La batalla perdida contra el narcotráfico

Ganan los malos

  • La falta de efectivos y la lentitud de la Justicia están detrás de la caída de causas contra narcos en los últimos cinco años

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El el 40% de las intervenciones de droga que se producen en nuestro país se realizan en la provincia de Cádiz. También por aquí entra el 80% de la droga (principalmente hachís) que se consume en Europa. El CITCO (Centro de Inteligencgencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado) considera que en la provincia se encuentran en activo entre cincuenta y cien organizaciones criminales, casi todas dedicadas al narcotráfico. Contando con que, según Interior, en España hay unas 400 bandas organizadas quiere decir que, en el mejor de los casos, una de cada ocho bandas criminales opera aquí. Además, "células operativas del islamismo radical en países como Marruecos, Argelia o Mauritania, se financian de forma estable a través de la producción y distribución de hachís a escala internacional", según los informes del CNI. Y la batalla se está perdiendo. Lo reconocen los guardias civiles, los fiscales y las estadísticas. No tanto los políticos.

Según el delegado del Gobierno en Andalucía, Antonio Sanz, "ha aumentado el número de alijos, estamos siendo más eficaces, aunque es evidente que los efectivos o los medios policiales no son suficientes". Así lo entendió el ministro del ramo, José Ignacio Zoido, cuando en pleno agosto se presentó en Algeciras para decir que los 150 agentes de más que había puesto en Algeciras habían servido para capturar a 80 contrabandistas. Las estadísticas hay que mejorarlas. Los políticos, siempre ridiculizados en el cine policiaco, viven de las estadísticas.

Y es cierto que los números se pueden observar de muchas maneras. Vemos la botella medio llena si nos vamos a los indicadores de criminalidad de la Secretaría de Estado de Seguridad. Según ellos, en los seis primeros meses de 2017 se realizaron en la provincia 455 operaciones contra el tráfico de drogas frente a las 389 realizadas en el mismo periodo del año anterior, lo que supone un 17% más. Para ver el peso del tráfico de drogas en la provincia comparemos con las 1.754 actuaciones que hubo en toda Andalucía, es decir, una de cada cuatro se realizó aquí.

Pero veremos la botella medio vacía, mucho más vacía, si acudimos a la memoria de la Fiscalía General del Estado, que analiza el año 2016. Según ella, en Cádiz y Algeciras se incautaron algo más de 200.000 kilos de droga, principalmente hachís, lo que suponía una disminución en torno al 14%. Pero quizá más preocupante sea el número de reducción de causas llevadas por la Fiscalía Antidroga de Cádiz y Ceuta, que fueron 1.338, un 10% menos que en 2015, pero ni la mitad de las que se realizaron en 2012, cuando el número de causas fueron 2.954. Como se ha dicho, la cantidad de droga incautada en la provincia supone el 40% del total, pero las causas sólo suponen el 8% de las 16.000 que se llevan adelante en toda España por la Fiscalía Antidroga. ¿Hay menos narcos? Seguro que no. Lo que es seguro es que hay menos guardias civiles y policías, aunque los catálogos en la provincia se cumplan, "pero unos catálogos obsoletos", como denuncia la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC), el sindicato no reconocido del cuerpo.

Ejemplo práctico de la situación: el pasado agosto los bañistas que llenaban una playa de Roche se vieron sorprendidos por el desembarco de una patera con inmigrantes en pleno día. Rápidamente los efectivos de la Guardia Civil se desplegaron hacia allí. Muy poco tiempo después, en una cala cercana, unagoma empezaba a descargar una cantidad no identificada (nunca menos de 1.500 kilos) de fardos de hachís. Los agentes fueron alertados, pero no podían actuar porque se encontraban con la patera. "Los traficantes lo saben y no sería de extrañar que fuera una operación conjunta porque vienen del mismo sitio. Ellos saben que si hay inmigrantes en Barbate, pongamos por caso, el paso del Guadalquivir está franco", explica una gente adscrito a las unidades antidroga de la Guardia Civil, la EDOA

José Encinas es el portavoz de la AUGC. Me reuno con él y otros dos compañeros suyos en un centro comercial de Jerez. Enumeran el listado de caencias. "La plantilla ha disminuido en los últimos años en un 15%. Ha pasado más gente a la reserva de la que ha entrado en una proporción de tres a diez. En la provincia de Cádiz se ha mantenido el catálogo, pero es un catálogo de hace quince años y las necesidades no son las mismas. Para cubrir las necesidades harían falta en torno a unos 500 agentes más. En el caso de los servicios de investigación que se encargan de perseguir las organizaciones que se dedican al contrabando de droga nos encontramos con que la mitad de ellos están en comisión de servicio y muy pocos han realizado curso de especialización. Esto acaba repercutiendo en las macrooperaciones, donde los registros se hacen con casi todo el personal disponible, sin que suela haber, por cierto, chalecos antibalas para todos. Si se detiene a 40 a lo mejor a prisión sólo van a dos o tres. Las investigaciones son complejas, llevan horas de escucha y de vigilancia, pero se apremia para que haya resultados, lo que hace que con personal insuficiente, en condiciones laborales precarias, con acumulación de trabajo y sin el tiempo necesario se cierre una operación porque hay que abrir otra y no hay gente suficiente para desdoblarse en dos investigaciones. Esa precipitación, en algunos casos, lleva a cometer fallos y que no haya condenas".

