DE POCO UN TODO

Enrique García-Máiquez

Ni el puente puede ser de plata

RODRÍGUEZ Zapatero está tardando en irse tanto como en reconocer la crisis. A este paso va a llegar al 20-N con respiración asistida o incluso momificado como Lenin. ¿Y éste era el valedor de una muerte digna o eutanasia? No nos está ahorrando sufrimiento alguno. Y yo, ay, que quería despedirle, si no con aplausos (imposibles), al menos con un caballeroso minuto de silencio…

No va a poder ser. Controlar el déficit es esencial, pero constitucionalizar un límite es de aúpa por múltiples motivos. Sólo podré enumerarlos. Las explicaciones casi no caben, aunque no importa porque saltan a la vista.

Lo primero es la poca vergüenza. Zapatero, que ha disparado el déficit, se reía hace un año de Rajoy a mandíbula batiente por proponer esto mismo. Y Rubalcaba también se reía en sus barbas (las suyas y las de Rajoy). Impresiona oír las declaraciones de antes. Las hemerotecas son -deberían ser- letales.

Lo segundo es la falta de patriotismo. Después de tantas risitas, habría que haber esperado un poco a cumplir los deseos de Angela Merkel. Zapatero ha corrido a complacerla dándose literalmente patadas en el culo. O tendría que haber dejado que la medida la tomase Rajoy, con la cobertura moral de haberla propuesto motu propio. Ahora Zapatero ha vuelto a dejar claro que nuestra soberanía pende de un hilo... telefónico. Un bochorno nacional que con un poco de mano izquierda se podría haber disimulado. En política las apariencias y las formas son tan esenciales como el fondo.

Lo tercero es la inseguridad jurídica. Nuestra Constitución no sólo es escrita: es de papel, y apenas hay capítulo donde diga "digo" que no haya acabado diciendo "diego" con la anuencia de unos y otros y con todas las vendiciones (de venales) del TC. ¿Se tragarán en Alemania que nuestra Carta Trágala es garantía de nada?

Lo cuarto es la poca ejemplaridad. Los ciudadanos tendríamos que poner pie en pared a estas maniobras y no digamos a las subidas de impuestos, bajadas de sueldo, recortes de derechos y apreturas de cinturón hasta que los políticos no le metiesen mano a sus propios bolsillos,  eliminando ayuntamientos, diputaciones y, sobre todo, competencias autónomas o directamente autonomías. Se reduciría el déficit de verdad y empezando por el origen. En Italia ahorrarán así 50 mil millones de euros.

Yo, que he criticado a Zapatero desde el principio hasta aburrirme, era partidario de tenderle un puente de plata una vez que había dicho adiós. Pero él sigue a lo suyo (y lo que nos queda hasta el 20-N), tomando medidas de cara a la galería, confusas, malintencionadas y cortoplacistas. O sea, como siempre.

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