Bicentenario de las cortes Simposio sobre Iglesia y parlamentarismo

La Iglesia mira al Diez desde Las Cortes

  • La Academia de Historia Eclesiástica traslada su simposio desde Sevilla con motivo del Bicentenario que celebra La Isla

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Antes de iniciarse el simposio sobre Historia de la Iglesia en España y América que ayer acogió La Isla, el alcalde de San Fernando, Manuel de Bernardo, en el vestíbulo del Real Teatro de Las Cortes, comentaba con el cardenal Carlos Amigo Vallejo y el obispo de Cádiz y Ceuta, Antonio Ceballos Atienza, el éxito de la Procesión Magna del pasado Sábado Santo.

Aunque oficioso, no era un comentario anecdótico en una jornada en la que la Iglesia fue de nuevo protagonista. La Magna, con la necesaria participación cofrade, ha sido la aportación más espectacular, vistosa, llamativa y participativa de la Iglesia al 2010, al Bicentenario de las Cortes. Y, ayer, esta aportación se completó en su faceta más institucional y académica, al traerse -era la primera vez que salía del Alcázar de Sevilla- el simposio sobre Historia de la Iglesia que cada año organiza la Academia de Historia Eclesiástica. Y el tema, claro está, no pudo ser otro que las relaciones entre la Iglesia y el parlamentarismo, desde Las Cortes de 1810 y La Pepa -se ensalzó el papel de los diputados pertenecientes al estamento eclesiástico- hasta la sociedad actual, la vinculación del humanismo cristiano y la antropología cristiana con los valores propios del Estado democrático y la monarquia parlamentaria. "No podía haber para este encuentro ni mejor lugar que San Fernando ni mejor sede que el Teatro de las Cortes", apuntó el cardenal Amigo Vallejo al apelar a los cambios que se produjeron en esta ciudad hace 200 años y que propiciaron el cambio del Antiguo Régimen al régimen liberal con Las Cortes y la Constitución de Cádiz. "Se expulsaba al invasor francés, el pueblo daba la vida por la patria pero, desgraciadamente, no encontraba una clase política que estuviera a la altura".

"Hace 200 años se reunieron aquí (en el Teatro isleño) un grupo de hombres buscando el bien común -dijo el obispo de Cádiz, Antonio Ceballos- y la Iglesia estuvo presente y fue testigo y partícipe de esos cambios, de esas reformas". "La Iglesia -puntualizó el prelado diocesano- supo estar a la altura de las circunstancias difíciles del momento, el 30 por ciento de los diputados fueron clérigos y algunos de ellos forjaron principios constitucionales en los que todavía hoy estamos inmersos".

Fue el presidente de la Academia de Historia Eclesiástica, José María Prieto Soler, el que aludió al emblemático cuadro del Juramento, de Casado del Alisal, todo un icono de la celebración de 2010 que, para este historiador, representa también la importancia que la Iglesia y la religión católica tuvieron en Las Cortes y en la redacción del primer texto constitucional. "Es la representación más elocuente de que la garantía de la soberanía nacional y la legitimidad de los diputados, en ausencia del Rey, se fundamentaba en el Evangelio ante el que prestan juramento", apuntó.

El simposio contó con dos mesas redondas. En la primera, desde un riguroso punto de vista histórico, se abordó la presencia de la Iglesia en la época de Las Cortes. El profesor Manuel Moreno Alonso ofreció un innovador punto de vista al centrarse en el periodo que va desde 1808 hasta 1810, desde las juntas provinciales a las Cortes, un periodo de auténtica transición política que asiste al desmantelamiento del Antiguo Régimen ante la caída de la monarquía absoluta. Para este ponente, es aquí cuando surge un nuevo tiempo en España, cuando ante el desastre, el vacío de poder, las juntas provinciales y, posteriormente, la junta central, se convierten en depositarias de la soberanía y garantes del Estado y de la nación. "Nunca se apeló tanto a los conceptos de nación y de patria como entonces", apuntó.

El catedrático de Historia Contemporánea y experto en Historia de la Iglesia, José Manuel Cuenca Toribio, aludió al papel que desempeñó el estamento eclesiástico en Las Cortes a través de hombres como Muñoz Torreros y Argüelles. Para Cuenca Toribio, fue elemental el papel decisivo de una minoría anonima y silenciosa -los 98 sacerdotes que fueron diputados- en la redacción del texto constitucional.

Precisamente, de hablar de la influencia de las creencias religiosas en el sistema parlamentario -o régimen parlamentario, término que prefirio este destacado ponente- se encargó ayer el ex presidente del Tribunal Constitucional, Manuel Jiménez de Parga. Al aludir a los hechos de 1810 y La Pepa como el origen del sistema democrático moderno, Jiménez de Parga aseguró que "fue un intento, que además duró poco y que estaba herido desde su nacimiento, luego vendría todo el siglo XIX y el XX hasta 1936".

Al hablar de sistema parlamentario y creencias religiosas, el ex presidente del Constitucional aseguró que "hoy las sociedades son religiosas aunque los Estados intentan ser agnósticos y no tener confesionalidad". Valorar o comparar los hechos de 1810 resulta imposible para Jiménez de Parga al tratarse de "otro mundo, otra época, que nada tiene que ver con la actual". El presidente emérito de la Pontificia Academia Eclesiástica de Roma, Justo Mullor, se encargó de cerrar las intervenciones hablando de la labor de la Iglesia ante el papel de los Estados en las relaciones internacionales. Y el arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, clausuró las jornadas.

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