Poesía, humor y Cataluña, fueron tres vértices de la entrega de los Premios Princesa de Asturias, ayer en Oviedo. El polaco Adam Zagajewski, premio de las Letras, puso la poesía. "La poesía no está de moda. La política está de moda. La moda está de moda. Las bicicletas, los patinetes, los maratones, los medio maratones y la marcha nórdica están de moda. No está de moda detenerse en medio de un prado primaveral, ni la reflexión". El comentario valdría para la crisis de Estado que vive España. Hubo otras vertientes: "el humor mejora la vida", anunció Marcos Mundstock, de Les Luthiers, premio de Comunicación y humanidades.

El Rey repitió prácticamente el discurso del 3 de octubre. Ni una concesión a los separatistas catalanes. Ante los presidentes del Consejo, la Comisión, el Parlamento y el Tribunal de Justicia de la Unión Europea, premio a la Concordia, Felipe VI se refirió al "intento inaceptable de secesión de una parte del territorio nacional". Y reivindicó el sistema constitucional español y el vigente Estado social y democrático de derecho. Aunque Cataluña revoloteó durante toda la tarde por el Teatro Campoamor de Oviedo, sólo se la mencionó expresamente una vez. Fue el Rey para decir que es y será parte esencial de España. Los discursos de los presidentes de las instituciones europeas fueron en la misma dirección; una defensa sin fisuras de la unidad de España y de respeto a su democracia. El presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, recordó las largas noches de oscuridad que Europa dejó atrás con guerras, rupturas y el rechazo del otro. Y el del Parlamento, Antonio Tajani, casi dio un mitin contra "los esfuerzos de populistas y nacionalistas por separarnos". Prometen paraísos levantando fronteras y traen el infierno, sentenció. Esto ocurrió el día en el que los conjurados por la independencia hicieron un pequeño ensayo de la retirada de fondos con la que Junqueras amenazó por carta al presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, a finales de septiembre. El día que el inductor de la maniobra seguía con una vela a Dios y otra al diablo. Se reunió con las multinacionales con sede en el Principado para quitarles el miedo del cuerpo.

El descarrilamiento de Cataluña sigue su curso, pero este no es un delicioso suicidio en grupo, como el que relata Arto Paasilinna en su novela. Si algo distingue a los amotinados es la ausencia absoluta de sentido del humor. El populismo está de moda. Y su carencia de humor no les mejora la vida.

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