Aurantia refrenda la viabilidad de producir combustible con microalgas

  • Asegura contar con un sistema de cultivo de alta productividad pero, ante la falta de demanda, ha reorientado la actividad hacia otros sectores como el energético

Aurantia mantiene su apuesta por el cultivo de microalgas y refrenda la viabilidad de la producción de biocombustible a partir de esta materia. El grupo energético quiere atajar con esta réplica el cuestionamiento de esta actividad que Pedro Cañavate, investigador del centro del Toruño, realizó en un artículo divulgativo en enero.

La empresa presidida por Rafael Naranjo es la promotora, a través de la filial Celulosa Investments, del cultivo de microalgas que se instalará a lo largo de este año en El Portal, y también era la principal accionista de Gadir Biodiésel, aunque este proyecto se abandonó "hace ya un año porque existe un exceso de plantas de biodiésel en España, muchas de ellas en venta por falta de demanda". Tal y como recogió este periódico, Cañavate sostiene que esta actividad "no es rentable ni viable" como alternativa a las materias primas fósiles, como el petróleo o el carbón. Esgrime que los costes de producción son todavía muy altos (entre siete y diez veces más que el precio actual del diésel) y la insuficiente productividad que se ha logrado extraer hasta ahora en estos cultivos.

Aurantia considera que "esta aseveración es falsa" y considera que la rentabilidad está garantizada con estos dos elementos: el precio del barril de crudo "por encima de los 70 dólares, un escenario muy probable después de la crisis", y con un circuito de biorreactores cerrado de segunda generación de lámina fina vertical. Según argumenta la compañía, este método de producción, patentado y diseñado por Otto Pulz, director de la compañía tecnológica IGV ("una referencia obligada en la tecnología de microalgas"), la productividad es de "entre 80 y 100 gramos por metros cuadrado -de cultivo- y día". En cambio, según reflexiona Aurantia, Cañavate basa su análisis es un sistema de tipo abierto, que confiere unos niveles muy inferiores de entre 10 y 20 gramos, con los que la actividad sí que puede considerarse inviable.

Sin embargo, las dificultades del mercado han llevado al grupo a orientar su política industrial a la producción de biomasa de microalgas "en régimen de biorefinería", es decir diversificando el destino de los cultivos hacia otros sectores como la alimentación, la farmacia, la cosmética y la propia energía, ya que prevé vender el aceite vegetal extraído de las microalgas a las plantas de biodiésel "a precios muy competitivos".

Además, el proyecto "se complementa" con la planta de generación eléctrica de 35 megavatios que promueve en La Cabezuela a través de la sociedad Debacsa (participada por Zona Franca). En ella también se empleará este aceite como materia prima, un aspecto cuya viabilidad también cuestiona Cañavate. "Las tarifas (eléctricas) son rentables, la seguridad a largo plazo está garantizada y el mercado compra la totalidad de la producción", sentencia la empresa en relación a esta instalación.

Finalmente, Aurantia considera que la trayectoria desarrollada como grupo Sufi (hasta 2005) y el respaldo público obtenido a través de subvenciones y de la adjudicación de un proyecto de investigación de microalgas "a un consorcio de diez empresas que lideramos" avalan su gestión empresarial, frente a la crítica de Cañavate de que la explotación industrial por parte de empresas sin experiencia y con proyectos "poco creíbles". Aurantia cree que Cañavate "tiene difícil" impedir que "nuevas actuaciones entren en su parcela", en respuesta a su temor por un posible desprestigio de este campo de investigación, porque "el interés por las biorefinerías es actualmente constatable a nivel mundial y la UE lo incentiva especialmente".

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