DE TACÓN

Hugo / Vaca

La vida sigue igual

LA visita de la Real Sociedad preocupaba en la parroquia cadista, pero las estadísticas jugaban a favor, en un duelo de equipos necesitados: los donostiarras para aprovechar el pinchazo del Málaga y los amarillos para no verse comprometidos con el descenso. Esto motivó que desde el inicio los dos conjuntos tuvieran en el punto de mira la portería rival y se viera un partido muy abierto, algo que gusta a los aficionados pero suele disgustar a los entrenadores, porque algunos jugadores se salen del rol preestablecido. El poderío físico de los vascos era muy complicado de contrarrestar por parte de la zaga local, que tenían en el montenegrino Delibasic a una excelente referencia y a Díaz de Cerio, llegando desde atrás, como un gran definidor.

Raúl Procopio arriesgó adelantando a Paz al centro del campo y jugó con sólo tres defensas, dando entrada a Enrique y Manu, consiguiendo el premio de esa valiente decisión, a los pocos minutos de la segunda parte, con el gol de Dani a pase del propio Enrique, desatando la algarabía de los aficionados, que posteriormente llegaron al delirio cuando Natalio adelantó al Cádiz y la figura de Fleurquin se fue agigantando, dejando en el ostracismo al mejor futbolista realista, el mallorquín Martí. La jornada no resultó para nada determinante, ha dejado más comprimido los puestos bajos de la tabla, donde los octavos clasificados: Hércules y Tenerife, están a sólo seis puntos del descenso, a falta de cinco jornadas. Lo más destacado fue la actitud demostrada por los cadistas, que lucharon hasta la extenuación, aunque no consiguieron el premio del triunfo porque tenían delante un muy buen equipo.

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