gran bodega y estoy aquí porque mi vocación me va a llevar a dedicarme en cuerpo y alma al Derecho". Mentira. 25 años tardó en dedicarle el cuerpo, que el alma ya se la dedicaba. Ganó la plaza. Y luego por qué no dar el siguiente paso. Y consiguió ser catedrático.

Fue poco después cuando recibió aquel correo del rectorado con ese lenguaje de los nuevos pedagogos: le recomendaban inscribirse en un curso para aprender a dar clases. "Por entonces habría dado ya tres mil clases y habría tenido más de nueve mil alumnos". Fue el primer indicio. "En la Universidad de nuestros días Hernández Gil, García de Enterría o Sánchez Agesta, mis grandes maestros, no podrían acceder ni a la condición de numerarios; es una Universidad en la que un catedrático de seis sexenios es intercambiable por un interino; donde se puede ser doctor de algo sin ser siquiera licenciado en se algo; se hacen baremaciones de una asignatura por alguien que no es especialista en ese área... No, esta Universidad ya no es la mía. No acojo mi jubilación con júbilo porque ser docente es lo que más satisfacciones me ha dado en la vida, pero sí siento cierto alivio. Esta es una batalla que hemos perdido los profesores porque no se ganan las batallas que no se dan y nosotros no hemos sabido darla. Hemos convertido las universidades en institutos".

Hubo un pequeño silencio antes del aplauso porque García Ruiz había tocado esa fibra sensible que supone el final de un tiempo. El profesor "infiel" llega a la penúltima "vuelta del camino" y se permite ser modesto: "Muchas gracias, no merezco este homenaje". El aplauso cerrado le desdijo.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios