Prisión incondicional para la viuda del hombre apuñalado en Sanlúcar

  • El Juzgado dicta prisión incondicional para Caridad, de 50 años, tras recibir el informe de la autopsia que descarta el suicidio y establece que Manuel Gil Palacios murió violentamente en la bañera

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Justo cuando se ha cumplido un mes desde que Manuel Gil Palacios, de 55 años de edad, falleció desangrado en la bañera de su casa, en la calle Descalzas número 16, en Sanlúcar de Barrameda, su viuda y única imputada hasta el momento en el extraño suceso que ha conmocionado a la localidad, Caridad M.C., de 50 años, ha sido encarcelada por orden judicial.

La titular del Juzgado de Instrucción Número 4 de Sanlúcar ha dictado prisión incondicional para Caridad, quien, según ha podido determinar este diario, ingresó el pasado viernes por la tarde en la prisión de Puerto 3.

La juez, al parecer, ha tomado tal determinación tras recibir el informe definitivo de la autopsia practicada al cuerpo de Manuel por los patólogos del Instituto de Medicina Legal de Cádiz, Un informe que, según ha podido saber este diario, establece que el hombre murió de forma violenta, no cabiendo en ningún caso la etiología del suicidio que se había barajado en un primer momento. Caridad está acusada de un presunto delito de homicidio.

Como se recordará, fue la tarde noche del pasado 9 de enero cuando Manuel Gil Palacios fue hallado muerto en la bañera vacía del cuarto de baño de su casa, desnudo, y cubierto por completo de sangre a consecuencia de las numerosas incisiones que presentaba su cuerpo, que habían sido realizadas con un cuchillo de cocina y unas tijeras de las que se utilizan habitualmente para cortar el pescado. Fue la propia Caridad quien, al filo de las nueve de la noche, dio la voz de alarma a los vecinos, que avisaron al 112.

La mujer presentaba heridas en una de sus manos, que dijo se había hecho al sacar del cuerpo de su marido el cuchillo y las tijeras con intención de reanimarlo.

El forense que se personó en el domicilio estableció en un primer momento que Manuel se había suicidado. Y no fue hasta el día siguiente al mediodía cuando los patólogos de Cádiz alertaron de que Manuel en realidad había sido objeto de muerte violenta, al recibir 68 puñaladas.

El Juzgado abrió diligencias encargando la investigación a la Comisaría de la Policía Nacional de Sanlúcar. Cuando los agentes llegaron al domicilio, el baño había sido ya limpiado. Además, el precinto de la vivienda no fue ordenado por el Juzgado, a petición de la Fiscalía, hasta cinco días después de la muerte de Manuel.

La Policía Nacional desde el principio tuvo claro que la autoría del crimen debía recaer en alguien del entorno cercano. Tenía que ser una persona que hubiera accedido con llaves al domicilio, ya que la cerradura no había sido forzada ni se habían violentado puertas o ventanas.

Manuel Gil Palacios vivía con su mujer y su hijo, guardia civil de profesión, quien, en el momento de la muerte de su padre, se hallaba fuera de la localidad, en compañía de su novia, realizando unas compras, un extremo que al parecer fue convenientemente comprobado por los investigadores. Descartado el hijo, sólo quedaba Caridad, quien, según pudo saber este diario, dijo que salió de la casa porque su marido le pidió que fuera a comprarle pan y a ver a una vecina que quería verla, dejándolo solo. Sólo se había ausentado del domicilio media hora, hallándolo muerto tras desangrarse.

Tres días después, el sábado, 12 de enero, la Policía detenía a Caridad como posible autora de la muerte de Manuel. El lunes, 14 de enero, la juez la dejaba en libertad, aunque imputada, y ahora la ha enviado a prisión.

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