LÍNEA DE FONDO

José Antonio / López / Jalopez@diariodecadiz.com

El pasillo de los modestos

El Cádiz fue campeón de Segunda en la última jornada, pero el Madrid no le hizo el pasillo en su primer partido

Lo consiguieron: título y pasillo del eterno rival. Tampoco era para tanto, pues hubo más ruido y morbo que nueces. El pasillo al campeón es un acto meramente protocolario, simbólico, con el que se reconocen los méritos de una temporada. Es también un acto deportivo, alejado de esos energúmenos, pocos pero ruidosos y tristemente protagonistas, que tanto enturbian las relaciones entre aficiones. Los aplausos culés de anoche fueron como aquellos que se llevó Ronaldinho en el Bernabéu hace un par de temporadas.

Pero lo del pasillo, que en Cádiz siempre se ha llamado corredor, es a veces injusto. Por ejemplo: el Cádiz fue campeón hace unas temporadas en la última jornada. No hubo, pues, tiempo para que recibiera el merecido pasillo. Y a nadie se le ocurrió, y menos al equipo que cuando pierde da la mano, que el pasillo al campeón se hiciera en el primer partido de la siguiente temporada, ya en Primera. Coincidencia: era contra el Real Madrid y no hubo ni pasillo ni vestíbulo.

Lo mismo habría que cambiar la costumbres y estipular de alguna manera que este acto tan protocolario, pero tan deportivo, se haga la temporada siguiente. Incluso en una misma categoría. Pero de los modestos se acuerda poca gente, y ser campeón en la última jornada tiene estas cosas. Uno llega a Primera con el título de campeón y de lo que menos se acuerdan los poderosos es de reconocer tus méritos.

Ayer hubo pasillo, merecido porque merecido ha sido el título conquistado por un equipo que ha sido el mejor este año: en resultados y, a ratos, en juego. Distinto a lo ocurrido hace un año, cuando el título se debió más a los deméritos del Barça. Aunque también es cierto que aquella racha final, sin juego pero con goles, sirvió para dar alcance a unos culés que debieron haber realizado la renovación a finales del pasado año, pero que la aparcó conservando vicios y jugadores, algunos, que sólo sirven para hacer un pasillo.

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