de poco un todo

Enrique García-Máiquez /

Hasta el último minuto

CREÍA que ya no tendría que hablar más aquí de Rodríguez Zapatero y sus ministros, pero no hay manera. Están dispuestos a dar guerra hasta el último suspiro, que será de alivio. El indulto otorgado por el Gobierno a Alfredo Saénz, antiguo director del Banesto y actual consejero delegado del Banco de Santander, nada menos, se merece un artículo, que no será del Código Penal, porque lo volverían a indultar.

La institución del indulto supone poner patas arriba la división de poderes, más aún de lo que está. El Gobierno, que es el ejecutivo, ejecuta sumarísimamente al poder judicial, que dictó sentencia firme condenatoria (ja, ja, ja, "firme"), y al poder legislativo, que aprobó la ley (ji, ji, ji, "la ley") de acuerdo con la cual se juzgó al indultado. O sea, un maremágnum o totum revolutum institucional de aquí te espero.

Con todo, como los romanos ya nos avisaban de que summa lex, summa crux, o sea, de que la ley llevada al extremo da lugar a veces a situaciones terribles, el indulto puede funcionar de correctivo extremo para casos sangrantes. No es el caso. No estamos ante una condena a un pobre hombre que robó una gallina para dar de comer a sus hijos o a alguien muy arrepentido de sus hechos o rehabilitado o a alguien que ya ha pagado muchos años por algo relativamente menor.

Estamos ante un banquero. Y parece mentira que éstos que le indultan sean los mismos que cortejaron durante la reciente campaña el voto de los indignados. ¡Los mismos! Claro que a la vista de los resultados no me extraña que hayan corrido un tupido velo sobre su campaña.

Hay cosas, sin embargo, que no hay manera de olvidar, al menos nosotros, los ciudadanos de a pie. Los bancos han recibido una ayuda brutal de los gobiernos desde el principio de la crisis. Ayuda que ha brillado por su ausencia para el resto de agentes económicos, y desde luego para las familias. Los Estados y la Banca han seguido exigiendo lo suyo a contribuyentes y prestatarios, aunque entre ellos se hayan perdonado de todo. Nos han recordado mucho (y no para bien) aquella parábola bíblica en la que un rey exime a un deudor una cantidad inmensa, pero éste, nada más salir por la puerta, se encuentra con uno que le debía una miseria y no tiene piedad y le retuerce el pescuezo. Eso han estado haciendo con nosotros, realmente. Parece que la parábola fue contada ayer.

Y en ese ambiente y con esos precedentes, el PSOE se permite el lujo de indultar a un banquero en el tiempo de descuento y sin justificar ni un poco la medida. ¿Cuántas peticiones de indulto se deniegan al año? ¿Cómo evitar la sensación de que los poderosos se van aquí de rositas incluso en los casos en los que la ley y la justicia hacen su trabajo? ¿Y qué habrá detrás de esta historia para que un Gobierno saliente se despida con este campanazo? La verdad es que éste no será un artículo del Código Penal, pero da mucha pena.

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