Otro de los agentes conoce bien el paño. Los salarios en la Guardia Civil son bajos y las ofertas del otro bando son golosas. Hace un año, en Chiclana, se desmanteló una organización porque unos salineros ofrecieron dinero al agente equivocado. No siempre es así. Cuenta el caso de un sargento del Campo de Gibraltar al que se le encontraron cientos de miles de euros en su casa, casi con seguridad procedentes del narcotráfico. "Sigue a la espera de juicio. Está activo y sin destino, nadie quiere trabajar con gente así, pero como han pasado más de dos años el tipo cobra su sueldo sin trabajar. El otro día le vi con un BMW nuevo. Me hervía la sangre".

La lentitud de la Justicia. Es la otra clave. Ana Villagómez es la fiscal Antidroga de Cádiz y lleva más de 25 años acusando en la provincia. Conoce las carencias de unos juzgados con una organización anticuada y desesperantemente burocrática. Una causa media en la que haya media docena de detenidos puede llegar a ocupar entre escuchas, investigaciones y dilaciones de la defensa no menos de veinte tomos. Con esos volúmenes a nadie le puede extrañar que las causas se prolonguen cuatro años. Si no es la media, se le acerca.

Villagómez no se hace ilusiones con que el descenso de causas signifique una reducción de la actividad: "El mercado está abastecido y el número de consumidores es estable. De hecho, crecen las estadísticas de personas que acuden a centros de deshabituación porque el hachís, que puede parecer una droga inocua, se está volviendo cada vez más agresivo. Hace veintitantos años el hachís que se incautaba tenía un porcentaje de principio activo de un 12%. Ahora el cultivo se hace con transgénicos que potencian el principio activo y que puede superar fácilmente el 20%". El hachís de ahora coloca mucho más, aunque ahí seguro que los consumidores estarán dispuestos a debatir.

La fiscal recuerda que su departamento no inicia las causas, ya que no investiga, sino que actúa en proporción a los detenidos que les entregan los cuerpos de seguridad. Y esto explica cosas, cosas que pueden llegar a ser rocambolescas. El descenso de causas se ha producido en los procedimientos abreviados. Los procedimientos abreviados suelen hacer referencia al trapicheo o al paso de bellotas por la aduana de Ceuta o Algeciras, en definitiva, los culeros, los que llevan la droga dentro del cuerpo. Hubo un tiempo en que se cogían entre diez y doce por día. Durante meses apenas cayó ninguno. ¿Había menos culeros? No. "Lo que durante un tiempo no ha habido es rayos X, se estropeó la máquina".

Defiende Villagómez que la tarea acusatoria no ha descendido en asociaciones criminales que cuenten con una jerarquía, reparto de funciones y estabilidad en el tiempo. Esta es la parte del león de la lucha contra el narcotráfico porque ahí se va a poder tirar del rastro del dinero, ya sea para blanqueo o para la conexión con la financiación del yihadismo. Una treintena de procedimientos sobre estas organizaciones están activas, una cifra apreciable. Serían treinta organizaciones fuera de juego si no fuera porque todo se enquista en la maquinaria procesal. "La gente dice que según cogemos a los delincuentes salen en libertad, pero es que la prisión preventiva no es una medida eterna y la técnica de la defensa es la dilación. Hay abogados muy buenos en eso. Les pagan muy bien por ello".

A ellos s eenfrentan los 9 fiscales antidroga en la provincia, pero hasta qué punto es insuficiente se encarna en el casod e Andrés Álvarez, el fiscal antidroga de Jerez, que no tiene la categoría de delegado porque no se crea la plaza. Es el que tiene que llevar en solitario las causas de Sanlúcar, el tercer foco de mayor entrada de droga de la provincia. Sólo en los seis primeros meses del año, en Sanlúcar se realizaron 31 detenciones relacionadas con el tráfico de drogas, lejos de las 200 de Algeciras por la presencia de la aduana, pero demasiados casos para un solo fiscal sise le añaden, entre otros, los 24 de Jerez. Da idea de la aglomeración de trabajo para un profesional del que no hay pruebas que tenga cuatro manos.

"En todo este tiempo -explica Encinas-, los narcotraficantes se han equipado con mejor material, su gente está más preparada, sus abogados han desarrollado nuevos métodos de obstrucción a la Justicia. ¿Y qué hemos hecho nosotros? Trabajamos con el material que les incautamos a los narcos con lo que ya conocen los vehículos, tenemos coches que han superado los 300.000 kilómetros. Nos morimos de envidia cuando vemos a las patrulleras gibraltareñas que son capaces de ponerse a 70 nudos y las nuestras difícilmente alcanzan los 55. En nuestra flota hay cascarones que no valen para nada. Y aún así se pone toda la voluntad. La gente se juega la vida, se pone a velocidades en las gomas que no son normales para perseguir a los malos, pero los malos tienen más medios. Y aún así cogemos a muchos. Pero aún cogiendo a muchos, los malos ganan".

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