Enfoque de Domingo | Prisión permanente revisable

Tres crímenes, tres castigos

  • Breve examen de cómo fueron tratados por la Justicia tres casos que conmocionaron a la sociedad gaditana en tres diferentes décadas de nuestra democracia

Juan Márquez durante la celebración del juicio con jurado. Juan Márquez durante la celebración del juicio con jurado.

Juan Márquez durante la celebración del juicio con jurado. / román ríos

De la historia de la crónica negra de la provincia en democracia tres crímenes estremecieron especialmente a la sociedad. Así fueron vistos por la Justicia y así fueron castigados sus autores.

El descuartizador

José Juan Martín tenía 22 años cuando asesinó en Cádiz en enero de 1989 al que había sido uno de sus amigos más cercanos, José Luis Suárez. Lo más escabroso de este asesinato fue el modo utilizado por Martín para deshacerse del cuerpo, descuartizándolo para poder trasladarlo en una mochila a la otra punta de la ciudad. La policía estableció que el móvil del crimen fue el dinero y en el juicio se le aplicó el atenuante de enajenación mental incompleta. Durante los meses anteriores al crimen había coqueteado con la idea del superhombre. Fue condenado a 36 años y salió de la cárcel en el año 2004, 15 años después del crimen, al acogerse a todo tipo de redenciones, como servir comidas a los presos en régimen especial. Aunque estudiaba Medicina cuando cometió el crimen, en la cárcel decidió estudiar Derecho, carrera que terminó. Cuando fue detenido dijo a los policías que no estaría en la cárcel más de 20 años. No llegó a tanto. De haber tenido que cumplir la condena íntegra, le faltarían aún siete años para salir de prisión. Los exámenes médicos que se le realizaron en prisión no observaron en el preso que hubiera riesgo de persisitr en su conducta criminal, pese a que en los primeros años en prisión jamás mostró arrepentimiento. Apenas se sabe nada de su vida tras la prisión. Se sabe que residía en Sevilla en el más absoluto anonimato y que, de vez en cuando, acudía a visitar a su padres en Chiclana. Jamás, que se sepa, ha vuelto a pisar Cádiz. Los padres de la víctima siguieron vivienddo en Cádiz. Ambos fallecieron el año pasado tras una vida marcada por la muerte de su hijo.

Las 'brujas' de San Fernando

El 26 de mayo del año 2000 dos adolescentes de 17 años, Raquel e Iria, acabaron con la vida de la que había sido su amiga Clara a la luz de la luna y bajo la torre del Observatorio de San Fernando, tal y como figuraba en la carta del tarot que la policía encontró en la habitación de Iria. En el juicio no cupo duda de que el crimen había sido cuidadosamente premeditado, que Iria había sido la autora intelectual y que Raquel la había compañado en la ejecución. La aplicación de la ley del Menor, muy cuestionada en esos días, les llevó a una reclusión de seis años, es decir, están libres desde 2006 con nuevas identidades y durante un tiempo tuvieron un seguimiento. Ya no. Se sabe que Raquel vivía en un barrio de Madrid y rehízo su vida con una pareja y trabajando en una peluquería. Iria se afincó en Galicia, de donde provenía su familia, y acabó la carrera de Psicología. Se desconoce a qué se dedica. Ambas tendrán a día de hoy 34 años, la misma edad que Clara si estuviera viva.

El parricida de Ubrique

Juan Márquez asesinó en su domicilio de Ubrique a sus dos hijos, de 19 y 16 años, en octubre de 2014, sólo unos meses antes de que entrara en vigor la posibilidad de condena a prisión permanente revisable, que se estableció en marzo de 2015. Su crimen fue execrable, ya que mató a su hija con saña por una pequeña herencia, y en el propio juicio él, lejos del arrepentimiento, intentó zafarse de la prisión con una absurda historia de que los dos hermanos se habían matado entre sí. La condena inicial fueron 45 años, que luego se redujeron a 35 y, definitivamente, en el Supremo, se estableció en 40. No llegará a cumplir los 40 y, de hecho, dentro de la sentencia se incluye la prohibición de pisar Ubrique en 32 años. En cualquier caso, por su edad, cuando salga de prisión será un anciano.

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