Su propio afán

enrique / garcía-máiquez

La siesta esencial

PROBABLEMENTE habrán visto un chiste que circula por las redes. Es una variedad 2.0 del tipo ese de "Van un alemán, un inglés y un español…" En este caso, analiza las distintas maneras de enfrentarse con un problema. El alemán va directo -lo señala una flecha- a la solución. Al irlandés se le interponen una ristra de pintas de cervezas hasta que la palabra "solución" aparece difusa y casi ilegible. El ruso llega a la solución a base de reprimir el problema con unas esposas. El chino tacha la palabra "problema" y la censura obra el milagro, porque en la casilla de solución no hay nada. Etc. La flecha que sale del problema del español lleva a una camita con un señor echándose la siesta. Hasta ahí, correctísimo. El fallo está en que luego la flecha conduce al mismo problema en la columna de las soluciones.

El autor de la broma no se echó la siesta antes de pensar el supuesto de los españoles o acaso le desveló la falta de gobierno de España, que está dañando muchísimo nuestra imagen, tal vez también en esto. Porque pocos métodos hay mejores para solucionar cualquier tipo de problema. Además de prevenir las cardiopatías, reducir la tensión arterial, estimular la creatividad, facilitar el aprendizaje, favorecer la abstracción, mejorar los reflejos y levantar el ánimo, la siesta ayuda a resolver problemas, según la Universidad de Berkeley (California), entre otras. La Universidad de Haifa (Israel) y el laboratorio del Sueño del Centro Médico Sheba (Tel Aviv) han demostrado que la siesta aporta grandes beneficios a la memoria.

A mí, que llevaba varios días sin poder pegarme la mía, y así me ha ido, hoy, por fin, me ha recordado que tenía pendiente refutar aquel chiste. Hasta había olvidado mi argumento, que ahora recupero: lo principal que la siesta consigue ante cualquier problema es relativizarlo. El que se duerme deja de darle vueltas, y un problema lo primero que exige es que no lo mareemos, porque entonces nos paga con la misma moneda.

De pronto, sin embargo, al levantarme, he caído en la solución. Un problema puesto en su sitio está ya, en la mayoría de los casos, arreglado. Sigo sospechando que el del chiste no había dormido la siesta y que su hallazgo le ha salido (serendipia) sin querer. Pero ese problema puesto ya en la columna de las soluciones es una obra maestra del sentido común. Una buena parte de los problemas sólo hay que enfocarlos bien, y se acabó.

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