"Daría 100 veces mi finiquito por que siguiera abierta"

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Doce años en la factoría de Puerto Real fueron suficientes para vivir "lo mejor y lo peor de Delphi". Gonzalo Bragado era ingeniero de producto en la planta 40 de suspensiones. Cuando entró, en 1995, formaba parte de un equipo de quince personas encargadas del diseño y prueba de nuevos modelos. En 2005 sólo quedaba él como ingeniero residente.

Recuerda que para un universitario era un honor poder trabajar en Delphi porque significaba formar parte de un gigante puntero en desarrollo industrial y acceder a una formación de alto nivel por medio mundo sin tener que renunciar a vivir fuera de Cádiz. Así fue. Viajó a Luxemburgo, Estados Unidos, Parísý, creció, se implicó profesional y humanamente y acabó participando con "impotencia" en la "muerte lenta" a la que la multinacional condenó a la factoría de Puerto Real ante la ceguera de los trabajadores. Impotencia y también "engaño profesional" por el silencio cómplice de muchos directivos que conocían el devenir de la fábrica. Por eso lamenta la mala imagen de la plantilla que "por unos cuantos" ha quedado y calado en la sociedad gaditana. "Los políticos y la gente no saben lo que se ha perdido con el cierre de Delphi. Aquello fue una escuela de profesionales como no creo que vuelva a haber en la Bahía". Una admiración que le hace considerar un "insulto" el ensalzamiento de las indemnizaciones y le lleva a afirmar que "daría 100 veces" la suya por que la planta "siguiera abierta".

Con estas sensaciones abandonó la factoría en julio y tras disfrutar de su segunda paternidad se incorporó en octubre pasado a SK10 Andalucía como jefe de programa de una sección del A380 (el cono trasero del avión). Dos razones le llevaron a esta compañía: la aeronáutica es prácticamente la única industria de alta cualificación que hay en la Bahía y es la que actualmente ofrece más perspectivas de desarrollo y, sobre todo, el deseo de continuar al lado de su familia, su mujer y sus dos hijos. Gonzalo renunció a otras ofertas mejores fuera de la provincia, pero muchos compañeros sí se vieron obligados a salir de Cádiz para tener una oportunidad laboral de calidad. "Tengo la esperanza de que nuestra profesionalidad pueda ser transmitida a otras empresas", afirma este ex ingeniero de Delphi que decidió seguir su camino al margen del plan de recolocación iniciado por la Junta. Una aventura personal en la que resulta "duro volver a empezar de cero cuando tienes 40 años y llevas quince trabajando. Nadie conoce tu valía y te cuesta adaptarte al nuevo ritmo". Pero no hay más remedio. "Hay que ponerse la camiseta nueva, defenderla y mirar adelante".

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