Chipiona, donde el vino toma el sol

Los hacen de lazo, como los que se ponen ahora la gente que quiere reivindicar algo, pero estos lo que reivindican es el cucurruíto, la filosofía que practican los buenos churros, casi etéreos por dentro y crujientes por fuera. Te los sirven en cartuchos, por lo que puedes optar por sentarte a tomarlos frente a la plaza o pasear por ella con los cucurruítos puestos.

Si me tuviera que perder en una isla desierta, aunque no es isla, yo me perdería en Chipiona. Hasta las uvas se dejan encandilar por su sol y se tienden en el suelo para hacerse pasas y luego vino: el moscatel. Playa, sol, su poquito de historia y una despensa muy bien amueblada: pescados de roca, el marisco, langostinos incluidos, una huerta de lo más poblada… y los chachipós… que te acompañarán en la merienda.

El mercado de abastos de Chipiona es de los que están bien surtidos. Especialmente interesante es la parte de los pescados y los mariscos. El langostino de apellido Sanlúcar se encuentra aquí en todo su esplendor porque también lo capturan barcos de la flota chipionera. Además vale la pena fijarse también en la verdura porque Chipiona tiene también huerta portentosa.

Cogiendo calle Isaac Peral abajo, una calle de esas vivas, llenas de comercios, se llega hasta la playa, que está en el mismo casco antiguo de la ciudad. Allí se pueden ver cuando la marea está vacía los corrales de pesca, un método de pesca inventado en época clásica y que consiste en construir unos muros de piedra formando piscinas. El pescado entra en la pleamar y se queda encerrado cuando baja la marea. Aún lo siguen utilizando pescadores. Se puede preguntar en la oficina de turismo (Calle del Castillo) porque en ocasiones hay rutas para explicarlos.

El moscatel es uno de los productos característicos de Chipiona. El más exquisito, si te gustan los vinos dulces, es el de pasas. Lo producen varias bodegas de Chipiona pero se puede aprovechar para hacer una ruta bodeguera. Hay tres paradas muy necesarias. Primero el Museo del Moscatel de la Cooperativa Católico Agrícola (Avenida de Regla). No siempre está abierto. Mejor preguntar en Turismo. Además, y sí disponibles todo el año, la bodega El Castillito, un local con encanto situado en la calle del Castillo y donde sirven vino de barril acompañado de tapitas frías. Muy cerca, en la misma calle, un despacho de la bodega de César Florido, otro sitio con mucho encanto y una versión sobresaliente del moscatel de pasas.

En Chipiona hay una curiosa costumbre tapatológica y es la de servir las gambas al ajillo por tapas. En muchos bares te ponen gambas de verdad, nada de esas chuchurrumías y congelatis. Nos quedamos con la versión de Casa Juan, en la avenida de Andalucía. Se ruega mojar pan en la salsa.

Ya puestos a comer algo, vamos a seguir la "tirá". Siguiente parada en El Volapié, en la calle Isaac Peral. Si tienen los fideos a la marinera… pa entro, y si no, la tortilla de escombros, otra delicia de la casa. Casi al lado, el restaurante La Pañoleta. Si eres de berza no pierdas la oportunidad. No siempre la hay. El cazón frito es otra delicia a probar. Luego andamos un poco hasta el bar Aurora, situado junto al mercado de abastos, cerca de los dos anteriores. Hay que pedir la corvina frita que ponen con un alioli de guarnición pa comerse un tanque de 20.000 litros.

Después de un "homenaje" tan prolongado lo suyo es "echarlo pabajo" y lo mejor es pasear por la ciudad. Se puede comenzar por la parroquia de Nuestra Señora de la O situada en una plaza "apalmerada" y luego lo suyo es coger el paseo marítimo, por la playa y acercarse hasta el santuario de la Virgen de Regla. No tiene pérdida, se ve desde la playa. Por el camino se puede ver el famoso faro de la localidad, que es del siglo XIX.

Abren a las cinco y vale la pena ver el interior de este templo a pie de mar. El edificio alterna varios estilos arquitectónicos, aunque el que impera es el neogótico ya que fue reconstruido a principios del siglo XX. Si el exterior es llamativo, no se queda atrás el interior con unas naves de techos muy altos. El altar donde está situada la Virgen de Regla se puede visitar e incluso subir para ver la imagen de cerca a través de unas escaleras que hay por detrás.

El chachipó no es un baile, sino un dulce, un bizcocho borracho en forma de cono. Lo sirven en la pastelería de Nuestra Señora de Regla, aunque también se conoce a esta confitería, situada junto a la plaza del Ayuntamiento, como la de Joselito El Chato, el apodo de su fundador. Tienen cafetería, así que te puedes sentar a tomarte el chachipó y comentar los mejores momentos del paseo. Si es verano y eres de helados, en la heladería El Valenciano, en la avenida Virgen de Regla, hacen un "mantecao" de moscatel de pasas que te reconforta con la vida.

Chipiona está casi rodeada de playas pero conviene no perderse la de Las Tres Piedras situada en las afueras de la localidad. De camino vale la pena ver los bosques de pinares que hay en sus alrededores. Allí se puede ver atardecer y esperar… a que llegue el barco.

En la ciudad funcionan varias empresas (Chipiona Charter, Charter Naútico o Triman Nautic) que organizan paseos en pequeños barcos con tripulante. Lo suyo es alquilar uno y observar la ciudad y sus playas desde el mar y como final de fiesta que te dejen en tierra en el puerto deportivo… la sorpresa final.

Casa Paco está al borde del mar. Las mesas de su terraza están junto al cantil. Si el tiempo acompaña se puede reservar mesa ahí mismo. El establecimiento es uno de esos sitios con un expositor de pescados y mariscos que te dejan casi mareao de tanto brillo en escamas. Hay que empezar por los langostinos de alba, los que se cogen a primeras horas de la mañana. Los ponen cocidos y ya luego lo que recomienden en la casa, lo que haya entrado por la mar. De postre un moscatel de pasas… no se te vaya a olvidar.

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