"Fuimos a Sanlúcar a cobrar una deuda por un asunto de drogas"

  • El único acusado de un secuestro y robo en el que participaron 4 encapuchados asegura que no ataron a nadie. El fiscal eleva su petición de 26 a 42 años decárcel

El lituano Z.G., único acusado de secuestrar a una mujer y a sus hijos en su casa de Sanlúcar y de robarles seis mil euros, aseguró ayer en la Audiencia Provincial de Cádiz que él se vio involucrado en esa historia sin saber de qué iba hasta que le dijeron que se pusiera un pasamontañas, que a él le pidió un compatriota que le acompañase a cobrarle una deuda a un hombre que le debía dinero y que luego entendió que se trataba de un asunto de narcotráfico. El procesado negó que hubiesen amarrado a la mujer y a un vecino que acudió a la casa después y dijo que ella conocía a su compatriota y que hablaba con él mientras esperaban que llegase el marido.

El fiscal no creyó nada de lo que contó el acusado ("sabía perfectamente dónde iba y a qué", dijo) y acabó el juicio elevando su petición de pena: si al inicio solicitaba 26 años de prisión, finalmente pidió 42 años de cárcel para el procesado, a quien atribuyó la comisión de unos cuantos delitos: detención ilegal, tentativa de detención ilegal, allanamiento de morada, hurto de vehículo, atentado y amenazas. La acusación particular, ejercida por las víctimas, se sumó a esa calificación.

Los hechos sucedieron el pasado septiembre en Sanlúcar. Cuatro encapuchados penetraron en una casa la noche del día 18 y retuvieron a una mujer y a sus niños varias horas en espera de su marido. La llegada de éste y de la Policía, pasada la una de la madrugada, frustró el secuestro. Tres de los asaltantes lograron huir. Al cuarto, el procesado, lo persiguieron dos agentes y consiguieron detenerlo. Llevaba encima 6.450 euros que había en la casa.

La mujer declaró como testigo separada de la vista del acusado por una mampara. Dijo que estaba con sus niños, dándoles la cena, que entraron cuatro encapuchados y que la llevaron a un cuarto con sus hijos y allí la ataron de pies y manos con cinta adhesiva. Que le preguntaron dónde estaba la caja fuerte, que les dijo que no había y que cogieron dinero que hallaron en un cajón: una suma cobrada aquella mañana por una obra que había terminado su marido. Después, explicó, la soltaron cuando les dijo que la cinta le hacía daño en las muñecas. Agregó que su marido llamaba y llamaba por teléfono, que finalmente le dijeron cogiese el móvil, y que ella logró darle a entender que ocurría algo. También que los asaltantes iban armados: con una pistola y una navaja.

El marido también declaró tras la mampara. Dijo que cuando llegaba a su casa vio a un tipo en un coche aparcado frente a la puerta, que le infundió sospechas, le preguntó qué quería y que el hombre arrancó y él se fue detrás. Que entonces, mientras lo perseguían, un amigo que lo acompañaba llamó a la Policía y a la Guardia Civil y finalmente, como unos se pasaban la pelota a los otros y no le hacían caso, al 091. No logró darle alcance. Al tiempo, llamó a un vecino para que fuese a su casa. Ese vecino dijo que entró y que se le echaron encima y lo ataron.

El abogado defensor dijo que no hubo secuestro ni robo: que los asaltantes pretendían que el dueño de la casa les entregase algo.

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