Editorial

Una venta al Estado, sí o sí

TAL como explicaba su ex vicepresidente José Vicente Rangel, el molde con el que hicieron a Hugo Chávez nunca jamás fue reutilizado. Lo rompieron, subrayaba este periodista que salió del Gobierno venezolano a medida que Chávez fue copando todos los resortes del poder del país suramericano. A pesar de la lógica prudencia con el que el Santander está abordando la nacionalización o venta forzosa de su filial Banco de Venezuela, los detalles que el propio Hugo Chávez está revelando demuestran que este país se está convirtiendo en un lugar poco apropiado para invertir. Ésa fue la razón inicial que llevó al Santander a desprenderse de su filial, vendiéndosela al Banco Occidental. Las leyes bancarias venezolanas marcan el porcentaje de créditos que las entidades financieras deben dar a los sectores productivos en lo que constituye un ejemplo de intervencionismo que se ve agravado porque, además, estas normas pueden cambiar al criterio del Gobierno. Según Chávez, supo "por los servicios de inteligencia" del contrato previsto entre el Santander y su cliente, por lo que de acuerdo con esa información ha ofrecido 1.200 millones de dólares al grupo español, mientras éste habría pedido 1.800 millones, según publicado el diario caraqueño El Nacional. Chávez ha asegurado que las negociaciones con el Santander marchan bien, aunque su advertencia es seria: el Banco de Venezuela se venderá sí o sí. La visita que el mandatario venezolano realizó a España para dar por cerrada la crisis con el Rey finalizó con el apoyo expreso del Gobierno español al presidente venezolano para aumentar las relaciones comerciales con este país. Los hechos, sin embargo, vienen a demostrar algo muy distinto: Chávez quiere controlar todo el sistema económico del país, y otras empresas españolas como el BBVA, cuyo 3% del beneficio procede de Venezuela, o Repsol también viven momentos de incertidumbre. Nuestro Gobierno prefiere callar, hipotecando los intereses españoles en beneficio de una mejora de relaciones con un presidente imprevisible. Y, por tanto, arriesgado.

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