"Llevo juzgados más de 33 asesinatos, no sólo condeno a leer y a escribir"

  • Al popular juez de menores de Granada le preocupa mucho la cantidad de denuncias que tramitan los padres contra sus hijos. Afirma que esta situación es un problema que afecta a toda la sociedad

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Conocido por sus ejemplares sentencias, el juez Emilio Calatayud lleva 20 años al mando del juzgado de menores de Granada. A pesar de que su forma de actuar no es la más habitual, ha demostrado con creces que es la más efectiva: ha logrado disminuir la delincuencia juvenil en Granada progresivamente en los últimos años. Piensa que la mejor forma de juzgar a los pequeños delincuentes no es coartando su libertad, sino con servicios a la comunidad.

-¿Cuándo fue la primera vez que se planteó cambiar la forma de dictar las sentencias?

-En el 1989 ya empezamos a ver que no era la mejor medida la privación de libertad. La primera fue una vez que condené a un chaval que estaba encerrado en el reformatorio de San Gabriel. Se dedicaba a robar vídeos en los grandes almacenes. Le dije que si aprendía a leer y a escribir inmediatamente lo sacaba. A los dos meses salió. Era un fenómeno.

- ¿Qué objetivo busca con sus sentencias?

-Que el menor pague lo que ha hecho con la idea de reinsertarlo o incluso, insertarlo, porque no puedo reinsertar a un niño que nunca ha estado insertado.

-¿Cree que su método también funcionaría entre los adultos?

-Claro que funcionaría si se lo cree primero el legislador y segundo si se ponen los medios. Porque fíjese la situación que tenemos actualmente en España. Tenemos 80.000 presos. Tardamos en llenar una prisión un mes y medio. Hay que buscar alternativas porque no vamos a tener centros penitenciarios. Pienso que la medida privativa de libertad es necesaria, pero hay muchísima gente que podría estar un tiempo en prisión y después realizar trabajos a la comunidad. Está demostrado que por mucha dureza que se emplee no baja la delincuencia.

-La delincuencia en Granada ha disminuido en los últimos años, ¿qué factores han influido?

-Ha sido un trabajo de todos. Pero no hay que dormirse en los laureles. También es por rachas. Ahora, por ejemplo llevamos una temporada en la que no hay delitos alarmantes, pero es preocupante la cantidad de denuncias que ponen los padres sobre sus propios hijos. Lo que es llamativo es que se están incorporando a la vida delictiva las clases medias y medias altas. Y muchas veces, por el colegio, por el acceso al mundo de las drogas.

-Si se sabe que esto funciona, ¿Por qué no toman estas medidas otros jueces?

-Se toman muchas medidas. El año pasado en Andalucía se dictaron 6.000 sentencias con medida de régimen abierto. No se conocen porque a los jueces les da miedo hablar con los medios.

-Hay mucha gente que ha vuelto a creer en la justicia a raíz de conocer como usted trabaja, ¿qué opina al respecto?

-Yo creo que soy un producto de los medios de comunicación. He caído bien a la sociedad, pero hay muchos jueces que realizan una gran labor y no se debe personalizar. Pero es fundamental para la sociedad creer en la justicia. Tenemos muchos jueces muy buenos, que se dejan la piel, lo que pasa es que tenemos algunos también que son unos venaos.

-¿Cuál es el principal delito por el que llegan los menores a su juzgado?

-No hay una causa principal. Hay que tener en cuenta que el principal responsable es la familia, luego la escuela y la sociedad. Aunque no lo parezca hay mucha injusticia social todavía. Hay mucha miseria en este país. Aquí se explota al menor, no se defiende los intereses del menor.

-¿Hay más delincuencia ahora que antes?

-No, lo que pasa es que hoy todo es delito. Hemos judicializado todo.

-Los niños que juzgó hace 20 años ya son mayores, ¿sigue teniendo contacto con alguno de ellos?

-A lo largo de estos años he tenido muchos éxitos y también muchos fracasos. Una de las experiencias más tristes que tengo es que yo entré como juez de menores en el 1988, la peor época de la heroína, es decir, yo estaba juzgando a chavales de 12, 13 y 14 años. Como juez de vigilancia, esos primeros chorizos que juzgué me pidieron permiso para morirse en su casa porque tenían el sida. Luego hay muchos éxitos. Te saludan por la calle, te presentan a su mujer, a sus hijos. Es una relación especial, porque la mayoría no son delincuentes, sino que han cometido hechos delictivos.

-¿En qué porcentaje son delincuentes?

-El 20% tienen el perfil de delincuente. Con el 50% se puede seguir trabajando y el otro 50% es carne de cañón, haya ley o no haya ley. Hoy en día hay gente que no le queda más remedio que ser un chorizo. Las chicas protagonizan el 25% de los delitos, una cifra que va aumentando progresivamente.

-A la hora de internar a un menor, ¿se lo piensa dos veces?

-No sólo soy yo. Tenemos detrás un gran equipo que te asesora y la petición del fiscal, pero me quedo igual de tranquilo si le meto a un niño 10 años de internamiento que si le pongo a limpiar en la fachada el juzgado. La gente se cree que sólo condeno a leer y a escribir. Llevo juzgados 33 asesinatos, como comprenderá a esos no les voy a condenar a leer y a escribir.

-¿Cuántas visitas recibe a la semana de familias desesperadas?

-Los lunes, que es cuando recibo a las familias en mi despacho, atiendo cuatro o cinco parejas a la semana.

-¿Qué les dice?

-Pues animarles y buscar soluciones. Muchos te llegan desesperados. Después de acabar todas las vías, les dejas abierta la posibilidad de denunciar, pero les advierto de las consecuencias que conlleva denunciar a tu propio hijo.

-¿Recuerda algún caso con especial cariño?

-Recuerdo la historia de algunos homicidas que han cumplido su condena y ahora están totalmente reinsertados en la sociedad. Cuando me ven por la calle me abrazan y me dan dos besos.

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