EL ALAMBIQUE

Diego Mora

La sonrisa de una mujer

ALGÚN lector me tachará de machista, otros de feminista, al leer el título de este artículo, pero yo les aseguro que ni lo uno ni lo otro, que solo soy humanista, porque creo firmemente en la igualdad de naturaleza de hombres y mujeres y por consiguiente en la igualdad de derechos y deberes.

Estamos asistiendo en estos tiempos a un proceso maravilloso de dignificación de la mujer; somos testigos de excepción de un acontecimiento casi milagroso como es el reconocimiento público de la igualdad de derechos y deberes entre hombres y mujeres. Por fin se están superando siglos de discriminación negativa de la mujer, considerada hasta hace muy poco, incluso por la Iglesia Católica, de naturaleza inferior al hombre. Ya era hora de que la mujer se liberara de la servidumbre a que ha estado sometida por parte del varón. Pero los derechos legítimos no se alcanzan con una ley porque se necesitan años, quizá siglos, para cambiar mentalidades y culturas. Quizás nuestros nietos puedan vivir en plenitud el hecho de que la mujer ocupe los mismos puestos de responsabilidad que el varón, en los planos económico, social, político y eclesial. Para ello solo es necesario que la mujer se forme y se prepare, y disfrute de la misma igualdad de oportunidades que ha tenido y tiene el varón. Y eso ya está ocurriendo. Lo único que quiero advertir es que no cambiemos el machismo absurdo en que hemos vivido por un feminismo revanchista que no solucionaría nada.

No hay en nuestro mundo nada más maravilloso que la sonrisa de una mujer. Esa sonrisa apenas esbozada que representa el cuadro de La Gioconda, de Leonardo da Vinci. Hace algunos años que tengo una buena litografía del mismo y siempre que la miro, me transmite la misma sensación de paz, de serenidad, de bondad en una palabra. Si por circunstancias hipotéticas yo me viera forzado a salvar un solo cuadro, una sola obra de arte, esa sería sin duda la citada Mona Lisa. Es de justicia elemental reivindicar la igualdad de derechos y oportunidades para la mujer, pero ni la más bella puesta de sol ó la más sublime de las sinfonías es comparable a la belleza y hermosura de una sonrisa de mujer. Y mucho más si la que te sonríe es tu madre, tu hermana, tu nieta, tu hija o tu mujer. Hasta pronto.

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