LÍNEA DE FONDO

José Antonio / López / Jalopez@diariodecadiz.com

Por el pito del sereno

El error del árbitro es humano, pero la distinta aplicación del reglamento debe ser corregida en el futuro

Habrá que partir de la premisa de que los árbitros son honrados y de que cuando se equivocan es porque fallar es una cualidad innata al ser humano. O sea, que como en los delitos la presunción de inocencia debe prevalecer a la hora de enjuiciar la labor de un colegiado. Vaya también por delante el reconocimiento a un colectivo fundamental para que decenas de miles de personas disfruten cada semana de un partido de fútbol. Sin árbitros, evidentemente, no hay competición que valga. Serían todos los partidos como pachanguitas de patio de colegio.

Resulta además curioso comprobar cómo gracias a las cámaras de televisión se puede saber, segundos después de una jugada, si ha existido infracción o no. Pero muchas veces, la mayoría, hay que ver la jugada desde tres tomas distintas para acertar a través de la pequeña pantalla. El ojo humano, y el del árbitro lo es, tiene un solo ángulo y no sabemos si en ocasiones hay jugadores que le pueden tapar la visión.

Se merece, pues, el árbitro, y también sus auxiliares, que el beneficio de la duda le asista, aunque hay ocasiones, como pasó el domingo en Carranza, en que esa concesión va perdiendo gas a medida que se comprueba que el colegiado falla en exceso, siempre yerra en la misma dirección y utiliza dos varas de medir a la hora de aplicar el reglamento. Y eso ya es harina de otro costal. En estos casos, sin duda alguna, debe ser el colegio de árbitros quien debe tomar medidas y apercibir a sus miembros cuando el error es tan evidente.

Y también debe meter mano de una vez por todas el colegio en unificar la aplicación del reglamento: las manos que se sancionan y las que no, la distancia de la barrera en las faltas, el límite entre la tarjeta amarilla y roja o la necesaria aplicación de la ley de la ventaja. Estos detalles son los que en ocasiones exasperan, con razón, a jugadores y aficionados. El reglamento sólo puede tener un camino.

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