Provincia

Muere una mujer de 77 años en un incendio en una vivienda de Jerez

  • La fallecida vivía con otras dos personas mayores que sufrieron heridas, una de ellas está ingresada con quemaduras en Sevilla · Los bomberos creen que un calentador prendió en una mesa camilla

María Vargas, una anciana de 77 años, falleció en la madrugada de ayer, asfixiada y quemada, en el unifamiliar de la barriada de Picadueña Alta de Jerez donde residía con su hermana y su cuñado, a causa de un fuego que se produjo, al parecer, por el incendio provocado por un calentador de barras que se encontraba cerca de la mesa camilla del salón. La víctima se encontraba en ese momento en el piso de arriba en compañía de su hermana Isabel y se desvaneció en el rellano de la escalera a causa del humo, a metro y medio escaso de la puerta de salida. Su hermana, de 71 años, consiguió alcanzar la salida y se encuentra, con quemaduras del 20%, ingresada en el hospital Virgen el Rocío de Sevilla.

Los médicos examinaban ayer si podía haber tenido algún órgano dañado por la inhalación de los humos tóxicos emanados de la combustión de los plásticos que se encontraban en los enseres de la casa. Por último, Antonio Perdigones, de 73 años, fue rescatado por los bomberos. Se encontraba en el piso abajo, en su habitación, donde dormía atado, ya que padece de alzheimer, con vida y sin lesiones aparentes de gravedad. Fue trasladado al hospital.

Es el balance de un suceso que ha conmovido a toda la zona y que se produjo sobre la 1.05 de la madrugada. No están claras las causas, aunque todo apunta a que el calentador se volcó sobre la tela de la mesa camilla, quizá porque el perro que tenían de mascota lo derribara o por otras causas. Lo cierto es que en unos instantes las llamas se adueñaron de la parte baja del inmueble. La existencia de unos detectores de humo en la casa alertó a las dos hermanas y, sin duda, salvó la vida de Isabel.

El orden de la casa se mantenía intacto, pero teñido del negro tizón con el que firma su obra el fuego. Fuentes de los bomberos aseguran que en el momento de mayor voracidad del fuego se pudo alcanzar una temperatura de 1.250 grados centígrados en el inmueble. El aluminio de las ventanas era gelatina y éste es un indicador infalible: se derrite a los 800 grados.

Fernando, hijo de Isabel y Antonio, era uno de los bomberos que se encontraba ayer de guardia y uno de los primeros en llegar al lugar del suceso junto con otros ocho compañeros.

Quiso a la desesperada entrar en la casa a rescatar a su tía y a su padre y sus compañeros se lo impidieron. "El humo, y él lo sabe, lo hubiera fulminado. Es el humo, y no el fuego, lo que mata", comenta otro. Con entereza profesional y deshecho por dentro, es el mismo Fernando el que muestra la casa a los periodistas, lo que queda de ella.

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