Centinelas en el Estrecho

  • Aumenta la cifra de planeadoras que cruzan el Estrecho

  • El estudio de sus migraciones desvela los efectos del cambio global

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Centinelas en elESTRECHO

Los 14 kilómetros que separan Europa de África en el Estrecho de Gibraltar se convierten en una autopistaaérea cada final de verano. Un punto clave para el tránsito de buques lo es también para las aves, especialmente para las planeadoras, que lo convierten en su punto de concentración anual y el lugar perfecto para cruzar al continente vecino para la invernada; también para la migración a la inversa en primavera. Millones de aves terrestres pasan por el Estrecho cada año en un rito migratorio grabado en su ADN, pero que en las últimas décadas está registrando cambios a una gran velocidad. Los datos registrados por la Fundación Migres detectan una tendencia de aumento en el número de aves en los últimos 20 años, pero también constatan los efectos del cambio global y de las modificaciones en los hábitats en la reducción de algunas especies y la aparición de otras nuevas.

La campaña de seguimiento de la migración de aves de Migres acaba de finalizar con un dato que sigue apoyando esa evolución al alza: desde el 5 de julio al 16 de octubre se han registrado 390.100 aves planeadoras gracias a los conteos que técnicos, colaboradores y voluntarios han estado realizando desde los observatorios de Cazalla (Tarifa) y Algarrobo (Algeciras). Prácticamente un tercio de ellas (127.000) corresponden a dos especies de cigüeña, mientras que el resto (262.370) son de 31 especies de rapaces. Dentro de las grandes cifras hay una distribución irregular, con aves más abundantes, como los milanos negros (más de 133.000 individuos), las cigüeñas blancas (124.000) o los halcones abejeros (71.000). Destacan también especies amenazadas como la cigüeña negra (más de 3.700 individuos) o el alimoche (2.300).

Esas 390.000 aves suponen un importante descenso respecto a las contabilizadas en 2016, un año excepcional en el que se registraron 465.000. No obstante, remarca el coordinador del programa, Alejandro Onrubia, un solo dato no es significativo: "La tendencia general es al alza, especialmente en la última década, lo que evidencia la recuperación de las poblaciones de la mayoría de las especies".

Pero más allá de la cuantificación de los individuos, el trabajo anual de seguimiento de las migraciones por el Estrecho constata año tras año lo que es una realidad incuestionable: los patrones están cambiando, empezando por los calendarios de paso (con aves que adelantan o retrasan su migración). Las aves migran hacia el norte en primavera y aprovechan las buenas condiciones de la época estival para la reproducción. Después de la cría van hacia el sur al final del verano y el otoño con destino a las zonas de invierno situadas en el entorno del Mediterráneo o en el sur del Sahara. En los últimos años, en general, las aves llegan antes en primavera. Y en la migración otoñal hay especies que la han adelantado y otras que permanecen más tiempo en la Península Ibérica.

El caso de la cigüeña blanca es significativo: si hace 20 años no se veían ejemplares en la Península en invierno, ahora hay más de 30.000. "Está aumentando su población, pero también está dejando de emigrar", explica Onrubia. Hay una parte de la población que sigue invernando en África, pero otra se queda aquí, respondiendo al cambio de condiciones climáticas, con inviernos más suaves. Igual ocurre con el ratonero: ya no migra, o lo hace pero en distancias más cortas.

Otro indicador del efecto del cambio global en las aves es la aparición de especies de filiación africana, más de 20, algunas de las cuales ya están criando en la Península Ibérica, mientras que otras acaban de dar el salto del Norte de África a Europa mostrando que es una tendencia que se consolida. Así ocurre con aves como el bulbul naranjero, parecido al mirlo y muy común en Marruecos, que cría desde hace 4 años en España. O el vencejo moro y el vencejo cafre, también el buitre moteado. "Eso nos da que pensar, preguntarnos por qué especies del Norte del continente vecino y el Sahel están aquí, cómo el Sur de España se va pareciendo cada vez más al Norte de África o los efectos que tienen las sequías del Sahel. La fauna se adapta a esos cambios". Afronta así los profundos cambios socioeconómicos y culturales de la actividad humana en las últimas décadas, que incluyen también la creación de áreas protegidas y la puesta en marcha de numerosos programa de protección de especies amenazadas, los cambios de los usos del suelo, la alteración de zonas húmedas o la proliferación de especies invasoras, procesos que se enmarcan en un contexto de cambio climático.

Las aves que cruzan el Estrecho se convierten así en centinelas ambientales, piezas clave en el estudio de los efectos de la actividad humana sobre la Tierra: se trata de organismos bien conocidos y relativamente fáciles de estudiar, se encuentran distribuidos por prácticamente todos los ambientes de la Tierra, ocupan los niveles superiores de las pirámides tróficas de la naturaleza y sus poblaciones responden cumplidamente a los cambios en los ecosistemas, detalla el biólogo. Y especialmente valiosas son las respuestas de las aves de presa, por las elevadas exigencias ecológicas que presentan estas especies, pero también las de las aves migratorias en general, porque precisan de un buen estado de conservación de los distintos hábitats que utilizan durante sus periplos migratorios.

De ahí la importancia del seguimiento a largo plazo que se realiza de las migraciones en el Estrecho, en el que se están detectando cambios que sorprenden a los investigadores por su rapidez. "Hemos aprendido que hay mucha flexibilidad en el comportamiento de las aves", señala Onrubia. Otras veces una especie da una sorpresa, como ha ocurrido con el mosquitero bilistado, un pequeño pájaro forestal que cría en Siberia y pasaba el invierno en India y en los últimos años se está dejando ver por la Península. Ha cambiado de ruta a pesar de que la dirección de la migración está determinada genéticamente. "Y no se sabe por qué ha venido", explica, pero una vez más "nos sirve de material de estudio". Otro centinela alado para evaluar el efecto que causamos en los ecosistemas.

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