DOÑA CUARESMA

Que se mejoren

En estos momentos, y si es que el lector acudió el fin de semana a la pestiñada, ostionada o erizada, estará usted sobre la taza del wáter sufriendo como la vida se le escapa patas abajo por su agujero favorito.

Cuando me lea, si no ha echado hasta la primera papilla por culpa de un ostión malo, es que es usted un retortijón andante por intoxicación de la agüilla de un erizo, o le ha subido el azúcar por los pestiños, o se le ha hinchado el labio porque se ha clavado la púa de uno de esos equinodermos que uno, con pinta de enganchao, le ha vendido por una fortuna.

¿No le duele la cabeza por el fino remontado al que se le da salida en Cádiz en estas fiestas? Le felicito, está usted ileso de milagro: ha sobrevivido al primer fin de semana gastronómico del Carnaval.

Un erizo es un bicho asqueroso, que tiene el mismo sabor que si usted chupa el cascarón de una coñeta cruda y que solamente se come en Cádiz, por la necedad del tipismo y la chirigota. Por ahí son más listos y no lo quieren ni ver. Un ostión es una ostra basta y portadora de toda clase de toxinas, que se expende sin depurar. Una basura gastronómica. Y los pestiños.... masa frita.

¿Por qué no se hacen actos gastronómicos con jamón de cinco jotas, cigalas de La Marea o con helados de Los Italianos?

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